— Agencias 01/09/2026
La noticia del fallecimiento de Tommy John, a los 83 años, fue un golpe para quienes conocieron su trayectoria. No solo fue un destacado jugador de béisbol, sino también un pionero que se atrevió a asumir un gran riesgo y, sobre todo, una persona reconocida por su calidad humana.
En junio de 2006, acudí con mi padre al Rickwood Classic, en Birmingham, Alabama, mientras buscaba una oportunidad laboral como preparador físico. Tommy John realizó el primer lanzamiento del encuentro y el anunciador informó que estaría firmando autógrafos. Como preparador físico y aficionado al béisbol, no podía desaprovechar la oportunidad de conocerlo, obtener su firma y conversar con él.
En 1974, cuando tenía 31 años y era lanzador de los Dodgers de Los Ángeles, Tommy John sufrió una lesión en el ligamento colateral cubital del codo. El doctor Frank Jobe realizó una reconstrucción del ligamento, un procedimiento completamente novedoso en aquel momento. Gracias a esa intervención, John pudo continuar jugando durante otras 14 temporadas.
Más de cinco décadas después, aquella operación se ha convertido en uno de los procedimientos más conocidos en el béisbol y actualmente se denomina cirugía Tommy John. Según estimaciones de la Asociación Médica Americana, más del 35% de los lanzadores de las Grandes Ligas se han sometido a esta cirugía.
¿En qué consiste la cirugía Tommy John?
El ligamento colateral cubital, conocido como LCU, se encuentra en la parte interna del codo y cumple una función fundamental durante los movimientos de lanzamiento. Este ligamento une el húmero, que es el hueso de la parte superior del brazo, con el cúbito, uno de los huesos del antebrazo.
Durante la cirugía Tommy John se utiliza un tendón para sustituir y reconstruir el ligamento lesionado. Generalmente, el tendón procede del propio antebrazo del paciente, aunque en algunas ocasiones puede obtenerse de otra zona, como los isquiotibiales. También existe la posibilidad de utilizar tejido de un donante.
Para realizar la reconstrucción, el cirujano crea pequeños túneles en el húmero y el cúbito y pasa el tendón a través de ellos siguiendo una configuración similar a un ocho. De esta manera, se busca recrear la función y estabilidad del ligamento original.
¿Quién puede necesitar esta cirugía?
Las lesiones del ligamento colateral cubital son frecuentes entre los jugadores de béisbol, especialmente los lanzadores. La combinación de fuerza, velocidad y movimientos repetitivos necesarios para lanzar una pelota genera una enorme tensión sobre las estructuras del codo.
No obstante, este tipo de lesión no afecta exclusivamente a los jugadores de béisbol. Otros deportistas, tanto profesionales como aficionados, pueden sufrir daños en este ligamento cuando realizan movimientos que implican lanzar o golpear con gran fuerza y velocidad, o cuando necesitan detener bruscamente el movimiento del brazo.
En muchos casos, el dolor puede ser suficientemente intenso como para impedir la práctica deportiva. Incluso puede dificultar algunas actividades cotidianas que requieren utilizar el codo para soportar peso o realizar movimientos que demanden una fuerte presión o agarre con la mano.
Además, algunas personas pueden experimentar síntomas neurológicos, como entumecimiento u hormigueo en la mano y especialmente en el dedo meñique, lo que puede motivarlas a buscar atención médica.
El encuentro con Tommy John
Regresando a aquel día de 2006 en el histórico Rickwood Field, bajé hasta el lugar donde Tommy John estaba atendiendo a los aficionados. Cuando llegó mi turno, le expliqué que era preparador físico y que tenía mucho interés en conocer más sobre la cirugía que había cambiado su carrera. Incluso le pregunté si podía tomarme una fotografía con él y mostrar la cicatriz de su operación.
Su respuesta fue mucho más amable de lo que esperaba. Me invitó a sentarme y conversar con él.
Durante aproximadamente 45 minutos permanecí a su lado mientras firmaba autógrafos. Aproveché para preguntarle sobre la cirugía, las razones que lo llevaron a aceptarla, cómo fue su recuperación y cómo había evolucionado el procedimiento durante las décadas posteriores.
Su decisión de someterse a la operación, explicó, no había sido tan complicada. Sabía que no podía lanzar y confiaba en el doctor Jobe. Aunque las posibilidades de regresar al béisbol eran muy pequeñas, aquella intervención representaba una oportunidad para continuar con su carrera.
Su rehabilitación tampoco contaba con el protocolo estructurado que conocemos actualmente. Los médicos conocían los principios básicos de la recuperación, pero nadie sabía exactamente cómo debía prepararse un brazo después de una reconstrucción del LCU para volver a lanzar una pelota de béisbol.
John comenzó trabajando el movimiento del brazo y posteriormente fue desarrollando fuerza. Cuando los médicos determinaron que el hueso había cicatrizado adecuadamente, llegó el momento de comenzar a lanzar.
¿Cómo es actualmente la recuperación?
Hoy en día, un atleta puede necesitar entre 12 y 18 meses para regresar a la competencia después de una reconstrucción del ligamento colateral cubital. Médicos, fisioterapeutas, preparadores físicos y deportistas cuentan actualmente con protocolos mucho más establecidos y con plazos definidos para avanzar durante la rehabilitación.
Durante los primeros meses, el objetivo principal es proteger la zona operada. El brazo permanece limitado para permitir que el hueso cicatrice alrededor del injerto, mientras también se mantiene estable el hombro.
Posteriormente, durante aproximadamente dos meses, se trabaja para recuperar progresivamente el rango de movimiento del codo, la muñeca y el hombro. Después comienza una etapa enfocada en recuperar la fuerza de los músculos que se debilitaron durante el proceso de recuperación, buscando que el brazo operado alcance niveles de fuerza similares a los del brazo contrario.
Cuando la fuerza y el control son suficientes, el paciente puede comenzar nuevamente con los lanzamientos.
Para ello existe el Programa de Lanzamiento a Intervalos, un protocolo desarrollado por profesionales de la salud que establece de manera progresiva la distancia, cantidad e intensidad de los lanzamientos, además de incluir periodos específicos de descanso.
El atleta comienza con lanzamientos cortos y gradualmente aumenta la distancia. Posteriormente incorpora lanzamientos más exigentes y, dependiendo del deporte y de la evolución individual, avanza hacia situaciones similares a la competencia.
Tommy John no tenía ninguno de estos recursos. Él fue el primer paciente en someterse a este procedimiento, por lo que tuvo que descubrir el camino prácticamente desde cero.
Comenzó lanzando una pelota de tenis contra el garaje de su casa. Utilizó primero una pelota ligera y lanzó desde una distancia corta, que fue aumentando gradualmente. Más adelante pasó a utilizar una pelota de béisbol convencional.
Incluso pidió ayuda a su esposa, ya que sabía que no realizaría lanzamientos demasiado fuertes si ella era su objetivo. Poco a poco comenzó a realizar lanzamientos largos, primero desde terreno plano y posteriormente desde el montículo.
Su recuperación se basó en una combinación de prueba y error, asesoramiento médico y, sobre todo, atención a las señales de su propio cuerpo.
John relató las dificultades que enfrentó durante ese proceso: la frustración, el miedo, la incertidumbre y la preocupación constante por no saber cuánto tiempo podría continuar jugando o cuál sería el último lanzamiento de su carrera.
Sin embargo, aquel supuesto último lanzamiento estaba todavía muy lejos. Después de regresar a las Grandes Ligas, Tommy John consiguió jugar otras 14 temporadas y finalmente se retiró en 1989.
Para mí, como preparador físico, aquel encuentro representa un recuerdo inolvidable. Tuve la oportunidad de sentarme con una leyenda y escuchar directamente de él cómo había sido vivir una experiencia médica que, décadas después, se convertiría en algo habitual en el mundo del béisbol.
La decisión de Tommy John de aceptar aquella cirugía transformó su propia carrera y también cambió para siempre el futuro de muchos otros deportistas. Es difícil imaginar el béisbol moderno sin la posibilidad de recurrir a esta reconstrucción y a los protocolos de rehabilitación que surgieron posteriormente.
Pero más allá de su importancia deportiva y médica, lo que permanece en la memoria es su personalidad. Fue amable, accesible y generoso con los aficionados. Sonreía sinceramente a quienes se acercaban para pedirle un autógrafo, conocer su historia, ver su cicatriz o simplemente estrecharle la mano.
Fue una leyenda por su valentía y por la huella que dejó en el béisbol, pero también por la manera en que trataba a los demás.
Tres lecciones que deja Tommy John
1. La innovación requiere asumir riesgos y tener confianza.
Innovar significa aceptar la posibilidad de fracasar. Para que algo nuevo exista, alguien debe estar dispuesto a intentarlo por primera vez. Tommy John sabía que la cirugía representaba un riesgo considerable, pero también entendía que podía ser su única oportunidad de continuar jugando.
Confió en el doctor Jobe y en su equipo médico, aun cuando las probabilidades de regresar al lanzamiento eran extremadamente bajas. El doctor Jobe le había señalado que las posibilidades de volver a lanzar eran inferiores al 5%, pero para John ese pequeño porcentaje era preferible a no tener ninguna oportunidad.
Esta mentalidad también puede aplicarse fuera del deporte: no existe verdadera innovación sin riesgo y tampoco suele existir innovación sin confianza.
2. Hay que escuchar a los expertos, confiar en el propio cuerpo y establecer límites.
Tommy John contó con médicos, fisioterapeutas y preparadores que conocían los principios fundamentales de la rehabilitación. Sin embargo, nadie tenía experiencia específica en devolver a un lanzador a la competencia después de aquella cirugía.
Por eso tuvo que encontrar un equilibrio entre seguir las recomendaciones de los especialistas, escuchar las señales de su cuerpo y establecer límites que evitaran avanzar demasiado rápido.
Esta enseñanza puede aplicarse a muchas áreas de la vida. Es importante buscar asesoramiento profesional y aprovechar la experiencia de quienes saben, pero también reconocer nuestros propios límites y establecer referencias que nos permitan avanzar de manera responsable.
3. Ser pionero no significa perder la humanidad.
Tommy John pudo haber sido simplemente una figura histórica del deporte, pero eligió mantener una actitud abierta y cercana.
Cuando se hablaba con el doctor Jobe, este reconocía el mérito de sus pacientes. Cuando se hablaba con Tommy John, él destacaba principalmente el trabajo del doctor Jobe. Ambos demostraban una actitud de respeto y reconocimiento mutuo.
John podría haberse limitado a firmar un autógrafo, tomarse una fotografía y continuar con su día. En cambio, decidió sentarse, contar historias y compartir sus experiencias, incluidos sus temores, dificultades y momentos de incertidumbre.
Esa actitud deja una enseñanza que va más allá del béisbol: incluso cuando alcanzamos el éxito, debemos conservar nuestra humanidad, reconocer a quienes nos ayudaron a llegar hasta allí y recordar que los grandes logros rara vez son obra de una sola persona.
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