— Agencias 15/08/2026
Cada 15 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Relajación, una fecha que busca destacar la importancia de reducir el estrés y encontrar momentos de descanso para proteger tanto la salud física como el bienestar emocional.
En la actualidad, las jornadas llenas de actividades, el uso constante de pantallas y la falta de pausas hacen que muchas personas permanezcan en un estado de tensión casi permanente. Sin embargo, el estrés no siempre es negativo. La endocrinóloga Laura Maffei explicó que se trata de una respuesta fisiológica natural que permite al organismo reaccionar ante situaciones de desafío o peligro.
Ante una amenaza, el cuerpo libera sustancias como cortisol y adrenalina, aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, acelera la respiración y genera tensión muscular. El problema surge cuando este mecanismo permanece activo durante demasiado tiempo.
Cuando el estrés se vuelve crónico
Mantenerse en estado de alerta de manera prolongada puede generar diferentes manifestaciones que muchas veces terminan normalizándose. Entre ellas aparecen contracturas, dolores musculares, problemas digestivos, dificultades para dormir, irritabilidad y alteraciones del estado de ánimo.
A largo plazo, el estrés crónico también puede relacionarse con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y depresión, además de afectar el funcionamiento del sistema inmunológico.
La psicóloga Belén Tarallo, del equipo de Psicoterapia de INECO, señaló que la relajación no debería considerarse un lujo. Desde el enfoque cognitivo-conductual, mente y cuerpo funcionan como un sistema conectado: las situaciones que se perciben como amenazantes pueden provocar tensión física, mientras que esa misma tensión puede reforzar pensamientos de peligro, ansiedad e irritabilidad.
Relajarse es una necesidad del organismo
El cuerpo necesita alternar períodos de activación con momentos de recuperación. Por ello, descansar no debería verse como lo contrario de la productividad, sino como una condición necesaria para recuperar el equilibrio.
La relajación permite disminuir la tensión acumulada, reducir el estado de alerta y favorecer un mejor descanso. El sueño también cumple un papel fundamental en la regulación hormonal y emocional.
Además, los vínculos sociales pueden contribuir al bienestar. El contacto con otras personas, los abrazos, el compañerismo y la comunicación pueden ayudar a disminuir la sensación de alerta y favorecer una mayor sensación de seguridad.
Desde el punto de vista psicológico, relajarse tampoco significa simplemente quedarse quieto. Se trata de una respuesta activa de recuperación que favorece la participación del sistema nervioso parasimpático, encargado de ayudar al organismo a regresar a un estado de equilibrio.
Entre sus posibles beneficios se encuentran:
A nivel físico: menor frecuencia cardíaca y presión arterial, reducción de la tensión muscular y mejor descanso. A nivel emocional: mayor regulación de las emociones y sensación de control. A nivel cognitivo: menos pensamientos intrusivos, mayor concentración y más claridad para tomar decisiones.
Cómo incorporar la relajación a la rutina
No existe una técnica que funcione de la misma manera para todas las personas. La recomendación es encontrar estrategias que sean realistas y puedan mantenerse con regularidad.
Entre las alternativas se encuentran la actividad física, la respiración profunda, la meditación, el yoga, el mindfulness y la relajación muscular progresiva. También es importante mantener horarios de sueño relativamente constantes, reducir el uso de pantallas antes de dormir, hacer pausas durante el día y evitar el consumo excesivo de cafeína.
La alimentación también puede formar parte de un enfoque integral. Una dieta equilibrada que incluya nutrientes como omega-3, antioxidantes y vitaminas del grupo B contribuye al adecuado funcionamiento del sistema nervioso.
Sin embargo, los especialistas advierten que la relajación no debe convertirse en otra obligación. Intentar cumplir perfectamente con una rutina de meditación, sueño o descanso puede terminar generando más presión. Lo importante es incorporar pequeñas acciones que puedan mantenerse a largo plazo.
Cuatro técnicas sencillas para relajarse
1. Respiración diafragmática
Esta técnica utiliza una respiración lenta y profunda para favorecer la disminución de la activación fisiológica.
Cómo realizarla: colocar una mano sobre el pecho y otra sobre el abdomen. Inspirar lentamente por la nariz durante cuatro segundos, procurando que se eleve principalmente el abdomen. Mantener el aire durante dos segundos y expulsarlo suavemente por la boca durante seis segundos. Repetir entre tres y cinco minutos.
2. Relajación muscular progresiva
Consiste en tensar y posteriormente relajar distintos grupos musculares para aprender a identificar la diferencia entre tensión y relajación.
Se pueden trabajar progresivamente los puños, brazos, hombros, cuello, rostro, abdomen y piernas. Cada grupo se contrae durante unos segundos y después se libera, prestando atención a la sensación de relajación.
3. Reestructuración de pensamientos
Los pensamientos y la tensión física están estrechamente relacionados. Cuando aparezca tensión, puede ser útil detenerse y preguntarse qué se está pensando, si esa interpretación es completamente cierta y si se está anticipando un problema que todavía no ocurrió.
4. Pausas breves durante el día
No es necesario esperar hasta terminar la jornada para descansar. Varias veces al día se pueden realizar pequeñas pausas: hacer tres respiraciones profundas, estirar el cuerpo, relajar la mandíbula o bajar conscientemente los hombros.
En definitiva, relajarse no significa eliminar completamente el estrés, algo que tampoco sería posible ni necesario. Se trata de aprender a regularlo, reconocer las señales de sobrecarga y permitir que el organismo vuelva periódicamente a un estado de recuperación.
Instala la nueva aplicación de El Tiempo MX