El detrás de las úlceras por presión: cómo tratar las heridas

— Agencias 01/09/2026

Las úlceras por presión son lesiones que afectan la piel y, en casos más avanzados, los tejidos que se encuentran debajo de ella. Aparecen cuando una determinada zona del cuerpo permanece sometida a presión durante un periodo prolongado, especialmente sobre áreas donde los huesos están más cerca de la superficie.

El sacro, los talones, las caderas, los glúteos y los codos son algunos de los sitios donde pueden desarrollarse. También pueden aparecer debajo de determinados dispositivos médicos o verse favorecidas por la fricción y las fuerzas de deslizamiento.

Aunque son especialmente frecuentes en personas con movilidad limitada que permanecen durante mucho tiempo en cama o sentadas, la inmovilidad por sí sola no determina que una persona vaya a desarrollar una úlcera. También influyen factores como la edad, la desnutrición, la deshidratación, la diabetes, la incontinencia y algunas enfermedades que afectan la movilidad o la capacidad de percibir el dolor.

El daño puede comenzar antes de que la herida sea visible

Uno de los principales problemas de estas lesiones es que el daño tisular puede comenzar en capas profundas antes de que aparezcan cambios evidentes en la superficie de la piel.

Las zonas cercanas a prominencias óseas concentran buena parte de las lesiones, particularmente el sacro, las tuberosidades isquiáticas y la región de las caderas. Los talones, tobillos, escápulas, hombros y orejas también pueden resultar afectados.

Por este motivo, la revisión frecuente de la piel es una de las principales herramientas para detectarlas de manera temprana.

Enrojecimiento y cambios en la piel: primeras señales

Los primeros signos pueden ser relativamente discretos. Entre ellos se encuentran:

Enrojecimiento que persiste después de retirar la presión.Cambios de coloración.Aumento o disminución de la temperatura de la piel.Mayor sensibilidad o dolor en la zona.Endurecimiento o cambios en la textura.Hinchazón.Aparición de ampollas.

En personas con piel oscura, los cambios de color pueden ser más difíciles de identificar, por lo que también resulta importante prestar atención a variaciones en la temperatura, textura, sensibilidad o consistencia de la zona.

Si una lesión no mejora después de aliviar la presión o comienza a empeorar, es recomendable solicitar una valoración profesional. La presencia de secreción, mal olor, aumento del calor o enrojecimiento alrededor de la herida, fiebre o deterioro general puede indicar una complicación infecciosa y requiere atención médica.

Cambiar de posición ayuda a reducir la presión

La prevención comienza con una medida fundamental: evitar que una misma zona permanezca comprimida durante demasiado tiempo.

En personas que permanecen en cama, pueden utilizarse cambios de posición programados. En quienes utilizan silla de ruedas, también son importantes las maniobras que permiten redistribuir periódicamente el peso.

Sin embargo, no existe necesariamente un intervalo idéntico que sea adecuado para todas las personas. La frecuencia de los cambios debe individualizarse considerando factores como el estado de la piel, el nivel de movilidad, la capacidad de realizar movimientos por sí mismo, la superficie utilizada y el riesgo individual de desarrollar lesiones.

Los colchones, cojines y otras superficies diseñadas para redistribuir la presión también pueden ser útiles en personas con riesgo elevado.

La humedad y la fricción también pueden empeorar el daño

La prevención no consiste únicamente en cambiar de posición.

El contacto prolongado con humedad procedente del sudor, la orina o las heces puede debilitar la barrera protectora de la piel. Por ello, es importante mantener la piel limpia y seca y utilizar medidas adecuadas para controlar la humedad.

También debe prestarse atención a la manera en que se moviliza a una persona. Arrastrar el cuerpo sobre las sábanas o una superficie puede generar fricción y fuerzas de corte, capaces de aumentar el daño de los tejidos.

Cuando sea necesario mover a una persona con movilidad reducida, deben utilizarse técnicas y dispositivos apropiados para minimizar estas fuerzas.

¿Qué ocurre cuando la úlcera ya apareció?

El tratamiento depende de la profundidad y características de la lesión, así como de la presencia de tejido dañado, infección u otras complicaciones.

Entre las medidas fundamentales se encuentra eliminar o reducir la presión sobre el área afectada. También puede ser necesario realizar cuidados específicos de la herida, controlar la humedad y utilizar apósitos adecuados.

En algunas lesiones se requiere retirar tejido muerto o desvitalizado mediante un procedimiento conocido como desbridamiento.

Las úlceras más profundas o complicadas pueden necesitar tratamientos especializados, como terapia de presión negativa, antibióticos cuando existe una infección que los justifique o incluso procedimientos quirúrgicos para reconstruir el tejido afectado.

La recuperación puede ser prolongada. Las lesiones superficiales pueden mejorar con cuidados adecuados, mientras que las más profundas pueden requerir muchos meses para cicatrizar y presentar mayor riesgo de complicaciones.

La alimentación también influye en la recuperación

La nutrición desempeña un papel importante tanto en la conservación de la piel como en la reparación de los tejidos.

Para cicatrizar adecuadamente, el organismo necesita suficiente energía, proteínas, vitaminas, minerales y líquidos. La desnutrición, la deshidratación y determinadas enfermedades pueden dificultar este proceso.

Las proteínas son particularmente importantes porque participan en la formación y reparación de los tejidos. Por ello, una alimentación equilibrada debe incluir fuentes como:

Carne y pescado.Huevos.Lácteos.Legumbres.Tofu.Frutos secos y semillas.Otras fuentes adecuadas de proteína.

También es importante consumir suficientes frutas, verduras y alimentos ricos en carbohidratos, como cereales, arroz, pasta, pan o papas, de acuerdo con las necesidades individuales.

En personas que han perdido peso involuntariamente o presentan desnutrición, puede ser necesario distribuir los alimentos en comidas más pequeñas y frecuentes e incorporar opciones con mayor densidad energética y nutricional.

El peso corporal también puede modificar el riesgo

Tanto un peso corporal muy bajo como la obesidad pueden aumentar determinados factores asociados con las úlceras por presión.

En personas muy delgadas puede existir menor cantidad de tejido que proteja las prominencias óseas. En quienes tienen obesidad, determinadas posiciones pueden generar una mayor presión sobre algunas zonas y dificultar la movilidad.

Por eso, la prevención debe adaptarse a las características de cada persona, en lugar de depender únicamente del peso corporal.

Mantener una buena hidratación

La hidratación adecuada también forma parte del cuidado de la piel y de la recuperación de las heridas.

Sin embargo, no existe una cantidad universal de agua que todas las personas deban beber diariamente. Las necesidades pueden variar según la edad, el tamaño corporal, la actividad física, el clima, la alimentación y determinadas enfermedades.

En personas con problemas cardíacos, renales u otras condiciones que requieren restricciones de líquidos, la cantidad debe establecerse con un profesional de la salud.

Por ello, más que seguir una cifra rígida, es importante evitar la deshidratación y ajustar la ingesta de líquidos a las necesidades individuales.

¿Son necesarios los suplementos?

Los suplementos de vitaminas, minerales, proteínas u otros nutrientes no deben considerarse una solución universal para prevenir o curar las úlceras por presión.

Cuando una persona mantiene una alimentación variada y suficiente, es posible que no necesite suplementos específicos. En cambio, si existe desnutrición, pérdida de peso, dificultades para comer o una deficiencia determinada, un médico o nutricionista puede recomendar complementos nutricionales.

En algunos pacientes también pueden considerarse fórmulas especializadas con nutrientes específicos, pero su utilización debe responder a una valoración individual y no sustituir el tratamiento de la herida.

La prevención empieza antes de que aparezca la herida

Las úlceras por presión no deben considerarse únicamente un problema de la piel. Su aparición puede estar relacionada con la movilidad, la nutrición, la hidratación, la humedad, la fricción y diferentes enfermedades.

Por ello, la mejor estrategia combina vigilancia de la piel, alivio y redistribución de la presión, movilización adecuada, control de la humedad y una alimentación suficiente.

Detectar los primeros cambios puede evitar que una lesión avance hacia capas más profundas y se convierta en una complicación mucho más difícil de tratar.

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