— Valeria Moy 25/08/2026
El tipo de cambio es, antes que cualquier otra cosa, un precio, el precio de una moneda en términos de otra. Como todo precio, responde a la oferta y a la demanda de ambas monedas. Desde hace algunas semanas, desde el punto de vista del dólar estadounidense, este precio se mueve en una sola dirección. El dólar se ha estado debilitando no solo frente al peso, sino frente a casi todas las monedas relevantes.
El termómetro más citado para medir la salud del dólar es el índice DXY, que compara al dólar contra una canasta de seis divisas de economías avanzadas. Ese índice rondaba los 109 puntos hace apenas año y medio. Hoy se mueve por debajo de 98. Ojalá hubiera un solo factor que explicara la disminución en el valor del índice, pero en realidad se trata de una acumulación de factores: un mercado laboral que empieza a complicarse, lecturas de inflación diversas, en algunos casos más benignas de lo esperado, y una Reserva Federal que ha dado poca orientación sobre los pasos que seguirá, lo que añade confusión a cada dato publicado. Los futuros de tasas de interés ya reflejan una probabilidad menor de que la Fed suba la tasa en la reunión de septiembre, de casi 60% a cerca de 35% tras el reporte de empleo.
A eso se suma un fenómeno más complejo aún. El argumento de "vender Estados Unidos" por la desconfianza hacia los activos en dólares que surgió el año pasado y que ahora se nutre de dudas sobre la independencia de la Fed, los rendimientos de los bonos de largo plazo y de las múltiples y cambiantes tensiones geopolíticas incide en el precio. El oro, el activo refugio desde siempre, ronda los 4,400 dólares por onza.En ese contexto, el peso mexicano no es una anomalía. Es de las monedas emergentes que más se apreciado en el año, apoyado también en un diferencial de tasas frente a Estados Unidos. El superpeso de 2024 vuelve a aparecer. En este caso, no es propiamente la fortaleza de la moneda mexicana, sino la debilidad del dólar estadounidense lo que ha hecho que esté cotizando por debajo de los 17 pesos en los últimos días.
Este precio no refleja condiciones estructurales de la economía mexicana y sí genera, en cambio, complicaciones en un país con un sector exportador muy profundo. Como con cualquier precio, un peso caro genera ganadores y perdedores. Ganan los que importan. Necesitan menos pesos para comprar cada dólar. Ganan también los que tienen compromisos a pagar en dólares. Gana el consumidor a quien viajar y comprar bienes importados le saldrá más barato.
Para los exportadores, la lógica es la contraria. Por cada dólar que reciben obtienen menos pesos a cambio. Sus costos se han incrementado y encarecido el empleo ligado a las cadenas productivas del centro y norte del país. En una economía en la que las exportaciones pesan tanto, un peso demasiado fuerte no es una buena noticia. El incremento agregado en las exportaciones es resultado de los cambios geopolíticos que se están dando. No refleja una economía barata, sino una economía que ha resultado beneficiada de los aranceles impuestos a los demás.
Convendría no confundir la fortaleza del peso con una fortaleza intrínseca de la economía. Es, en este momento sobre todo, reflejo de un dólar débil y los precios que dependen de fuerzas externas pueden revertirse con la misma rapidez con la que llegaron.
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