— Agencias 01/09/2026
El citomegalovirus (CMV) puede pasar inadvertido en la mayoría de las personas, pero durante el embarazo representa un desafío particular debido a la posibilidad de que el virus se transmita al feto y provoque complicaciones que pueden aparecer desde el nacimiento o incluso años después.
Una de las consecuencias más importantes de la infección congénita por CMV es la pérdida auditiva neurosensorial, que puede afectar la adquisición del lenguaje y otros aspectos del desarrollo infantil. Por ello, además de continuar la investigación para desarrollar una vacuna, los especialistas destacan la importancia de mejorar la detección de los casos durante el embarazo y en los primeros días de vida.
Durante el congreso Vacunología 2026 "Eliminación de enfermedades", el infectólogo pediatra Daniel Pacheco Rosas, adscrito al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), señaló que desarrollar una vacuna contra el CMV sería una herramienta de gran importancia para prevenir la infección congénita y sus posibles secuelas.
Sin embargo, explicó que las características biológicas del virus han convertido esta tarea en uno de los grandes retos de la investigación en vacunología.
Un virus que puede permanecer oculto durante años
El citomegalovirus pertenece a la familia de los herpesvirus, un grupo de virus que comparte la capacidad de permanecer en estado latente dentro del organismo después de la infección.
Su transmisión puede producirse mediante el contacto con determinados fluidos corporales, como saliva, orina, sangre, semen o leche materna, dependiendo del contexto. Muchas personas adquieren el virus sin desarrollar síntomas y pueden no saber que están infectadas.
La situación cambia en determinados grupos. Las personas con sistemas inmunitarios debilitados, incluidos algunos pacientes sometidos a trasplantes, pueden presentar una reactivación del virus o una infección más grave.
En el caso del embarazo, el virus también puede transmitirse al feto. Esto puede ocurrir después de una infección primaria de la madre, pero la transmisión congénita también es posible tras una reinfección con otra cepa o una reactivación del virus.
¿Cómo llega el virus hasta el feto?
De acuerdo con la explicación presentada por el especialista, cuando se produce una infección materna, el virus puede alcanzar la placenta después de circular por la sangre. Posteriormente puede atravesar la barrera placentaria y llegar al feto.
Este proceso es especialmente relevante porque una infección congénita no necesariamente produce manifestaciones evidentes inmediatamente después del nacimiento.
De hecho, muchos recién nacidos con CMV congénito son asintomáticos. Sin embargo, algunos pueden desarrollar secuelas posteriormente, siendo la pérdida auditiva una de las complicaciones más relevantes.
También pueden presentarse otras manifestaciones, particularmente en los casos sintomáticos, como alteraciones neurológicas, restricción del crecimiento, hepatosplenomegalia, trombocitopenia, petequias, colestasis y alteraciones oculares como la coriorretinitis.
La hipoacusia merece especial atención porque puede aparecer o progresar después del nacimiento. Por ello, un bebé que inicialmente parece sano no necesariamente está libre de riesgo si tuvo una infección congénita.
¿Por qué es tan difícil crear una vacuna contra el CMV?
La búsqueda de una vacuna contra el citomegalovirus lleva más de cinco décadas. Durante este tiempo se han estudiado diferentes estrategias, desde vacunas que utilizan componentes del virus hasta formulaciones basadas en proteínas específicas y estructuras más complejas.
Entre los objetivos estudiados se encuentran las glicoproteínas virales y el complejo pentamérico, estructuras que participan en la entrada del virus a diferentes tipos de células.
Más recientemente también se han explorado plataformas de ARN mensajero, siguiendo el desarrollo tecnológico que ha permitido investigar nuevas estrategias de vacunación contra diferentes agentes infecciosos.
Uno de los principales obstáculos es que el CMV posee una estructura compleja y diversos mecanismos para evadir la respuesta inmunitaria. Además, una persona que ya tuvo la infección puede permanecer infectada de por vida y existe la posibilidad de reinfección con diferentes cepas.
Por esta razón, conseguir una concentración elevada de anticuerpos no necesariamente significa que una vacuna haya alcanzado el nivel de protección necesario.
El desafío consiste en desarrollar una respuesta inmunitaria suficientemente amplia que pueda actuar en diferentes etapas del proceso infeccioso, incluyendo la entrada del virus al organismo, su replicación, la infección de la placenta y, especialmente, la transmisión hacia el feto.
La inteligencia artificial podría acelerar la búsqueda
La inteligencia artificial se perfila como una herramienta adicional para investigar nuevas vacunas contra el CMV.
Los modelos computacionales pueden procesar grandes cantidades de información procedente de estudios genómicos, proteómicos e inmunológicos. Con estos datos es posible buscar antígenos potencialmente útiles, identificar epítopos y analizar qué estructuras podrían generar respuestas inmunitarias relevantes.
Otra posibilidad es utilizar herramientas de machine learning para integrar diferentes tipos de información biológica y establecer cuáles candidatos deberían avanzar primero hacia estudios experimentales.
El objetivo no sería sustituir los ensayos de laboratorio ni los estudios clínicos, sino reducir el número de candidatos que deben evaluarse experimentalmente y hacer más racional el proceso de selección.
Como señaló el especialista, la inteligencia artificial puede reducir el espacio de búsqueda, pero la seguridad, inmunogenicidad y eficacia de cualquier candidato todavía deben comprobarse mediante investigación experimental y clínica.
El diagnóstico temprano puede marcar una diferencia
Mientras continúa la investigación de una vacuna, la identificación oportuna de los casos sigue siendo una herramienta fundamental para reducir el impacto del CMV congénito.
Durante el embarazo, determinados hallazgos en las pruebas de imagen pueden llevar al médico a considerar la posibilidad de una infección fetal. Entre ellos se encuentran algunas alteraciones del sistema nervioso central, como ventriculomegalia, microcefalia o calcificaciones intracraneales, además de restricción del crecimiento fetal, hepatoesplenomegalia y otras alteraciones hematológicas o hepáticas.
Cuando existe una sospecha clínica, pueden utilizarse pruebas específicas para detectar el material genético del virus, como la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), de acuerdo con el contexto clínico y los protocolos disponibles.
El tamiz auditivo también puede ser una señal de alerta
En los recién nacidos, la evaluación de la audición tiene especial importancia. Si un bebé no supera el tamiz auditivo, particularmente cuando existen otros factores de sospecha, el CMV congénito puede formar parte de las posibilidades diagnósticas.
Para confirmar una infección congénita es importante realizar la prueba durante los primeros 21 días de vida, generalmente mediante PCR en saliva y/o orina, según los protocolos clínicos.
Este límite temporal es relevante porque después de ese periodo puede resultar difícil distinguir una infección adquirida después del nacimiento de una infección verdaderamente congénita.
El CMV es una de las causas infecciosas más importantes de hipoacusia neurosensorial infantil no genética, por lo que detectar los casos de manera temprana permite establecer vigilancia y, cuando corresponde, valorar intervenciones específicas.
Una vacuna podría prevenir una de las principales consecuencias
El desarrollo de una vacuna eficaz contra el citomegalovirus tendría un impacto especialmente importante en la prevención de la infección congénita, ya que podría reducir el riesgo de transmisión materno-fetal.
Sin embargo, el reto no consiste únicamente en generar anticuerpos. Una estrategia eficaz probablemente tendrá que estimular diferentes componentes del sistema inmunitario y limitar la capacidad del virus para establecer infección y alcanzar la placenta.
Mientras esa vacuna continúa siendo un objetivo de investigación, la detección temprana durante el embarazo y en los recién nacidos sigue siendo fundamental.
Reconocer los posibles signos de infección, realizar las pruebas cuando existe una indicación clínica y prestar especial atención a la evaluación auditiva pueden contribuir a identificar a los niños en riesgo y permitir un seguimiento oportuno.
El citomegalovirus continúa siendo, en buena medida, un virus silencioso, pero sus posibles consecuencias durante el desarrollo fetal hacen que la investigación de nuevas vacunas y las estrategias de diagnóstico temprano sean prioridades relevantes para la salud materno-infantil.
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