— Agencias 23/08/2026
La relación entre el estrés parental y el tiempo que los niños pasan frente a dispositivos electrónicos ha cobrado mayor relevancia en el ámbito del bienestar familiar.
Las exigencias laborales, las dificultades económicas, la sobrecarga mental y las responsabilidades de cuidado pueden llevar a que madres, padres y cuidadores recurran a las pantallas como una herramienta para entretener a los hijos, tranquilizarlos o disponer de algunos minutos para resolver otras tareas.
Más que analizar únicamente cuántas horas pasan los niños frente a una pantalla, investigaciones recientes plantean observar por qué, cuándo y en qué circunstancias se utiliza. Un estudio realizado por la Florida International University con 822 cuidadores de niños de entre 4 y 8 años encontró que mayores niveles de estrés parental se relacionaban con un uso más frecuente de dispositivos para calmar o entretener a los menores y con una menor constancia para establecer límites.
El estrés puede dificultar los límites
La investigación, publicada en Family Relations, distinguió diferentes tipos de estrés. Los adultos que experimentaban mayor angustia emocional tenían más dificultades para mantener reglas consistentes sobre el tiempo de pantalla, mientras que quienes se sentían sobrepasados por el comportamiento de sus hijos tendían a recurrir con mayor frecuencia a los dispositivos durante situaciones complicadas.
Los investigadores señalan que esto no significa que las pantallas sean perjudiciales por sí mismas ni que deban eliminarse por completo. En determinados hogares pueden constituir un recurso práctico. La recomendación es prestar atención también al tipo de contenido, al contexto en que se consume y a la manera en que se integra en la rutina familiar.
Este enfoque coincide con las recomendaciones de la Academia Estadounidense de Pediatría, que propone considerar la calidad del contenido y su impacto sobre el desarrollo infantil, además del tiempo total de exposición.
Una carga que afecta a toda la familia
El estrés parental tiene múltiples causas. Entre ellas aparecen las preocupaciones económicas, falta de tiempo, problemas de salud y seguridad, aislamiento social, dificultades relacionadas con la tecnología y presiones culturales.
Esta sobrecarga puede repercutir en la manera en que los adultos interactúan con sus hijos. Cuando el nivel de tensión es elevado, pueden disminuir la paciencia y aumentar las respuestas disciplinarias más severas, lo que puede favorecer confusión, retraimiento o conductas problemáticas en los niños.
Los menores también pueden percibir el estado emocional de los adultos. La exposición constante a un ambiente de tensión puede asociarse con alteraciones en el estado de ánimo, sueño, comportamiento, relaciones familiares y desempeño escolar.
El estrés de los padres también puede afectar el desarrollo infantil
Diversas investigaciones han encontrado asociaciones entre el estrés parental y problemas emocionales o conductuales en niños en edad escolar. También se ha observado que un mayor nivel de estrés cotidiano puede relacionarse con más afecto negativo de los padres y menor participación estructurada en las interacciones con sus hijos.
Esto sugiere que el impacto del estrés puede aparecer en aspectos aparentemente pequeños de la convivencia: el tono de voz, la paciencia, la disponibilidad para escuchar o la capacidad de acompañar emocionalmente al niño.
Por ello, establecer límites sobre las pantallas es solo una parte de la solución. También resulta importante atender la situación emocional de quienes cuidan a los menores.
Qué puede ayudar
Un enfoque familiar más saludable puede incluir:
Establecer reglas de uso de pantallas que sean realistas y consistentes. Priorizar contenidos apropiados y de calidad. Evitar que los dispositivos se conviertan en la única estrategia para manejar las emociones o conductas difíciles. Reservar momentos sin pantallas para comer, conversar y convivir. Buscar apoyo cuando el estrés de los cuidadores se vuelve difícil de manejar. Recordar que recurrir ocasionalmente a una pantalla para ganar tiempo no convierte a un padre o cuidador en irresponsable. Trabajar también en las causas de la sobrecarga adulta, no únicamente en el comportamiento del niño.
En definitiva, la evidencia apunta a que el uso de pantallas en la infancia debe entenderse dentro del contexto familiar. Reducir mecánicamente las horas de exposición puede ser menos efectivo que combinar límites razonables con contenidos adecuados y, sobre todo, con estrategias que ayuden a disminuir el estrés de madres, padres y cuidadores.
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