El misterio detrás de crujirse los dedos: ¿Costumbre inofensiva o señal de alerta?

— Agencias 12/08/2026

El sonido es breve, seco y fácilmente reconocible. Para algunas personas, crujirse los dedos genera una sensación de alivio, mientras que otras temen que este hábito pueda provocar daños en las articulaciones con el paso del tiempo. Sin embargo, la evidencia disponible no respalda de manera clara la idea de que este comportamiento cause artritis.

Uno de los estudios más citados sobre el tema fue publicado en 2011 y analizó a 215 personas de entre 50 y 89 años. Los investigadores no encontraron una relación significativa entre el hábito de crujirse los dedos y la aparición de osteoartritis en las manos.

De hecho, la prevalencia de artrosis en alguna articulación fue de 18,1 % entre quienes acostumbraban crujirse los dedos, frente a 21,5 % entre quienes no lo hacían. Tampoco se identificó una asociación relevante entre la enfermedad y el número de años durante los que las personas habían mantenido este hábito o la frecuencia con que lo realizaban.

¿Por qué suenan los dedos al crujirlos?

El característico chasquido se produce por cambios temporales dentro de la articulación. De acuerdo con la Cleveland Clinic, al estirar o flexionar un dedo para provocar el sonido se modifica momentáneamente el espacio articular y disminuye la presión en su interior.

Las articulaciones contienen líquido sinovial, una sustancia que ayuda a lubricar y facilitar el movimiento. En este líquido se encuentran gases disueltos, entre ellos nitrógeno. Cuando cambia la presión, pueden formarse o liberarse burbujas de gas y producirse el conocido chasquido.

Harvard Health Publishing señala que este mecanismo también explica por qué normalmente no es posible hacer sonar inmediatamente el mismo nudillo una segunda vez: las burbujas necesitan cierto tiempo para volver a acumularse.

Por lo tanto, el ruido por sí mismo no significa que el cartílago de la articulación se esté desgastando. La preocupación suele estar relacionada con la osteoartritis, una enfermedad en la que el cartílago que recubre los extremos de los huesos se deteriora, pudiendo provocar dolor, rigidez y disminución del movimiento.

¿Cuándo puede ser motivo de preocupación?

Si una persona se cruje los dedos sin experimentar dolor, inflamación, pérdida de movilidad o deformidad, los especialistas generalmente no consideran que el hábito represente un problema médico.

La situación es diferente cuando aparecen síntomas. La Cleveland Clinic advierte que el dolor, la hinchazón o una alteración visible en la posición del dedo pueden indicar una lesión de los ligamentos o incluso una luxación.

También existen reportes poco frecuentes de lesiones provocadas por intentar generar el chasquido mediante movimientos excesivamente fuertes. Estas lesiones pueden afectar los tendones u otras estructuras de la articulación. Por ello, la principal preocupación no parece ser el sonido en sí, sino la fuerza utilizada para provocarlo.

Los ruidos articulares que aparecen en otras partes del cuerpo tampoco necesariamente indican una enfermedad. Por ejemplo, algunos sonidos en las rodillas pueden deberse al desplazamiento de tendones o al contacto entre determinadas estructuras. Si no están acompañados de dolor u otros síntomas, generalmente no tienen una relevancia clínica importante.

Estudios que también analizaron el hábito

Una investigación publicada en 1990 comparó a 74 personas que se crujían habitualmente los dedos con 226 que no tenían ese hábito. El trabajo encontró una menor fuerza promedio de prensión y más episodios de inflamación entre quienes se crujían los dedos, aunque no observó una mayor frecuencia de artritis.

Posteriormente, un estudio de 2017 no encontró diferencias significativas en la fuerza de agarre entre personas que tenían el hábito y aquellas que no. Sí detectó algunas diferencias en el grosor del cartílago de determinadas estructuras de la mano, aunque estos hallazgos no fueron suficientes para establecer que crujirse los dedos provoque osteoartritis.

También se ha documentado el caso de un médico que durante décadas se crujió los nudillos de una sola mano y dejó la otra sin hacerlo. Al comparar posteriormente las radiografías de ambas manos, no encontró diferencias relevantes en cuanto a artritis. Aunque se trata únicamente de una experiencia individual y no de una investigación clínica controlada, el caso se convirtió en un ejemplo conocido dentro de la discusión sobre este hábito.

En conjunto, la evidencia disponible continúa siendo limitada, pero los estudios analizados coinciden en que el simple hecho de escuchar o producir un chasquido no demuestra que exista daño articular. Algunas personas incluso describen una sensación temporal de alivio o menor rigidez después de hacerlo.

El cuello requiere mayor precaución

La información sobre los dedos no debe extrapolarse automáticamente al cuello. Esta zona contiene estructuras especialmente delicadas, entre ellas nervios y arterias, por lo que realizar movimientos bruscos con el objetivo de provocar un chasquido puede representar un riesgo mayor.

Harvard Health Publishing destaca que forzar el cuello para producir sonidos articulares no es comparable con crujirse los dedos. Aunque un ruido que aparece espontáneamente y sin otros síntomas no necesariamente indica una enfermedad, buscar deliberadamente el chasquido mediante movimientos fuertes no es una práctica que pueda considerarse completamente inocua.

En conclusión, la evidencia disponible no demuestra que crujirse los dedos provoque osteoartritis. Si el hábito no genera dolor, inflamación ni pérdida de movilidad, generalmente no constituye un motivo de preocupación. Sin embargo, cualquier chasquido acompañado de síntomas o producido mediante maniobras excesivamente bruscas merece mayor atención, especialmente cuando se trata del cuello.

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