— Agencias 02/09/2026
La mortalidad materna en México ha retomado una trayectoria descendente después del incremento significativo que experimentó durante la pandemia de COVID-19.
Sin embargo, el problema aún representa un importante desafío para el sistema de salud, ya que cientos de mujeres continúan falleciendo cada año durante el embarazo, el parto o el puerperio debido a complicaciones relacionadas con la gestación o que pueden agravarse durante este periodo.
El principal reto para el país consiste ahora en prevenir las defunciones que pueden evitarse y garantizar que todas las mujeres tengan acceso a servicios médicos oportunos y de calidad.
La pandemia provocó un fuerte aumento
Los datos oficiales permiten observar con claridad el efecto que tuvo la pandemia sobre la mortalidad materna. La Razón de Mortalidad Materna (RMM) pasó de 35.56 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos en 2019 a 55.23 en 2020, mientras que en 2021 alcanzó un máximo de 59.19.
La tendencia comenzó a revertirse a partir de 2022. Ese año, la RMM descendió a 38.21 y posteriormente continuó disminuyendo hasta ubicarse en 34.58 en 2023 y 34.1 en 2024, de acuerdo con información incluida en el Programa Sectorial de Salud 2025-2030, publicado en el Diario Oficial de la Federación.
La reducción también se observa al analizar el número de fallecimientos. En 2020 se registraron 1,014 muertes maternas y en 2021 la cifra aumentó a 1,109. Posteriormente, el número descendió a 678 en 2022 y a 584 en 2023.
Por su parte, la Auditoría Superior de la Federación reportó que, con el cierre correspondiente a 2024, se contabilizaron 549 defunciones maternas y una RMM de 26.9 por cada 100 mil nacidos vivos.
Cabe señalar que pueden existir diferencias entre los datos preliminares utilizados para la vigilancia epidemiológica y las cifras obtenidas después de los cierres estadísticos definitivos. Por esta razón, los registros correspondientes a un mismo año no siempre son directamente comparables.
Hemorragias y trastornos hipertensivos, entre las principales causas
Entre las principales causas de mortalidad materna identificadas por las autoridades se encuentran las hemorragias obstétricas, los trastornos hipertensivos relacionados con el embarazo, el parto y el puerperio, así como las complicaciones derivadas del aborto.
También figuran otras complicaciones del embarazo, parto y puerperio, además de las embolias obstétricas, alteraciones de la placenta y casos de sepsis e infecciones durante el puerperio.
Las hemorragias obstétricas representan una preocupación particular debido a que pueden evolucionar rápidamente y requieren una intervención médica inmediata. Los trastornos hipertensivos, por otro lado, abarcan diversas complicaciones asociadas con la presión arterial durante el embarazo y pueden representar un riesgo grave tanto para la madre como para el bebé.
La presencia constante de estas afecciones entre las principales causas de muerte pone de manifiesto la importancia de realizar un seguimiento prenatal adecuado, identificar factores de riesgo desde etapas tempranas y contar con servicios capaces de responder rápidamente ante una emergencia obstétrica.
El país aún debe alcanzar su objetivo para 2030
El Gobierno federal estableció como meta reducir la Razón de Mortalidad Materna hasta 30 defunciones por cada 100 mil nacidos vivos para el año 2030.
Para alcanzar ese objetivo se contempla una disminución progresiva: una RMM de 33.6 en 2025, 33.0 en 2026, 32.4 en 2027, 31.8 en 2028, 31.1 en 2029 y finalmente 30.0 en 2030.
Aunque la reducción registrada en los últimos años representa un avance, la Secretaría de Salud señala que todavía es necesario fortalecer los servicios destinados a la atención materna, particularmente en las regiones que enfrentan mayores dificultades.
Entre los factores que pueden limitar el acceso a la atención se encuentran las barreras económicas, culturales y geográficas.
Por ello, la mortalidad materna no puede explicarse únicamente por lo que sucede dentro de los hospitales. También influyen las condiciones en las que las mujeres viven su embarazo, la posibilidad de acudir a consultas prenatales, la distancia hasta una unidad médica, la disponibilidad de especialistas y la capacidad de los servicios para responder ante una emergencia.
La situación varía considerablemente entre estados
La mortalidad materna tampoco se distribuye de manera uniforme en México. Los datos correspondientes al cierre de 2024 reportados por la Auditoría Superior de la Federación muestran importantes diferencias entre las entidades.
Guerrero presentó una RMM de 53.3 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, seguido de Chihuahua con 48.9, Campeche con 46.9, Tabasco con 36.3 y Durango con 34.8.
Otras entidades, entre ellas Jalisco, Sonora, Hidalgo y Oaxaca, también registraron niveles superiores a la meta nacional establecida para ese periodo.
En cuanto al número total de defunciones, el Estado de México concentró 52, seguido de Jalisco con 48, Chiapas con 41, Guerrero con 35 y Veracruz con 31.
Estas diferencias evidencian que el promedio nacional puede ocultar condiciones muy distintas dependiendo del estado en el que vive una mujer.
La mortalidad materna también refleja desigualdades sociales
La disminución de las muertes maternas durante los últimos años constituye un avance importante, pero las cifras muestran que todavía existe una deuda pendiente.
El Programa Sectorial de Salud reconoce que los grupos en situación de vulnerabilidad enfrentan obstáculos estructurales y plantea la necesidad de reforzar los servicios de atención materna en las regiones con mayores necesidades.
En consecuencia, combatir la mortalidad materna implica mucho más que reducir una cifra estadística. Significa garantizar que las mujeres puedan recibir atención prenatal, detectar a tiempo cualquier complicación y tener acceso a hospitales o unidades médicas con los recursos necesarios para responder ante una emergencia.
Los datos muestran el avance, pero también el desafío que permanece: México pasó de una RMM de 59.19 en 2021 a 34.1 en 2024 y tiene como objetivo alcanzar 30 para 2030.
La tendencia es positiva, pero el verdadero reto será lograr que esta mejoría llegue también a las mujeres y comunidades que enfrentan mayores dificultades para acceder de manera oportuna a los servicios de salud
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