— Agencias 25/08/2026
Los niños que atraviesan la pérdida de uno de sus progenitores presentan aproximadamente el doble de riesgo de desarrollar problemas de salud mental en comparación con aquellos que viven con ambos padres, según los resultados de un nuevo estudio.
La pérdida parental, ya sea por fallecimiento, encarcelamiento, separación o divorcio, está relacionada con un aumento considerable de los problemas de salud mental durante la infancia y la adolescencia, informaron investigadores en el Australian Journal of Psychology.
En términos generales, cerca del 22 % de los niños que habían perdido a uno de sus progenitores desarrollaron algún trastorno mental diagnosticable, frente al 11 % de quienes vivían con ambos padres.
El riesgo fue particularmente elevado entre los menores cuyo progenitor había fallecido. En este grupo, más de uno de cada cuatro niños presentó depresión, ansiedad, TDAH u otros trastornos de salud mental. Por otro lado, alrededor del 20 % de los niños cuyos padres se habían separado o divorciado también desarrollaron algún problema de este tipo.
La investigadora principal, Lauren Breen, profesora de salud poblacional de la Universidad Curtin en Australia, señaló que la pérdida de un progenitor es una experiencia más frecuente de lo que muchas personas podrían pensar y tiene consecuencias claras sobre el bienestar psicológico de los niños.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores analizaron información procedente de encuestas nacionales realizadas a más de 6,300 hogares australianos con niños de entre 4 y 17 años. Casi el 38 % de los menores no vivía con sus dos progenitores biológicos.
La separación o el divorcio fueron las causas más frecuentes de pérdida de la convivencia con uno de los padres, seguidas por el fallecimiento de un progenitor y las situaciones en las que uno de ellos se encontraba bajo custodia.
Al analizar los diferentes tipos de pérdida, aproximadamente 29 % de los niños que habían perdido a un progenitor por fallecimiento desarrollaron algún problema de salud mental. La proporción fue del 22 % entre aquellos cuyo progenitor se encontraba bajo custodia y del 20 % entre los que habían experimentado la separación de sus padres.
El impacto fue todavía más pronunciado entre los niños pequeños. Entre los menores de 4 a 11 años que perdieron a un progenitor por fallecimiento, más del 38 % desarrolló algún trastorno de salud mental.
Breen destacó que las consecuencias pueden ser especialmente importantes durante los primeros años de vida. Los resultados respaldan investigaciones previas que consideran la pérdida de un progenitor como una de las experiencias más difíciles que puede enfrentar un niño y que la relacionan con un mayor riesgo de problemas psicológicos.
Shelly Skinner, fundadora y directora ejecutiva de Lionheart Camp for Kids, una organización australiana que brinda apoyo a niños y familias en duelo, explicó que la pérdida de un progenitor puede aumentar la vulnerabilidad de los menores frente a las dificultades propias del crecimiento.
Según Skinner, los niños y adolescentes que atraviesan estas experiencias pueden presentar ansiedad, conductas de riesgo y problemas de salud mental o física. Sin embargo, enfatizó que no todos los niños que experimentan la muerte de un familiar desarrollarán problemas a largo plazo. Muchos logran superar el duelo y llevar una vida saludable y productiva, aunque cada familia puede necesitar diferentes formas de apoyo.
Uno de los principales problemas identificados por los investigadores es que muchas familias enfrentan dificultades para acceder a servicios de ayuda. Las largas listas de espera, los costos elevados y la falta de información sobre dónde buscar atención pueden impedir que los niños reciban apoyo oportunamente.
Por ello, los investigadores consideran necesario mejorar la identificación temprana de los menores que atraviesan una pérdida parental y garantizar que tengan acceso a servicios de salud mental basados en evidencia, programas de apoyo familiar y vías de atención más eficientes.
Breen concluyó que reconocer qué tan frecuente es la pérdida parental constituye solo el primer paso. El siguiente desafío consiste en identificar rápidamente a los niños afectados y conectarlos con el apoyo que necesitan para afrontar el duelo y reducir el riesgo de consecuencias psicológicas a largo plazo.
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