Esta habilidad cerebral no disminuye con la edad, y de hecho puede mejorar entre los mayores

— Agencias 29/08/2026

El envejecimiento no necesariamente deteriora las habilidades lingüísticas, a diferencia de lo que ocurre con otras capacidades cognitivas, según una nueva investigación.

Los investigadores encontraron que, salvo que una persona mayor presente enfermedades neurológicas como un accidente cerebrovascular o demencia, sus capacidades relacionadas con el lenguaje pueden mantenerse estables e incluso mejorar con el paso de los años.

El estudio, publicado el 24 de agosto en Nature Communications, mostró mediante escáneres cerebrales que la actividad de las regiones encargadas de procesar el lenguaje es muy similar entre adultos mayores y personas jóvenes.

Anne Billot, investigadora posdoctoral de la Universidad de Harvard y autora principal del estudio, explicó que no encontraron diferencias importantes entre ambos grupos en la actividad de la red cerebral relacionada con el lenguaje. En cambio, observaron un deterioro evidente en el denominado sistema ejecutivo, encargado de funciones como la atención, la toma de decisiones, la organización y el control cognitivo.

Los investigadores consideran que estos resultados podrían indicar que las redes cerebrales especializadas en funciones concretas, como el lenguaje, son más resistentes al envejecimiento que aquellas redes de propósito general que participan en múltiples procesos cognitivos.

Según Billot, capacidades como la atención, la memoria de trabajo y el control cognitivo tienden a disminuir con la edad, mientras que las habilidades lingüísticas suelen permanecer relativamente estables e incluso mejorar. Esto significa que distintos sistemas cerebrales pueden seguir trayectorias muy diferentes durante un envejecimiento saludable.

Para llevar a cabo la investigación, el equipo utilizó estudios de neuroimagen para comparar la actividad cerebral de 64 adultos de entre 41 y 80 años con la de 483 adultos jóvenes de entre 17 y 39 años.

Los científicos analizaron específicamente dos sistemas cerebrales: la red selectiva del lenguaje, especializada en procesar información lingüística, y la red de demanda múltiple, que involucra varias regiones cerebrales y está relacionada con funciones ejecutivas.

Durante una prueba de memoria espacial, en la que los participantes tenían que recordar la posición de diferentes cuadrados dentro de una cuadrícula, los investigadores encontraron que la red de demanda múltiple funcionaba de manera menos intensa en los adultos mayores. Además, esta red presentaba una menor extensión y una sincronización más reducida entre sus distintas regiones.

Sin embargo, los resultados fueron diferentes cuando los participantes realizaron tareas relacionadas con el lenguaje. Mientras escuchaban historias o leían oraciones, la actividad de las áreas cerebrales relacionadas con el procesamiento lingüístico fue prácticamente equivalente entre jóvenes y adultos mayores.

Incluso ante palabras desconocidas o estructuras gramaticales poco habituales, ambos grupos mostraron respuestas cerebrales similares.

Evelina Fedorenko, profesora asociada de Ciencias del Cerebro y Cognitivas del MIT y una de las investigadoras principales, explicó que estudios anteriores habían demostrado que las personas jóvenes aumentan la actividad de las regiones lingüísticas cuando encuentran elementos difíciles o inesperados en una oración.

En esta investigación, los adultos mayores mostraron una respuesta similar, lo que sugiere que el cerebro envejecido puede conservar mecanismos fundamentales para comprender y procesar el lenguaje.

Los investigadores señalaron que estos resultados coinciden con estudios anteriores que han encontrado que las habilidades lingüísticas no necesariamente disminuyen con la edad. En algunas personas, incluso pueden mejorar progresivamente.

Una posible explicación es que determinadas capacidades lingüísticas dependen de conocimientos que se acumulan durante toda la vida. El vocabulario, por ejemplo, puede continuar ampliándose a medida que una persona lee, conversa y se expone a nuevas palabras y formas de expresión.

Fedorenko comparó este proceso con un sistema que continúa entrenándose con nuevos datos: cuanto más lenguaje recibe una persona a lo largo de su vida, mayor puede ser su conocimiento lingüístico.

La situación es diferente para la red de demanda múltiple, que no acumula conocimientos de la misma manera. En lugar de almacenar información adquirida durante años, funciona como un recurso flexible que puede utilizarse para resolver diferentes tipos de problemas y realizar diversas tareas cognitivas.

Precisamente esa flexibilidad podría hacer que este sistema sea más susceptible a los efectos del envejecimiento.

Los investigadores señalan que todavía queda por determinar por qué las redes cerebrales encargadas de funciones ejecutivas son más vulnerables al paso del tiempo, mientras que las relacionadas con el lenguaje pueden conservar un funcionamiento relativamente estable.

En conjunto, los resultados sugieren que envejecer no significa necesariamente perder capacidad para utilizar el lenguaje. Mientras algunas funciones cognitivas pueden deteriorarse progresivamente, las habilidades lingüísticas parecen contar con una mayor resistencia al envejecimiento y, en determinados aspectos, pueden continuar desarrollándose durante la vida adulta.

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