— Agencias 16/08/2026
Hay hábitos cotidianos que pueden parecer inofensivos cuando se observan de manera individual, pero cuyos efectos pueden acumularse con el paso de los años. La alimentación, el nivel de actividad física, el consumo de tabaco y alcohol y otros comportamientos forman parte de un conjunto de factores que pueden influir considerablemente en la salud.
Los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ayudan a entender por qué vale la pena revisar algunas de estas costumbres, particularmente en México.
¿Por qué la OMS presta atención a estos hábitos?
Las enfermedades no transmisibles, entre ellas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas, representan una importante carga para los sistemas de salud.
La OMS identifica como factores de riesgo modificables el consumo de tabaco, el uso nocivo de alcohol, una alimentación poco saludable y la falta de actividad física. Estos elementos pueden favorecer problemas como hipertensión, sobrepeso, obesidad, niveles elevados de glucosa y colesterol.
En México, las cifras muestran la importancia del problema. La OPS reportó que el 73.4 % de las personas de 15 años o más presentaban sobrepeso u obesidad en 2022, mientras que el consumo de tabaco en este grupo de edad fue de 11.9 % en 2023.
Tener alguno de estos factores de riesgo no significa que una persona necesariamente desarrollará una enfermedad. El riesgo individual también depende de la genética, edad, entorno, alimentación, actividad física y acceso a servicios de salud.
Pasar demasiado tiempo sentado
Mantener una rutina principalmente sedentaria es uno de los primeros aspectos que conviene revisar.
La OMS considera la inactividad física un factor importante para el desarrollo de enfermedades no transmisibles. Para los adultos recomienda entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 minutos de actividad vigorosa, además de ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.
En México, la OPS señaló que 28.9 % de la población reportó actividad física insuficiente en 2016.
Ser más activo no significa necesariamente pasar horas en un gimnasio. Caminar, andar en bicicleta, subir escaleras, realizar labores domésticas o incorporar más movimiento durante el día también puede contribuir a reducir el sedentarismo.
Consumir demasiados alimentos con azúcares y grasas poco saludables
Una alimentación equilibrada no requiere eliminar por completo determinados alimentos. Lo más importante es observar el patrón general de alimentación y la frecuencia con la que se consumen ciertos productos.
La OMS y la FAO recomiendan priorizar alimentos nutritivos y mínimamente procesados, de acuerdo con las necesidades individuales y las características culturales de cada población.
También aconsejan limitar los azúcares libres, las grasas saturadas y las grasas trans industriales, mientras se da mayor espacio a frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales.
En México, esta recomendación cobra especial importancia debido a la elevada prevalencia de exceso de peso. Según los datos de la OMS, alrededor del 36 % de los adultos mexicanos presentaban obesidad en 2022.
Comer poca fruta, verdura y fibra
Una alimentación saludable no consiste solamente en eliminar determinados productos. También implica incorporar alimentos que proporcionen nutrientes esenciales.
Frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales aportan fibra, vitaminas, minerales y otros componentes beneficiosos.
Las cantidades ideales pueden variar dependiendo de las características y necesidades de cada persona, pero aumentar la presencia de estos alimentos dentro de una dieta equilibrada es una de las recomendaciones respaldadas por organismos internacionales.
Consumir demasiada sal sin darse cuenta
El sodio puede acumularse fácilmente en la alimentación cotidiana, especialmente cuando se consumen productos procesados.
La OMS recomienda que los adultos consuman menos de 5 gramos de sal al día, aproximadamente una cucharadita, considerando tanto la sal añadida durante la preparación como la que ya está presente en los alimentos.
El exceso de sodio puede contribuir a elevar la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular.
En México, la hipertensión representa un problema importante. La OMS estimó que la prevalencia estandarizada por edad de hipertensión entre personas de 30 a 79 años fue de 32.1 % en 2019.
Fumar o exponerse frecuentemente al humo del tabaco
El tabaquismo continúa siendo uno de los hábitos con mayor impacto negativo sobre la salud.
El consumo de tabaco está relacionado con enfermedades cardiovasculares, distintos tipos de cáncer y enfermedades respiratorias, entre otros problemas. Además, la exposición al humo de tabaco también representa un riesgo.
En México, la OPS registró una prevalencia de consumo de tabaco de 11.9 % entre las personas de 15 años o más en 2023.
Por ello, abandonar el tabaco constituye una de las medidas preventivas más importantes para quienes fuman.
Consumir alcohol con demasiada frecuencia
El alcohol suele estar muy normalizado socialmente, pero su consumo también puede tener consecuencias para la salud.
La OMS señala que el alcohol está relacionado con más de 200 enfermedades, lesiones y otros problemas de salud, incluidos determinados tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.
El riesgo no es igual para todas las personas: depende de factores como la cantidad consumida, la frecuencia, la edad, el estado de salud y otros elementos individuales.
También existen circunstancias en las que evitar completamente el alcohol resulta especialmente importante, como durante el embarazo, al conducir o cuando se utilizan medicamentos que pueden interactuar con él.
No controlar periódicamente la presión arterial
No todos los hábitos relacionados con la salud consisten en cambiar una conducta. También es importante conocer cómo está funcionando el organismo.
La hipertensión puede desarrollarse durante mucho tiempo sin provocar síntomas evidentes, por lo que algunas personas pueden desconocer que tienen la presión elevada.
Los datos de la OMS indican que aproximadamente uno de cada tres adultos de 30 a 79 años en México tenía hipertensión en 2019, de acuerdo con la estimación estandarizada por edad.
Medir periódicamente la presión arterial y acudir a revisiones médicas puede ayudar a detectar alteraciones antes de que ocasionen complicaciones.
La frecuencia de estos controles depende de factores como la edad, los antecedentes familiares, enfermedades existentes y las características particulares de cada persona.
¿Cómo se relacionan estos hábitos con la diabetes?
La diabetes tipo 2 es una enfermedad compleja en la que intervienen factores genéticos, metabólicos y ambientales.
No obstante, determinadas condiciones relacionadas con el estilo de vida pueden aumentar el riesgo, entre ellas el exceso de peso, la falta de actividad física y algunos patrones alimentarios.
La OMS reconoce que la alimentación poco saludable y la inactividad física contribuyen a problemas como el sobrepeso, la obesidad y las alteraciones de la glucosa.
Por ello, mejorar los hábitos cotidianos puede formar parte de una estrategia de prevención, aunque no sustituye una evaluación médica, un diagnóstico o un tratamiento cuando son necesarios.
El sobrepeso no es solamente una cuestión estética
El exceso de peso tiene implicaciones que van más allá de la apariencia física.
La OMS señala que el sobrepeso y la obesidad pueden incrementar el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, problemas musculoesqueléticos y determinados tipos de cáncer.
En México, la magnitud del problema es considerable: la OPS reportó una prevalencia combinada de sobrepeso y obesidad de 73.4 % entre las personas de 15 años o más en 2022.
Esto no significa que el peso corporal por sí solo determine el estado de salud. Una evaluación adecuada debe considerar otros indicadores y las características individuales de cada persona.
¿Cuánta actividad física recomienda la OMS?
Para los adultos, las recomendaciones generales incluyen:
150 a 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada. O 75 a 150 minutos de actividad aeróbica vigorosa. También puede realizarse una combinación equivalente de ambas intensidades. Ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. Reducir el tiempo dedicado a actividades sedentarias y sustituir parte de ese periodo por movimiento cuando sea posible.
Una persona que actualmente lleva una vida sedentaria no necesita comenzar con ejercicios intensos. Incrementar progresivamente la actividad cotidiana puede ser un primer paso.
¿Qué recomienda la OMS para tener una vida más saludable?
No existe una única dieta o rutina de ejercicio que funcione de la misma manera para todo el mundo.
Las principales recomendaciones incluyen mantener una alimentación equilibrada, realizar suficiente actividad física, evitar el tabaco, reducir los riesgos relacionados con el consumo de alcohol y controlar factores como la presión arterial y el peso.
Estas medidas también deben adaptarse a cada situación. Una persona con diabetes, hipertensión, enfermedad renal, problemas cardiovasculares u otra condición médica puede necesitar recomendaciones específicas.
La prevención también comienza con los hábitos cotidianos
Las cifras no significan que todas las personas estén destinadas a desarrollar diabetes, hipertensión u obesidad. Además, la responsabilidad no recae exclusivamente en los individuos: factores como el entorno, el precio y disponibilidad de los alimentos, las condiciones de vivienda y la existencia de espacios seguros para realizar actividad física también influyen en las decisiones relacionadas con la salud.
Sin embargo, algunos factores de riesgo sí pueden modificarse.
Revisar cuánto nos movemos, qué alimentos consumimos habitualmente, cuánto alcohol bebemos, si fumamos y cuándo fue nuestra última revisión médica puede ayudar a identificar oportunidades de prevención.
Ante síntomas persistentes, antecedentes familiares importantes o resultados médicos anormales, lo recomendable es consultar con un profesional de la salud en lugar de automedicarse o seguir consejos sin respaldo médico.
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