— Agencias 18/08/2026
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que todavía es posible contener en un periodo de tres meses el brote de ébola que afecta a la República Democrática del Congo, aunque la evolución de la epidemia plantea cada vez mayores dificultades para alcanzar ese objetivo.
La transmisión ya se ha extendido a una sexta provincia y los nuevos contagios continúan apareciendo a un ritmo que, por ahora, supera la capacidad de respuesta desplegada en las zonas afectadas.
El organismo internacional había señalado a principios de agosto que tres meses podrían ser suficientes para frenar la propagación del virus. Sin embargo, desde entonces el panorama epidemiológico se ha complicado y la magnitud de la emergencia ha aumentado. Desde Bunia, capital de Ituri y uno de los principales focos del brote, el doctor Thierno Baldé, responsable de la OMS para la gestión de la emergencia, afirmó que la meta todavía puede alcanzarse, aunque será indispensable contar con los recursos necesarios para mantener las operaciones sanitarias. El plan conjunto elaborado por la OMS y los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades requiere 518 millones de dólares, pero hasta ahora solo se han movilizado 264 millones, aproximadamente la mitad de lo considerado necesario.
La falta de financiación también está afectando directamente a los trabajadores que participan en la respuesta sanitaria. En distintos hospitales de Ituri se han producido protestas de enfermeros y personal encargado de realizar entierros seguros debido a pagos e incentivos económicos pendientes. Estos trabajadores llevan meses desempeñando sus funciones bajo una elevada presión y con una carga laboral considerable.
La situación epidemiológica contrasta con la posibilidad de controlar el brote en tres meses. La epidemia fue declarada oficialmente el 15 de mayo y ya se considera el brote de ébola más grave registrado en la República Democrática del Congo. Según el último balance citado del Instituto Nacional de Salud Pública congoleño, se contabilizan 4,945 casos confirmados y 2,325 fallecimientos. En un periodo de apenas 24 horas fueron notificados 101 nuevos contagios y 33 muertes, reflejando la rapidez con la que continúa propagándose el virus. La cantidad de fallecidos ya supera la registrada durante el brote ocurrido en el este del país entre 2018 y 2020, cuando murieron 2,299 personas. Además, el actual brote se ha convertido en el segundo más mortífero documentado a nivel mundial, únicamente por detrás de la epidemia de África occidental de 2014 a 2016, que provocó más de 11,000 muertes.
Uno de los principales obstáculos para contener la enfermedad es que numerosos casos y fallecimientos están ocurriendo fuera de las cadenas de contactos previamente identificadas. Esto sugiere que todavía existen focos de transmisión que no han sido detectados por los equipos de vigilancia epidemiológica. La identificación tardía de pacientes, las deficiencias de los servicios de salud, la inseguridad provocada por grupos armados y las dificultades para acceder a determinadas comunidades complican las labores de control. También influyen la movilidad de la población, la desinformación y la desconfianza hacia las autoridades y los equipos médicos.
El brote está causado por la variante Bundibugyo del virus del ébola, para la cual todavía no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento específico, aunque distintas alternativas se encuentran bajo evaluación mediante ensayos clínicos. La OMS ha desplegado más de 200 especialistas y ha enviado aproximadamente 300 toneladas de suministros para apoyar las operaciones. Además, Naciones Unidas anunció otros 30.5 millones de dólares para reforzar la respuesta. Desde mayo, la situación permanece clasificada como una emergencia de salud pública de importancia internacional.
La desconfianza de las comunidades representa otro de los grandes desafíos. Estudios realizados por la Federación Internacional de la Cruz Roja han encontrado que parte de la población continúa dudando de la existencia de la enfermedad o desconfía de las intervenciones sanitarias. Algunos centros de tratamiento son percibidos como lugares asociados con la muerte, lo que puede provocar que las familias se nieguen a trasladar a personas enfermas y, en algunos casos, generar enfrentamientos con los trabajadores humanitarios.
Uno de los episodios más graves ocurrió el 21 de mayo en Rwampara, en Ituri, cuando una multitud incendió dos tiendas con ocho camas instaladas por la organización médica ALIMA en el hospital general local. El conflicto comenzó después de que familiares de un futbolista considerado caso sospechoso rechazaran que hubiera fallecido por ébola y exigieran recuperar el cuerpo para enterrarlo. Los seis pacientes que se encontraban en esas instalaciones continuaron recibiendo atención dentro del hospital, mientras la Policía utilizó gases lacrimógenos y realizó disparos de advertencia para dispersar a los manifestantes.
La tensión también se manifestó en junio en el campamento de desplazados de Kpangba, donde viven unas 30,000 personas. Los equipos sanitarios fueron expulsados cuando intentaban localizar a individuos que habían tenido contacto con dos mujeres fallecidas. Algunos habitantes negaban que las muertes estuvieran relacionadas con el virus, por lo que el seguimiento de los contactos tuvo que interrumpirse. Otro incidente ocurrió el 1 de junio en Bunia, cuando varios voluntarios de la Cruz Roja fueron agredidos por una multitud que intentó abrir un ataúd durante un entierro seguro después de que circulara el rumor de que el féretro estaba vacío. Uno de los trabajadores tuvo que ser trasladado a Kinshasa y permaneció allí durante 46 días.
La circulación de información falsa también está perjudicando las labores de prevención y vigilancia. Entre los rumores detectados se encuentran afirmaciones de que el ébola fue inventado para obtener financiación internacional, que determinados remedios tradicionales pueden prevenir la enfermedad o que los productos desinfectantes utilizados por los equipos sanitarios sirven para envenenar a la población. También se difundió la acusación de que los trabajadores de la Cruz Roja se apropian de los cadáveres para traficar con órganos.
Este tipo de desinformación puede tener consecuencias directas sobre el control de la epidemia, ya que puede retrasar la notificación de síntomas, dificultar el rastreo de contactos y obstaculizar acciones como la desinfección de viviendas y la realización de entierros seguros. No obstante, la OMS ha subrayado que la desinformación no explica por sí sola el avance del brote. El conflicto armado, las deficiencias del sistema sanitario y la imposibilidad de acceder a determinadas comunidades también desempeñan un papel importante.
La organización ha advertido además que continúan registrándose muertes en domicilios y fuera de los centros de tratamiento, algunas de personas que no habían sido identificadas previamente como contactos. Esta situación constituye una señal de que todavía existen cadenas de transmisión desconocidas.
Para recuperar la confianza de las comunidades, la OMS recibió 3 millones de dólares de la fundación Wellcome, recursos que permitirán ampliar los estudios sobre la percepción de la población respecto al brote y conocer mejor las barreras que dificultan el acceso a los servicios médicos. Entre las áreas que requieren mejoras se encuentran acelerar la comunicación de los resultados de las pruebas, reducir los tiempos de espera de las ambulancias, aumentar la capacidad de recepción de los centros de atención y facilitar el acceso de la población a líneas telefónicas de información.
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