— Agencias 30/08/2026
Un análisis reciente de 7,595 muertes súbitas e inesperadas de lactantes en Estados Unidos volvió a poner el foco en una práctica frecuente en muchos hogares: compartir la superficie de sueño con el bebé.
Aunque dormir cerca de los hijos tiene una larga historia, las condiciones actuales del entorno doméstico pueden modificar los riesgos. Camas de adultos, colchones blandos, almohadas, mantas y superficies elevadas pueden convertir la proximidad en una situación peligrosa.
Qué encontró el estudio
La investigación, publicada en Pediatrics, examinó muertes ocurridas entre 2011 y 2020 en 23 jurisdicciones estadounidenses. El 59.5% de los fallecimientos ocurrió mientras el bebé compartía la superficie para dormir y, en al menos 76% de todos los casos, se identificaron varios factores de sueño considerados inseguros.
Los resultados deben interpretarse con cautela: el estudio describe las circunstancias presentes en las muertes analizadas, pero no permite calcular por sí solo cuánto aumenta el riesgo de muerte según cada modalidad de sueño.
Entre los casos en los que se compartía la superficie, la mayoría correspondió a bebés menores de 3 meses. El 75.9% estaba en una cama de adulto, mientras que el 68.2% dormía únicamente con adultos y el 51.6% compartía la superficie con una sola persona.
También aparecieron con frecuencia otros factores de riesgo, como la exposición prenatal al humo del cigarrillo y el consumo de alcohol o drogas por parte del cuidador, condiciones que pueden disminuir la capacidad de respuesta del adulto.
El entorno completo es determinante
Especialistas en sueño infantil señalan que el debate no debería reducirse únicamente a si el bebé duerme acompañado o separado. También importa dónde duerme, sobre qué superficie, con qué ropa de cama y en qué condiciones se encuentra el adulto responsable.
La antropóloga Helen Ball ha destacado precisamente la necesidad de diferenciar entre compartir una cama como categoría general y las circunstancias específicas que pueden hacer que esa práctica sea más peligrosa.
Esta perspectiva ayuda a explicar por qué varios factores pueden acumularse. La corta edad del bebé, una superficie blanda, ropa de cama suelta y un cuidador cuyo estado de alerta está reducido pueden generar un entorno especialmente vulnerable.
Qué recomiendan las guías pediátricas
A pesar del debate sobre el colecho y sus distintas formas, la recomendación de la Academia Estadounidense de Pediatría permanece clara: el lugar más seguro para dormir es una superficie firme, plana y separada, ubicada en la misma habitación de los padres.
Por ello, durante el sueño se recomienda que el bebé:
Duerma boca arriba.Utilice una superficie firme, plana y separada.Duerma cerca de sus cuidadores, pero no en la misma cama.No tenga alrededor almohadas, mantas sueltas ni otros objetos blandos.No esté expuesto al humo del tabaco.
El estudio no demuestra que una sola circunstancia explique las muertes analizadas. Más bien, muestra que los fallecimientos suelen producirse en contextos donde se combinan varios factores de riesgo.
La cercanía entre padres y bebés puede ser importante para la alimentación y el vínculo, pero las condiciones del lugar donde ocurre el sueño son fundamentales. La evidencia disponible mantiene como opción más segura una cuna o moisés independiente, firme y despejado, colocado cerca de la cama de los padres.
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