— Agencias 15/08/2026
La diabetes puede afectar los ojos de manera progresiva y, en muchos casos, sin provocar síntomas durante las primeras etapas. Los niveles elevados de glucosa pueden dañar los pequeños vasos sanguíneos de la retina y favorecer diferentes enfermedades oculares.
Visión borrosa y cambios en el enfoque
Uno de los primeros cambios puede ser una visión borrosa que aparece y desaparece. Las variaciones importantes de glucosa pueden modificar temporalmente la forma en que el cristalino enfoca la luz, haciendo que la visión cambie a lo largo del día.
También pueden presentarse dificultades para enfocar de cerca o de lejos y cambios en la percepción visual. Sin embargo, estos síntomas no son exclusivos de la diabetes y requieren una valoración para determinar su origen.
Señales que requieren atención inmediata
Algunos síntomas visuales deben considerarse una urgencia oftalmológica, especialmente si aparecen de forma repentina:
Aparición de numerosas manchas o puntos oscuros flotantes. Destellos de luz. Una sombra o cortina que cubre parte del campo visual. Pérdida repentina de visión. Alteraciones importantes de la visión periférica o central.
Estos signos pueden estar relacionados con complicaciones graves, como una hemorragia vítrea o un desprendimiento de retina, y requieren atención médica inmediata.
¿Qué enfermedades oculares puede provocar la diabetes?
Cuando la glucosa permanece elevada durante períodos prolongados, puede aumentar el riesgo de diferentes problemas oculares, entre ellos:
Retinopatía diabética: el daño de los vasos sanguíneos de la retina puede provocar pequeñas fugas de sangre y líquido, además de favorecer el crecimiento de vasos sanguíneos anormales.
Edema macular diabético: la acumulación de líquido en la mácula puede afectar la visión central, necesaria para leer y distinguir detalles.
Cataratas: las personas con diabetes pueden desarrollar opacificación del cristalino a una edad más temprana.
Glaucoma: la diabetes también se relaciona con un mayor riesgo de glaucoma, especialmente cuando aparecen vasos sanguíneos anormales que interfieren con el drenaje del líquido ocular.
¿Cómo se detecta el daño?
La revisión oftalmológica permite identificar alteraciones antes de que produzcan una pérdida importante de visión. El especialista puede realizar un examen de retina con dilatación de las pupilas para observar los vasos sanguíneos, la retina, la mácula y el nervio óptico.
En determinados casos también pueden utilizarse estudios como la tomografía de coherencia óptica (OCT), que permite obtener imágenes detalladas de las diferentes capas de la retina y detectar acumulaciones de líquido.
¿Se puede prevenir la pérdida de visión?
En buena medida, sí. Mantener un adecuado control de la glucosa, presión arterial y colesterol, además de realizar las revisiones oftalmológicas recomendadas, ayuda a reducir el riesgo de complicaciones.
Cuando ya existe daño ocular, existen tratamientos como inyecciones intraoculares, láser y cirugía, dependiendo del tipo y la gravedad de la enfermedad.
Lo más importante es no esperar a tener problemas importantes de visión para acudir al oftalmólogo. La enfermedad ocular diabética puede avanzar durante años sin síntomas, por lo que las revisiones periódicas son fundamentales para detectarla y tratarla oportunamente.
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