— Agencias 30/08/2026
El dolor en la zona baja de la espalda es una de las molestias musculoesqueléticas más frecuentes. Sin embargo, es común confundir la lumbalgia con la ciática, aunque no se trata exactamente del mismo problema.
La principal diferencia está en la ubicación y el recorrido del dolor. La lumbalgia se limita principalmente a la región lumbar, mientras que la lumbociatalgia se extiende desde la espalda baja hacia el glúteo y la parte posterior de la pierna debido a la irritación o compresión de una raíz nerviosa relacionada con el nervio ciático. En algunos casos, el dolor puede comenzar directamente en el glúteo y desplazarse hacia la pierna.
Uno de los mecanismos que pueden desencadenar estos problemas es el aumento de presión sobre las estructuras de la columna. Levantar objetos pesados, realizar movimientos bruscos o someter la espalda a esfuerzos para los que no está preparada puede provocar contracturas musculares, inflamación y alteraciones en los discos intervertebrales.
Hernias de disco y factores que aumentan el riesgo
Los discos intervertebrales funcionan como amortiguadores entre las vértebras. Cuando están sometidos a una presión excesiva o repetida, el anillo que los rodea puede debilitarse y generar una protrusión o hernia discal. Dependiendo de su gravedad y de la compresión que produzca sobre las estructuras nerviosas, pueden aparecer dolor, alteraciones de la sensibilidad o pérdida de fuerza.
Con el envejecimiento también se producen cambios en los discos y en la estructura ósea de la columna. A partir de la mediana edad, la deshidratación de los discos y otros procesos degenerativos pueden aumentar la susceptibilidad a desarrollar problemas lumbares.
Entre los factores que pueden favorecer estas molestias también se encuentran el sedentarismo, el tabaquismo, la falta de descanso, una postura inadecuada y levantar peso de manera incorrecta. Algunos hábitos o actividades que modifican la postura y la curvatura natural de la columna también pueden incrementar la carga sobre los discos.
Síntomas que requieren atención médica
No todo dolor lumbar significa que exista una lesión grave, pero determinados síntomas deben tomarse con mayor seriedad. El hormigueo, los calambres, las alteraciones de la sensibilidad y, especialmente, la pérdida de fuerza pueden indicar una afectación importante de una raíz nerviosa.
Por ejemplo, si una persona comienza a caminar y nota que una pierna pierde fuerza o se dobla inesperadamente, es recomendable buscar valoración médica. La afectación nerviosa puede comenzar con síntomas sensitivos y posteriormente comprometer la función motora.
También es aconsejable consultar a un profesional de la salud cuando el dolor persiste durante varios días, empeora progresivamente o interfiere de manera importante con las actividades cotidianas. La automedicación prolongada puede retrasar la identificación de la causa.
El tratamiento depende del origen y la gravedad del problema. En muchos casos pueden utilizarse medidas conservadoras, como corrección de hábitos posturales, actividad física adecuada, ejercicios de movilidad y fortalecimiento y estiramientos, siempre de acuerdo con la valoración clínica.
Cuando existe una compresión nerviosa importante o una lesión que no responde a las medidas conservadoras, pueden considerarse procedimientos especializados e incluso técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas. Por ello, diferenciar entre un dolor lumbar localizado y uno que se extiende hacia la pierna es importante para identificar oportunamente una posible afectación nerviosa.
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