— Agencias 23/08/2026
Durante los meses fríos suele aumentar la circulación de virus respiratorios, por lo que algunas infecciones como la gripe, los resfriados, la bronquiolitis, la faringitis y la neumonía pueden adquirir mayor presencia.
El riesgo de complicaciones es especialmente importante en niños pequeños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades crónicas o sistemas inmunitarios debilitados.
La prevención no depende de una sola medida. La combinación de higiene, ventilación, vacunación y hábitos saludables puede ayudar a disminuir la transmisión y la gravedad de algunas enfermedades.
1. Lavarse las manos con frecuencia
El lavado de manos con agua y jabón es una de las medidas más sencillas para reducir la propagación de microorganismos. Cuando no existe acceso inmediato a agua y jabón, puede utilizarse una solución a base de alcohol.
También es recomendable evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca con las manos sin lavar, ya que estas zonas pueden facilitar la entrada de microorganismos al organismo.
2. Mantener los espacios ventilados
Durante el invierno es común mantener las ventanas cerradas durante largos periodos, pero esto puede favorecer la acumulación de partículas respiratorias en lugares interiores.
Abrir las ventanas y renovar periódicamente el aire ayuda a disminuir la concentración de partículas potencialmente infecciosas, especialmente cuando varias personas permanecen juntas durante mucho tiempo.
Esto adquiere particular importancia en hogares, aulas, oficinas y otros espacios con poca circulación de aire.
3. Cubrirse al toser o estornudar
Al toser o estornudar es preferible utilizar un pañuelo desechable o cubrirse con el pliegue del codo, en lugar de hacerlo directamente con las manos.
Si se utiliza un pañuelo, debe desecharse inmediatamente y posteriormente realizar una adecuada higiene de manos. Estas medidas ayudan a reducir la dispersión de secreciones respiratorias.
4. Evitar el contacto cercano con personas enfermas
Cuando alguien presenta tos, fiebre, congestión u otros síntomas respiratorios, reducir el contacto estrecho puede disminuir la posibilidad de transmisión.
También es recomendable que las personas enfermas permanezcan en casa cuando sea posible, particularmente durante los primeros días del cuadro, para evitar contagiar a compañeros de trabajo, familiares o compañeros de escuela.
La precaución es todavía más importante cuando existe convivencia con personas vulnerables.
5. No compartir vasos, cubiertos ni botellas
Compartir objetos que entran en contacto con la boca puede facilitar el intercambio de secreciones.
Por ello, durante periodos de elevada circulación viral conviene utilizar vasos, cubiertos, botellas y otros objetos personales de manera individual, especialmente en hogares con personas enfermas o en ambientes escolares.
6. Mantener hábitos saludables y las vacunas al día
La prevención también incluye cuidar aspectos generales de la salud, como:
Dormir adecuadamente. Mantener una alimentación equilibrada. Mantener una hidratación suficiente. Realizar actividad física de manera regular. Evitar el tabaquismo. Mantener las vacunas recomendadas actualizadas.
La vacunación contra la influenza es particularmente importante para los grupos con mayor riesgo de complicaciones. También existen vacunas destinadas a prevenir algunas otras infecciones que pueden causar neumonía.
¿Quiénes deben tener especial precaución?
Entre las personas con mayor riesgo de desarrollar complicaciones por infecciones respiratorias se encuentran:
Mayores de 65 años. Niños pequeños, especialmente menores de 5 años. Embarazadas. Personas con enfermedades crónicas. Personas con inmunosupresión.
En estos grupos, un cuadro que inicialmente parece leve puede evolucionar de manera más complicada, por lo que es importante vigilar la aparición de síntomas de alarma.
¿Cuándo consultar en el caso de los niños?
En los menores es importante prestar atención a signos como dificultad para respirar, respiración rápida, silbidos al respirar, decaimiento importante, fiebre persistente o rechazo del alimento.
En los bebés pequeños, especialmente, una infección respiratoria puede progresar con mayor rapidez. La dificultad respiratoria o un deterioro evidente del estado general justifican una valoración médica oportuna.
La prevención funciona mejor como conjunto
Ninguna medida elimina por completo el riesgo de contagio. Sin embargo, combinar lavado de manos, ventilación, higiene respiratoria, evitar contactos estrechos durante la enfermedad, no compartir objetos personales, vacunación y hábitos saludables permite reducir las oportunidades de transmisión y proteger especialmente a quienes tienen mayor riesgo de complicaciones.
La clave durante la temporada de mayor circulación viral no es obsesionarse con una sola medida, sino mantener de manera constante varias estrategias sencillas de prevención.
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