— Agencias 23/08/2026
Cumplir años permite saber cuánto tiempo ha pasado desde el nacimiento, pero esta cifra no necesariamente refleja el estado real del organismo.
El envejecimiento biológico puede avanzar a distintas velocidades dependiendo del tejido, por lo que una persona puede tener algunos órganos con mayores señales de desgaste que otros.
Una investigación basada en inteligencia artificial analizó 25 mil 712 imágenes microscópicas de tejidos obtenidos de 983 donantes fallecidos. En total, las muestras correspondieron a 40 tipos de tejido distribuidos en 29 órganos.
El equipo, liderado por André Rendeiro y con Ernesto Abila, Iva Buljan y Yimin Zheng como coprimeros autores, utilizó estas imágenes para entrenar un algoritmo capaz de identificar cambios microscópicos relacionados con el envejecimiento.
El objetivo fue desarrollar una herramienta que permitiera estimar la edad biológica de distintos órganos y compararla con la edad cronológica de una persona.
El organismo no envejece de manera uniforme
Uno de los principales hallazgos fue que el envejecimiento no necesariamente ocurre al mismo ritmo en todo el cuerpo. Por ello, conocer la edad cronológica de una persona no permite determinar por sí sola qué tan envejecido se encuentra cada uno de sus órganos.
Entre las modificaciones observadas en los tejidos se encontraron una menor densidad de pequeños vasos sanguíneos, fibrosis, reducción del tamaño y volumen funcional de algunos tejidos, acumulación de grasa y deterioro o pérdida de fibras nerviosas.
Estos cambios permitieron al sistema de inteligencia artificial reconocer patrones asociados con el paso del tiempo y generar una estimación de la edad biológica de diferentes tejidos.
Las estimaciones obtenidas mediante las características morfológicas presentaron una diferencia promedio de aproximadamente cinco años respecto a la edad cronológica de los donantes.
Más allá de determinar si un órgano aparenta ser más joven o más viejo, el hallazgo sugiere que distintas partes del organismo pueden acumular señales de envejecimiento a velocidades diferentes.
Algunos órganos pueden envejecer más rápido que otros
El análisis identificó dos patrones principales. En algunas personas, las señales de envejecimiento aparecían de manera relativamente generalizada en distintos órganos, fenómeno que los investigadores describieron como envejecimiento sistémico.
En otros individuos, el deterioro parecía concentrarse principalmente en órganos específicos. Así, órganos como el corazón, los pulmones o el estómago podían presentar una edad biológica superior a la observada en otras partes del mismo organismo.
Este resultado cuestiona la idea de que una sola cifra pueda representar de manera precisa el envejecimiento de todo el cuerpo.
Una persona puede tener determinada edad cronológica y, al mismo tiempo, presentar órganos con diferentes niveles de desgaste. Por ello, utilizar únicamente un concepto general de "edad biológica" podría no ser suficiente para describir el estado de cada sistema corporal.
¿Es posible estudiar los órganos sin realizar biopsias?
Uno de los principales desafíos para trasladar este tipo de investigación a personas vivas consiste en observar directamente la estructura microscópica de los órganos.
Las biopsias pueden proporcionar información detallada de determinados tejidos, pero realizar múltiples biopsias para evaluar diferentes órganos no sería un procedimiento viable como método habitual para estudiar el envejecimiento.
Por esta razón, los investigadores exploraron la posibilidad de utilizar información obtenida mediante análisis de sangre.
Para ello, relacionaron las características microscópicas de los tejidos con patrones de actividad genética identificados en muestras sanguíneas de los mismos donantes.
La intención era determinar si las señales presentes en la sangre podían utilizarse como indicadores indirectos de los procesos de envejecimiento observados dentro de los tejidos.
El modelo no obtiene una imagen directa del órgano a partir de la sangre. En cambio, utiliza las relaciones aprendidas durante el entrenamiento para estimar la diferencia entre la edad biológica de un órgano y la edad cronológica.
Posteriormente, se desarrolló un segundo modelo computacional que utilizaba únicamente información procedente de muestras sanguíneas.
La sangre permitió estimar el envejecimiento de algunos sistemas
El modelo basado en sangre mostró capacidad para realizar estimaciones relacionadas con tres aspectos: el envejecimiento biológico general del organismo, el estado de envejecimiento del sistema digestivo y el desgaste del bazo.
El resultado es relevante porque plantea la posibilidad de obtener información sobre procesos que ocurren en tejidos internos mediante una muestra relativamente sencilla de obtener.
Sin embargo, esto no significa que actualmente exista un análisis de sangre capaz de determinar con precisión la edad biológica de todos los órganos.
Se trata de una aproximación experimental que todavía necesita pasar por nuevas etapas de investigación y validación antes de poder considerarse una herramienta clínica.
La brecha de edad también se relacionó con algunas enfermedades
Para evaluar si las estimaciones obtenidas mediante inteligencia artificial podían relacionarse con enfermedades específicas, los investigadores analizaron información sanguínea de personas sanas y de pacientes con ocho condiciones médicas.
El concepto utilizado fue la denominada "brecha de edad", que representa la diferencia entre la edad biológica estimada y la edad cronológica.
Los investigadores encontraron que algunos órganos presentaban una brecha de edad mayor en personas afectadas por determinadas enfermedades.
Por ejemplo, en pacientes con accidente cerebrovascular se observó una mayor brecha de edad biológica en el cerebro. En personas con enfermedad de Alzheimer, el cerebro fue el único órgano que mostró un incremento significativo en este indicador.
En pacientes con enfermedad de Crohn también se identificaron diferencias en distintas partes del sistema digestivo, entre ellas el esófago, el estómago, el intestino delgado y el colon.
Estos resultados sugieren que las muestras sanguíneas pueden contener señales relacionadas con procesos que ocurren dentro de los tejidos. Sin embargo, no demuestran que un órgano biológicamente más envejecido sea necesariamente la causa de una enfermedad.
Envejecimiento acelerado y enfermedad no significan necesariamente causalidad
Una de las principales precauciones al interpretar estos resultados es que encontrar una asociación entre la edad biológica de un órgano y una enfermedad no demuestra una relación de causa y efecto.
Es posible que el envejecimiento acelerado de un tejido contribuya al desarrollo de una enfermedad, pero también puede suceder que la propia enfermedad provoque cambios que hagan que el órgano parezca biológicamente más envejecido.
Otra posibilidad es que ambos fenómenos sean consecuencia de mecanismos biológicos comunes.
Por esta razón, los resultados deben entenderse como una asociación y no como una prueba de que una mayor edad biológica provoque directamente una enfermedad determinada.
La inteligencia artificial busca perfeccionar los relojes biológicos
Esta investigación forma parte de un campo científico que lleva años intentando desarrollar métodos capaces de medir el envejecimiento biológico.
Anteriormente se han utilizado análisis de sangre y proteínas circulantes para intentar calcular la edad de diferentes órganos. También se han desarrollado investigaciones que relacionan ciertos indicadores de envejecimiento cerebral con el riesgo de presentar determinados problemas de salud.
Sin embargo, las pruebas comerciales de edad biológica disponibles actualmente pueden ofrecer resultados diferentes entre sí, lo que dificulta establecer un método universal para su utilización médica.
La estrategia desarrollada por el equipo de Rendeiro busca partir de una referencia más concreta: los cambios estructurales observados directamente en los tejidos.
Primero, el sistema fue entrenado mediante imágenes microscópicas y después se buscó establecer una relación entre esas características y las señales presentes en la sangre.
De esta manera, el modelo intenta determinar qué señales sanguíneas se relacionan con cambios reales en la arquitectura de los tejidos.
¿Puede utilizarse ya esta tecnología en hospitales?
Por ahora, no. Aunque los resultados representan un avance en la investigación sobre el envejecimiento, todavía existen importantes obstáculos antes de que una herramienta de este tipo pueda utilizarse de manera rutinaria en hospitales.
Una de las principales limitaciones es que buena parte de las muestras de tejido utilizadas procedían de personas fallecidas. Por ello, todavía es necesario determinar qué tan bien funciona el modelo cuando se aplica a personas vivas.
Además, el estudio no realizó un seguimiento de los mismos individuos durante varios años para observar directamente cómo cambiaban sus órganos con el paso del tiempo.
Otro aspecto pendiente es determinar si el modelo basado en sangre puede detectar de manera confiable una enfermedad antes de que aparezcan síntomas o exista un diagnóstico médico.
Para evaluar una posible aplicación clínica serían necesarios estudios prospectivos de largo plazo, investigaciones con poblaciones diferentes y nuevas pruebas que permitan confirmar la precisión y reproducibilidad de las estimaciones.
También sería necesaria la correspondiente evaluación y autorización de los organismos reguladores antes de utilizar una herramienta de este tipo como prueba diagnóstica.
Su posible aplicación clínica todavía podría tardar años
Convertir este tipo de investigación en una herramienta utilizada habitualmente en medicina podría requerir varios años.
Antes tendría que demostrarse que las predicciones son consistentes, determinar qué utilidad concreta tendría conocer la edad biológica de un órgano y comprobar si esta información realmente mejora la prevención, detección o tratamiento de enfermedades.
Además, los investigadores André Rendeiro, Ernesto Abila, Iva Buljan y Yimin Zheng declararon intereses financieros relacionados con una solicitud de patente vinculada con los hallazgos y los algoritmos desarrollados durante el trabajo.
Esta información no invalida automáticamente los resultados, pero debe considerarse como parte del contexto al evaluar la investigación y sus posibles aplicaciones.
Un nuevo enfoque para comprender el envejecimiento
La posibilidad de que cada órgano envejezca a un ritmo diferente plantea una perspectiva novedosa para estudiar el envejecimiento y la prevención de enfermedades.
En lugar de considerar al cuerpo como una estructura que envejece de manera uniforme, esta investigación plantea que el corazón, el cerebro, los pulmones, el sistema digestivo y otros órganos pueden acumular cambios a velocidades distintas.
La inteligencia artificial podría ayudar a identificar y clasificar estos patrones, especialmente si en el futuro logra establecer relaciones más precisas entre las señales presentes en la sangre y los cambios estructurales de los tejidos.
Sin embargo, todavía es necesario demostrar si conocer la brecha de edad biológica de un órgano permite predecir enfermedades con suficiente precisión como para cambiar la atención médica.
Por ahora, estos resultados representan una línea prometedora de investigación, pero no constituyen todavía una prueba clínica capaz de revelar con certeza la edad de cada órgano de una persona.
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