— Agencias 18/08/2026
Una investigación publicada en agosto de 2026 en Nature Immunology plantea que las células del sistema inmunitario no solo responden a señales químicas: también pueden percibir las características físicas de los tejidos que atraviesan.
El estudio, realizado por investigadores de la Universidad McGill y colaboradores de Estados Unidos y Países Bajos, se centró en los linfocitos T de memoria residentes en tejidos (TRM), células que permanecen en determinados órganos después de una infección y pueden responder rápidamente si el mismo agente infeccioso vuelve a aparecer.
La dureza del tejido parece influir en el destino de las células T
Hasta ahora se había considerado que las señales químicas del organismo tenían un papel predominante en la transformación de los linfocitos T en células de memoria residentes. El nuevo trabajo añade un elemento: la rigidez del tejido también parece influir en ese proceso.
Los investigadores utilizaron células T procedentes de ratones y humanos y las colocaron en matrices de colágeno con diferentes niveles de rigidez para imitar las características físicas de distintos tejidos.
El resultado fue llamativo: cuanto más rígido era el entorno, mayor era la proporción de células que adquirían características propias de las TRM.
Además, las células sometidas a mayor rigidez modificaron su forma, redujeron su velocidad de desplazamiento y realizaron cambios destinados a proteger el núcleo y su material genético.
¿Qué ocurre dentro de las células?
El estudio identificó modificaciones en la actividad de determinados genes relacionados con el comportamiento de las células T.
Los ambientes más rígidos aumentaron la expresión de Hic1 y Runx3, reguladores asociados con el desarrollo de las células TRM, mientras que disminuyeron la expresión de KLF2, una proteína relacionada con la permanencia de los linfocitos en circulación.
En términos sencillos, las características físicas del tejido parecen enviar una señal que favorece que algunas células T dejen de comportarse como células que circulan por el organismo y comiencen a establecerse en un tejido determinado.
Los investigadores también observaron señales de estrés mecánico y pequeños daños en el ADN. En respuesta, las células activaron mecanismos de reparación y protección que podrían contribuir a su supervivencia y permanencia.
Una nueva dimensión de la memoria inmunológica
Las células TRM son importantes porque funcionan como una especie de sistema de vigilancia local. Después de una infección, algunas células T permanecen en los tejidos y pueden responder rápidamente ante una nueva exposición al mismo microorganismo.
El hallazgo sugiere que la formación y permanencia de estas células no dependen exclusivamente de moléculas y señales bioquímicas.
El entorno físico del tejido también puede influir en la memoria inmunológica.
Esto amplía la comprensión de cómo las células inmunitarias interactúan con los órganos y plantea nuevas preguntas sobre la manera en que el sistema inmunitario "lee" su entorno.
¿Qué significa esto para el cáncer?
Una de las posibles aplicaciones futuras está relacionada con los tumores sólidos.
Muchos tumores presentan un entorno denso y con características mecánicas diferentes a las del tejido sano. Si los científicos comprenden cómo la rigidez modifica el comportamiento de las células T, podrían eventualmente utilizar esa información para desarrollar estrategias que permitan que determinadas células inmunitarias permanezcan dentro de los tumores y ejerzan una respuesta antitumoral más prolongada.
Sin embargo, esto todavía corresponde a una posibilidad de investigación, no a un tratamiento disponible.
También podría ayudar a estudiar enfermedades autoinmunes
El mecanismo podría tener una aplicación en sentido contrario.
En enfermedades autoinmunes, algunas células T permanecen en tejidos y contribuyen a una respuesta inmunitaria dirigida contra estructuras del propio organismo. Algo similar puede ser relevante en determinadas alergias o en el rechazo de órganos trasplantados.
Comprender qué señales físicas favorecen que estas células permanezcan en un tejido podría ayudar en el futuro a desarrollar estrategias para evitar su retención o modificar su comportamiento.
Falta descubrir el "sensor" que detecta la rigidez
Uno de los principales interrogantes permanece sin resolver: ¿cómo sabe una célula T que el tejido que está atravesando es más rígido?
Los investigadores descartaron que las proteínas YAP y TAZ, conocidas por participar en la detección de señales mecánicas en otros tipos celulares, sean las responsables principales de este fenómeno en las células T.
Por ello, todavía falta identificar el mecanismo molecular que convierte una característica física —la rigidez del tejido— en una señal capaz de modificar la expresión genética de la célula.
¿Qué aporta realmente el estudio?
El trabajo no demuestra que podamos controlar la memoria inmunológica manipulando directamente la rigidez de los tejidos ni que exista ya una nueva terapia contra el cáncer o las enfermedades autoinmunes.
Su principal aportación es más fundamental: demuestra que las células T pueden responder a propiedades físicas de su entorno y que esas señales mecánicas pueden influir en su destino y comportamiento.
Si futuras investigaciones identifican el sensor molecular involucrado y confirman que este mecanismo puede manipularse de manera segura, podría abrirse una nueva línea de investigación para modificar la respuesta inmunitaria en cáncer, infecciones, autoinmunidad y trasplantes.
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