¿Ayudan los perros a los adolescentes a sobrellevar el estrés social?

— Agencias 20/08/2026

Aunque suele decirse que el perro es el mejor amigo de los niños, una nueva investigación sugiere que la relación entre un adolescente y su mascota puede tener efectos diferentes dependiendo de cómo perciba ese vínculo, especialmente cuando enfrenta ansiedad social.

El estudio, publicado el 17 de agosto en Journal of Adolescence, encontró que los adolescentes con altos niveles de ansiedad social pueden manejar mejor el estrés cuando consideran a su perro como un compañero cercano y querido. Sin embargo, cuando perciben al animal como un sustituto de las relaciones humanas, pueden recurrir con mayor frecuencia a estrategias poco saludables, como evitar situaciones, quedarse atrapados en pensamientos negativos o desconectarse emocionalmente.

Megan Mueller, investigadora principal y directora del Laboratorio de Mascotas y Bienestar de la Universidad Tufts, explicó que los perros pueden funcionar como un punto de conexión entre la familia y los amigos. Aunque no reemplazan a los padres, forman parte del entorno familiar y pueden proporcionar compañía, consuelo y apoyo emocional.

Para analizar esta relación, los investigadores estudiaron las respuestas de más de 500 adolescentes estadounidenses de entre 13 y 17 años, junto con información proporcionada por sus padres. Todos los participantes presentaban niveles elevados de ansiedad social y respondieron preguntas sobre su relación con sus perros y las maneras en que enfrentaban el estrés relacionado con sus compañeros.

Nicole Mason, investigadora principal del estudio y estudiante de doctorado en Tufts, señaló que el objetivo era determinar si determinadas características del vínculo entre los adolescentes y sus perros estaban relacionadas con formas de afrontar el estrés más eficaces o menos saludables.

Los investigadores explican que aproximadamente uno de cada 10 adolescentes experimenta ansiedad social, caracterizada por una preocupación persistente por ser juzgado o evaluado negativamente por otras personas.

La adolescencia representa además una etapa de importantes cambios emocionales y sociales. Durante estos años, los amigos comienzan a adquirir mayor importancia y las relaciones con los padres dejan de ocupar el mismo lugar central. Esta transición puede generar inseguridad y ansiedad en algunos jóvenes.

Los resultados indicaron que los adolescentes que disfrutaban de la compañía de sus perros y participaban activamente en su cuidado tenían mayores probabilidades de utilizar estrategias positivas para manejar el estrés. Entre ellas se encontraban resolver problemas, mantener pensamientos positivos y regular o expresar adecuadamente sus emociones.

En contraste, quienes consideraban que su perro era más importante para ellos que cualquier amigo o compañero presentaban una mayor tendencia a utilizar mecanismos de afrontamiento menos saludables. Los investigadores plantean que esto podría ocurrir cuando la mascota termina ocupando el lugar de otras relaciones sociales.

Una posible explicación es que depender principalmente del perro como fuente de apoyo emocional podría ser una señal de que el adolescente carece de otras conexiones sociales significativas.

Además, la relación con la mascota no siempre resulta positiva. Los adolescentes cuyos perros generaban conflictos o frustración, por ejemplo debido a comportamientos problemáticos como morder objetos o hacer sus necesidades dentro de la casa, también mostraron una mayor tendencia hacia estrategias de afrontamiento poco saludables.

Los investigadores subrayan que todavía es necesario estudiar con mayor profundidad esta relación. Actualmente realizan un seguimiento de adolescentes y sus perros a lo largo del tiempo para determinar cómo evolucionan estos vínculos y si factores como la personalidad, el comportamiento y la compatibilidad entre el joven y su mascota pueden influir en su bienestar y en la manera en que enfrentan el estrés.

En este sentido, el estudio no sugiere que tener un perro sea perjudicial para los adolescentes con ansiedad social. Más bien, apunta a que una relación cercana y positiva con una mascota puede ser una fuente de apoyo emocional, pero no debería sustituir las relaciones sociales con otras personas.

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