Alimentos grasos y cáncer de colon: cuál es el vínculo detrás del aumento de casos

— Agencias 01/09/2026

Una investigación publicada en la revista Gut aporta nuevas evidencias sobre la posible relación entre una alimentación rica en grasas y el desarrollo del cáncer colorrectal.

El estudio identificó un mecanismo biológico en el que intervienen los cambios producidos en el microbioma intestinal y el aumento de determinados ácidos biliares secundarios, entre ellos el ácido desoxicólico (DCA).

Los resultados ayudan a explicar cómo determinados patrones de alimentación podrían modificar el entorno del colon y favorecer procesos relacionados con el crecimiento tumoral. Sin embargo, los hallazgos no significan que consumir grasas provoque por sí solo cáncer, ya que el riesgo depende de la calidad global de la dieta, la cantidad y el tipo de grasa, además de otros factores individuales.

¿Por qué una alimentación rica en grasas podría influir en el riesgo?

El efecto de una dieta elevada en grasas parece ir más allá de su relación con el sobrepeso o la obesidad. Los investigadores encontraron que este patrón alimentario puede modificar el ambiente intestinal y favorecer cambios en las bacterias que participan en el metabolismo de los ácidos biliares.

Cuando una dieta contiene poca fibra y abundantes grasas y alimentos ultraprocesados, puede producirse una alteración de la composición y actividad del microbioma. Algunas bacterias son capaces de transformar los ácidos biliares producidos por el organismo en otros compuestos que, en determinadas circunstancias, pueden afectar a las células del colon.

Uno de los mecanismos estudiados está relacionado con una mayor proliferación de las células intestinales. Una división celular más frecuente puede aumentar las oportunidades de que aparezcan alteraciones genéticas, aunque este proceso es complejo y no implica que necesariamente termine en cáncer.

El ácido desoxicólico, una pieza central del mecanismo

El organismo produce ácidos biliares primarios en el hígado para facilitar la digestión y absorción de las grasas. Una parte de estos compuestos se reabsorbe en el intestino, mientras que otra llega al colon.

En ese punto intervienen determinadas bacterias intestinales que pueden transformarlos en ácidos biliares secundarios. Entre ellos se encuentra el ácido desoxicólico o DCA, al que los investigadores prestaron especial atención.

En los modelos experimentales utilizados en el estudio, niveles elevados de DCA estuvieron relacionados con una mayor proliferación de células del colon y con una mayor carga tumoral. Estos resultados respaldan la hipótesis de que ciertos productos del metabolismo bacteriano pueden participar en las primeras etapas o en la progresión de procesos tumorales.

El microbioma actúa como intermediario

Uno de los aspectos más relevantes del trabajo es el papel atribuido a determinadas bacterias intestinales.

Los investigadores analizaron microorganismos que poseen actividad 7α-deshidroxilasa (7αDH), una capacidad que les permite convertir ácidos biliares primarios en secundarios. Entre las bacterias estudiadas se encontró Clostridium scindens, además de otras especies capaces de realizar esta transformación.

Los análisis de muestras humanas encontraron una mayor presencia de genes relacionados con esta vía metabólica en personas con cáncer colorrectal.

Esto no significa que una determinada bacteria sea, por sí misma, la causa del cáncer. Más bien, los resultados sugieren que la composición y las funciones del microbioma pueden influir en la manera en que el organismo responde a determinados patrones alimentarios.

Qué mostraron los experimentos

Para investigar el mecanismo, los científicos utilizaron diferentes modelos experimentales, incluidos cerdos con predisposición genética al cáncer colorrectal, ratones con comunidades bacterianas controladas, organoides derivados de colon humano y análisis metagenómicos de personas.

En los cerdos sometidos a una dieta de características occidentales se observaron mayores niveles de DCA, mayor proliferación de las células del revestimiento intestinal y un empeoramiento de las características tumorales. Parte de estos efectos disminuyó al utilizar colestiramina, un medicamento que se une a los ácidos biliares e impide su reabsorción intestinal.

En los modelos de ratón, la incorporación de bacterias con actividad 7αDH produjo un aumento de DCA y estuvo acompañada de una mayor carga tumoral en modelos de cáncer colorrectal.

Los investigadores también analizaron información metagenómica de más de mil personas. En las muestras de pacientes con cáncer colorrectal se encontraron con mayor frecuencia los llamados operones bai, grupos de genes bacterianos relacionados con la transformación de los ácidos biliares.

La combinación de experimentos en animales, modelos celulares y análisis humanos fortaleció la hipótesis de que existe una conexión entre dieta, microbioma, metabolismo de los ácidos biliares y cáncer colorrectal.

Un posible vínculo con el aumento del cáncer colorrectal en adultos jóvenes

El interés por estos resultados aumenta en un momento en el que numerosos países han observado un incremento de los diagnósticos de cáncer colorrectal en personas menores de 50 años.

Los investigadores han estudiado diferentes posibles explicaciones para esta tendencia. Entre los factores asociados aparecen el aumento de la obesidad, el sedentarismo, determinados patrones dietéticos y posibles modificaciones del microbioma intestinal.

El nuevo estudio no demuestra que estos factores expliquen por sí solos el aumento de casos en adultos jóvenes. Su principal aportación consiste en mostrar un posible mecanismo biológico mediante el cual ciertos componentes de la dieta podrían modificar el ambiente del colon y favorecer procesos relacionados con la carcinogénesis.

Otros factores que también influyen en el riesgo

La alimentación es solo una parte de la ecuación. El cáncer colorrectal es una enfermedad multifactorial y existen factores modificables y no modificables.

Entre los factores asociados con un mayor riesgo se encuentran:

Consumo frecuente de carnes procesadas y, en determinados contextos, de grandes cantidades de carne roja.Dietas con bajo consumo de fibra.Sobrepeso y obesidad.Falta de actividad física.Consumo de alcohol.Tabaquismo.Edad avanzada.Antecedentes familiares de cáncer colorrectal.Determinados síndromes hereditarios, como el síndrome de Lynch.

Por ello, el hallazgo publicado en Gut no sustituye los conocimientos previos sobre los factores de riesgo, sino que añade información sobre uno de los mecanismos biológicos que podrían conectar la alimentación con el desarrollo de tumores intestinales.

¿Qué síntomas pueden ser una señal de alerta?

El cáncer colorrectal puede desarrollarse durante un tiempo sin producir síntomas evidentes. Cuando aparecen manifestaciones clínicas, algunas de las más importantes son:

Sangre en las heces o sangrado rectal.Cambios persistentes en el ritmo intestinal.Diarrea o estreñimiento que no son habituales.Dolor o molestias abdominales persistentes.Distensión abdominal.Pérdida de peso sin una explicación clara.Cansancio persistente.Anemia, especialmente cuando no existe otra causa evidente.

Estos síntomas no significan necesariamente que exista cáncer, ya que también pueden aparecer en enfermedades digestivas mucho más frecuentes. Sin embargo, cuando persisten o se presentan junto con antecedentes familiares, es importante realizar una valoración médica.

¿Puede modificarse el microbioma para prevenir o tratar el cáncer?

Los resultados abren una posible vía de investigación: intervenir sobre las bacterias intestinales o sobre el metabolismo de los ácidos biliares para disminuir condiciones que puedan favorecer la aparición o progresión de tumores.

En el futuro podrían estudiarse estrategias destinadas a modificar determinadas poblaciones bacterianas, alterar las rutas metabólicas responsables de producir ácidos biliares secundarios o reducir la exposición del colon a compuestos como el DCA.

No obstante, estas posibilidades todavía se encuentran en investigación. No existe actualmente una intervención específica sobre el microbioma que pueda recomendarse como tratamiento general para prevenir el cáncer colorrectal.

Alimentación y prevención: qué se puede hacer actualmente

Aunque ningún alimento puede garantizar la prevención del cáncer, mantener un patrón alimentario saludable puede contribuir a disminuir el riesgo.

Una alimentación basada en verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y otras fuentes de fibra, acompañada de cantidades adecuadas de proteínas y grasas saludables, puede ser preferible a un patrón caracterizado por abundantes ultraprocesados y carnes procesadas.

También son importantes la actividad física regular, mantener un peso saludable, evitar el tabaco y limitar el consumo de alcohol.

La recomendación no consiste simplemente en eliminar toda la grasa de la alimentación. El organismo necesita grasas y existen diferencias importantes entre sus tipos y sus fuentes. El objetivo es favorecer una dieta equilibrada y limitar especialmente los patrones alimentarios de baja calidad nutricional.

La detección temprana sigue siendo fundamental

Las estrategias de cribado varían según el país, la edad y los antecedentes personales y familiares. En muchas guías se recomienda comenzar la detección en personas con riesgo promedio alrededor de los 45 años, mientras que quienes presentan antecedentes familiares importantes o síndromes hereditarios pueden necesitar controles más tempranos y frecuentes.

La colonoscopia permite examinar directamente el colon y, además, retirar determinados pólipos durante el mismo procedimiento. Otra alternativa utilizada en programas de detección es el test inmunoquímico fecal, que busca pequeñas cantidades de sangre en las heces.

El nuevo estudio refuerza el interés científico por la relación entre dieta, microbioma y cáncer colorrectal, pero no cambia una de las medidas más importantes de prevención: mantener hábitos saludables y acudir a valoración médica ante síntomas persistentes o factores de riesgo.

La alimentación puede influir en el riesgo de desarrollar cáncer, pero ningún factor aislado determina el destino de una persona. La prevención requiere considerar el conjunto de hábitos, antecedentes y características individuales, además de aprovechar las herramientas disponibles para detectar la enfermedad de manera temprana.

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