6 hábitos comunes que podrían estar alimentando tu ansiedad

— Agencias 26/08/2026

La ansiedad no siempre tiene un desencadenante claramente identificable. En algunos casos, ciertas conductas cotidianas pueden mantener al organismo en un estado de alerta y dificultar que las preocupaciones disminuyan.

Revisar el celular constantemente, dormir mal, evitar aquello que genera incomodidad o buscar tranquilidad mediante comprobaciones repetidas pueden producir alivio inmediato, pero también contribuir a mantener el ciclo de ansiedad.

Esto no significa que la persona sea responsable de su ansiedad ni que cambiar determinados hábitos sustituya la atención profesional. Sin embargo, reconocer estos patrones puede ser un primer paso para intentar modificarlos.

1. Revisar constantemente el teléfono

Consultar mensajes, redes sociales o noticias cada pocos minutos mantiene la atención expuesta de manera continua a nuevos estímulos. Las notificaciones, además, pueden interrumpir la concentración y el descanso.

Si recurres al teléfono cada vez que sientes aburrimiento, incertidumbre o nerviosismo, puede ser útil establecer horarios específicos para revisarlo y desactivar las notificaciones que no sean necesarias.

2. Buscar continuamente que otras personas te tranquilicen

Preguntar una y otra vez a familiares, amigos o pareja si todo está bien puede generar una sensación inmediata de alivio.

El problema aparece cuando necesitas recibir esa confirmación repetidamente para sentirte tranquilo. En esos casos, aprender a tolerar cierta incertidumbre puede resultar más útil que intentar obtener garantías constantes de que nada malo sucederá.

3. Evitar todo aquello que provoca ansiedad

Alejarte de una situación que te produce miedo puede hacer que te sientas mejor momentáneamente. Sin embargo, cuando la evitación se convierte en una estrategia habitual, puede reforzar la percepción de que aquello que temes es peligroso o que no serías capaz de enfrentarlo.

En algunos trastornos de ansiedad, los profesionales utilizan técnicas terapéuticas específicas para trabajar de manera gradual con las situaciones que la persona suele evitar.

4. Mantener horarios de sueño completamente irregulares

Dormir poco o acostarte y levantarte a horas muy diferentes puede afectar el estado de ánimo, la concentración y la capacidad para afrontar el estrés.

No es necesario establecer una rutina perfecta de inmediato. Mantener horarios relativamente estables, disminuir el uso de pantallas antes de acostarse y procurar un ambiente adecuado para dormir puede favorecer un descanso de mayor calidad.

5. Consumir demasiada cafeína

El café, las bebidas energéticas, algunos tés y determinados suplementos contienen cafeína, que puede provocar nerviosismo, temblores, palpitaciones e insomnio, especialmente en personas sensibles.

Además, estas sensaciones pueden confundirse con síntomas de ansiedad o intensificar la sensación de estar en alerta. Si notas que tus síntomas empeoran después de consumir cafeína, reducir su cantidad de manera gradual puede ser una opción.

6. Intentar controlar absolutamente todos los detalles

Organizar y planificar puede ser beneficioso, pero tratar de anticipar todos los escenarios posibles puede convertirse en una fuente permanente de preocupación.

Preguntas como “¿y si ocurre algo?” pueden llevar a revisar, planificar y analizar una situación una y otra vez. La ansiedad puede mantenerse cuando existe una necesidad constante de obtener una certeza absoluta, algo que en la vida cotidiana no siempre es posible.

¿Tener estos hábitos significa que tienes un trastorno de ansiedad?

No necesariamente.

La preocupación y el nerviosismo ocasionales forman parte de la vida normal. Un trastorno de ansiedad implica síntomas persistentes o excesivos que generan un impacto significativo en áreas como el trabajo, las relaciones, el sueño o las actividades cotidianas.

Por eso, presentar uno o varios de estos comportamientos no es suficiente para establecer un diagnóstico.

¿Qué puedes hacer para empezar a cambiar estos patrones?

No es necesario intentar modificar todo al mismo tiempo. Puede ser más práctico comenzar con una conducta:

Establecer momentos específicos para revisar el teléfono. Reducir la cafeína si notas que aumenta el nerviosismo. Mantener horarios de sueño relativamente constantes. Identificar las situaciones que estás evitando. Practicar respiración lenta o alguna técnica de relajación. Cuestionar la necesidad de obtener tranquilidad o certeza constantemente. Buscar ayuda profesional si la ansiedad persiste o comienza a interferir con tu vida.

La meta no es eliminar toda preocupación, sino evitar que determinadas conductas terminen alimentándola y aprender progresivamente a responder de otra manera.

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