— Agencias 27/08/2026
Los tomates son un alimento habitual en ensaladas, guisos, sopas y salsas, pero sus propiedades nutricionales van más allá de las vitaminas y minerales que aportan.
Entre sus componentes más estudiados se encuentra el licopeno, un carotenoide con actividad antioxidante que ha sido investigado por su posible relación con la salud cardiovascular, la protección de la piel y algunos tipos de cáncer.
Diversos estudios observacionales y algunos ensayos clínicos han encontrado asociaciones entre una mayor ingesta o concentración de licopeno y determinados beneficios para la salud. Sin embargo, estos resultados no significan que consumir tomates por sí solo prevenga enfermedades. La evidencia varía según el beneficio estudiado y, en numerosos trabajos, no es posible establecer una relación directa de causa y efecto.
Además, la manera en que se prepara el tomate puede influir en la cantidad de licopeno que el organismo consigue absorber.
1. El licopeno podría estar relacionado con una mejor salud cardiovascular
Una investigación realizada por la Universidad de Finlandia Oriental siguió durante alrededor de 12 años a 1,031 hombres de mediana edad. Los participantes con mayores concentraciones de licopeno en la sangre presentaron un riesgo 55% menor de sufrir un accidente cerebrovascular.
Cuando los investigadores analizaron específicamente los eventos cerebrovasculares de tipo isquémico, la reducción asociada fue de aproximadamente 59%.
Sin embargo, se trató de un estudio observacional. Por lo tanto, sus resultados no permiten demostrar que el licopeno sea directamente responsable de la reducción del riesgo. Aun así, coinciden con otras investigaciones que han encontrado una relación entre dietas con mayor presencia de licopeno y determinados indicadores de salud cardiovascular.
2. Un mayor consumo de tomate se ha asociado con menor riesgo de algunos tipos de cáncer
Los posibles efectos relacionados con el cáncer no parecen ser iguales para todos los tumores. Una de las áreas que más atención ha recibido es el cáncer de próstata.
En estudios prospectivos realizados en profesionales de la salud, los hombres que consumían tomate prácticamente todos los días presentaron un riesgo aproximadamente 28% menor de desarrollar cáncer de próstata en comparación con quienes lo consumían con poca frecuencia.
Otras revisiones también han encontrado asociaciones entre concentraciones más elevadas de licopeno y pequeñas reducciones en el riesgo de determinados resultados relacionados con el cáncer.
Sin embargo, estos estudios no permiten concluir que el tomate o el licopeno sean capaces de prevenir directamente el cáncer.
3. El cáncer de próstata es uno de los principales objetivos de investigación
La posible relación entre el consumo de tomate, el licopeno y el cáncer de próstata ha sido estudiada durante décadas.
Los resultados acumulados sugieren que podría existir un efecto protector, pero la evidencia disponible todavía no permite afirmar que comer tomates evite el desarrollo de este cáncer.
Además, en los estudios observacionales pueden influir otros factores relacionados con el estilo de vida. Las personas que consumen más frutas y verduras, por ejemplo, podrían tener también otros hábitos saludables que influyan en su riesgo de enfermedad.
Por ello, el tomate puede formar parte de una alimentación saludable, pero no sustituye las estrategias de prevención, las pruebas de detección ni el seguimiento médico recomendado.
4. El tomate podría contribuir a proteger la piel frente al daño de los rayos UV
El licopeno también ha sido investigado por su posible capacidad para reducir algunos efectos del daño provocado por la radiación ultravioleta.
En un pequeño ensayo realizado por investigadores de la Universidad de Manchester, se estudió durante 12 semanas el consumo diario de 55 gramos de pasta de tomate, cantidad que proporcionaba aproximadamente 16 miligramos de licopeno.
Las participantes mostraron una mayor resistencia al enrojecimiento provocado por la radiación ultravioleta y una reducción de determinados indicadores de daño en el ADN mitocondrial de las células de la piel.
No obstante, debido al reducido tamaño del estudio, los resultados deben interpretarse con cautela. Además, comer tomate no reemplaza el uso de protector solar, ropa protectora, sombra ni otras medidas de fotoprotección.
5. Cocinar el tomate puede facilitar la absorción del licopeno
La manera de preparar los tomates puede modificar la cantidad de licopeno disponible para el organismo.
El procesamiento y la cocción pueden ayudar a liberar el licopeno de las estructuras celulares del tomate. Además, este compuesto es soluble en grasa, por lo que consumirlo acompañado de una fuente de grasa puede favorecer su absorción.
Por esta razón, preparaciones como una salsa de tomate cocinada con aceite pueden permitir que el organismo aproveche una mayor proporción del licopeno disponible.
6. Algunas salsas de tomate pueden aportar más licopeno que el tomate fresco
La cantidad de licopeno no es igual en todas las presentaciones del tomate.
Durante la elaboración de salsas y otros productos, parte del agua del tomate se elimina, por lo que el compuesto puede quedar más concentrado. Algunos datos nutricionales señalan que medio vaso de salsa de tomate puede contener alrededor de 17 miligramos de licopeno, mientras que un tomate fresco grande puede aportar cerca de 5 miligramos.
Las cantidades reales pueden variar considerablemente dependiendo de la variedad del tomate, el procesamiento, la receta y el producto comercial.
Por ello, no basta con comparar el peso de una porción de tomate fresco con una de salsa: la concentración de nutrientes cambia durante el procesamiento.
7. Consumir más tomate no significa necesariamente obtener mayores beneficios
El hecho de que el licopeno sea objeto de numerosas investigaciones no significa que aumentar indefinidamente el consumo de tomate proporcione una protección cada vez mayor.
La salud cardiovascular y el riesgo de cáncer dependen de numerosos factores, entre ellos la actividad física, el peso corporal, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la calidad general de la alimentación y los antecedentes familiares.
Además, una parte importante de la evidencia disponible sobre el licopeno procede de estudios observacionales.
Por eso, lo más razonable es incluir tomates con regularidad dentro de una alimentación variada y equilibrada, en lugar de considerarlos un alimento medicinal.
8. La evidencia sobre el licopeno es prometedora, pero todavía tiene limitaciones
Las revisiones científicas que han analizado las concentraciones de licopeno en sangre y diferentes resultados relacionados con el cáncer han encontrado reducciones relativas generalmente modestas, de aproximadamente 5% a 11%, dependiendo del resultado estudiado.
También se han observado asociaciones potencialmente favorables con algunos desenlaces específicos, incluida la mortalidad relacionada con determinados tipos de cáncer.
Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con precaución. Encontrar una asociación entre niveles elevados de licopeno y un menor riesgo de enfermedad no demuestra que el licopeno sea la causa de esa reducción.
Se necesitan investigaciones adicionales para determinar con mayor precisión qué efectos puede tener el compuesto y en qué circunstancias.
9. El tomate es saludable, pero forma parte de un conjunto de buenos hábitos
Los tomates pueden incorporarse fácilmente a la alimentación diaria mediante ensaladas, sopas, guisos, salsas o simplemente consumiéndolos frescos.
Su contenido de licopeno y otros nutrientes los convierte en una opción interesante dentro de una dieta saludable. Además, determinados métodos de preparación pueden favorecer la disponibilidad del licopeno.
Sin embargo, la evidencia científica actual no permite considerar al tomate como un tratamiento contra el cáncer, las enfermedades cardiovasculares o el daño provocado por el sol.
Sus posibles beneficios deben entenderse como parte de un patrón de alimentación saludable y de un estilo de vida equilibrado, no como una garantía individual de prevención de enfermedades.
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