¿Tu hijo despierta empapado de sudor? Descubre cuándo es normal

— Agencias 26/08/2026

Encontrar a un niño con la pijama o las sábanas húmedas después de dormir puede generar preocupación, especialmente si ocurre con frecuencia. Sin embargo, sudar durante la noche no siempre significa que exista un problema de salud.

El calor en la habitación, demasiadas cobijas o una pijama demasiado gruesa pueden provocar sudoración como parte de la regulación normal de la temperatura corporal.

La situación merece mayor atención cuando el sudor es muy abundante, se repite con frecuencia y aparece incluso cuando el dormitorio está fresco, particularmente si está acompañado de otros síntomas.

Los llamados sudores nocturnos se caracterizan por episodios de sudoración intensa durante el sueño que pueden llegar a empapar la ropa o la ropa de cama. Sus causas pueden ser diversas y no necesariamente indican una enfermedad grave.

¿Cuáles son las causas de los sudores nocturnos?

Antes de pensar en una enfermedad, es importante revisar las condiciones en las que duerme el menor. Una habitación demasiado caliente, exceso de cobijas o ropa para dormir muy abrigadora pueden explicar la sudoración.

También es posible que el niño esté atravesando una infección acompañada de fiebre, lo que puede modificar temporalmente su temperatura corporal.

Entre otras posibles causas se encuentran infecciones, alteraciones de la tiroides, algunas enfermedades autoinmunitarias, determinados medicamentos y trastornos del sueño, como la apnea obstructiva del sueño.

Que un niño sude por las noches no significa que necesariamente padezca alguna de estas condiciones. Para conocer la causa es necesario considerar sus síntomas, antecedentes y, cuando corresponda, realizar una valoración médica.

¿Qué deben observar los padres?

Algunos aspectos pueden ayudar a determinar si la sudoración está relacionada simplemente con el calor o si requiere una revisión médica:

¿El niño suda incluso cuando la habitación está fresca? ¿La ropa o las sábanas quedan completamente mojadas? ¿Los episodios ocurren durante varias noches? ¿Presenta fiebre? ¿Ha perdido peso o le cuesta aumentar de peso? ¿Tiene tos persistente? ¿Ronca o presenta dificultades para respirar mientras duerme?

Registrar estos datos puede ser útil al momento de comentarlos con el pediatra.

Sudoración nocturna y apnea del sueño

La apnea obstructiva del sueño es otra posible causa de sudoración nocturna en los niños. Se produce cuando las vías respiratorias se estrechan o se bloquean durante el sueño, provocando interrupciones en la respiración.

Además de sudar, un menor con este trastorno puede presentar ronquidos, pausas respiratorias, sueño inquieto, jadeos, tos, atragantamiento o respiración por la boca.

Las amígdalas y adenoides aumentadas de tamaño son factores frecuentes relacionados con este problema. El exceso de peso también puede incrementar el riesgo, particularmente en adolescentes.

Es importante tener en cuenta que los niños pequeños no siempre roncan cuando tienen apnea del sueño. En algunos casos, los padres pueden notar principalmente que duermen de manera inquieta o presentan alteraciones durante el descanso.

Durante el día pueden aparecer señales como problemas de concentración, dificultades escolares, cambios de comportamiento, dolor de cabeza matutino o un crecimiento insuficiente.

Cuando existe sospecha de apnea, el pediatra puede realizar una evaluación física y revisar los antecedentes y síntomas. En determinados casos puede ser necesario realizar una polisomnografía, estudio nocturno que permite analizar la respiración, los ronquidos, la oxigenación, la frecuencia cardiaca y otros parámetros durante el sueño.

¿Cuándo deben preocupar los sudores nocturnos?

La sudoración merece una evaluación más detallada cuando es intensa, recurrente y no existe una explicación evidente, sobre todo si aparece junto con otros síntomas.

Algunas señales que conviene comunicar al pediatra son:

Sudoración que empapa repetidamente la ropa o la cama. Episodios que ocurren aunque el dormitorio esté fresco. Fiebre persistente o que reaparece. Pérdida de peso o dificultad para ganar peso. Tos prolongada. Cansancio fuera de lo habitual. Ronquidos frecuentes. Pausas en la respiración durante el sueño. Jadeos o dificultad para respirar mientras duerme.

La presencia de estos síntomas no significa automáticamente que el niño tenga una enfermedad grave, pero sí puede justificar una valoración médica para determinar qué está provocando la sudoración.

En especial, los ronquidos frecuentes, las pausas respiratorias y el sueño muy agitado deben comentarse con el pediatra, ya que pueden ser señales de apnea obstructiva del sueño.

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