— Agencias 12/08/2026
La falta de sueño durante la adolescencia no puede explicarse únicamente por acostarse tarde o pasar demasiado tiempo frente a una pantalla.
El teléfono también mantiene activa la vida social durante la noche: mensajes, redes sociales, videos, juegos y notificaciones pueden hacer que los adolescentes permanezcan conectados justo cuando deberían estar descansando.
El celular puede mantener activa la vida social durante la noche
Para muchos adolescentes, la interacción con sus amigos continúa desde la cama. El problema no es solamente mirar una pantalla, sino la expectativa de recibir mensajes, responder inmediatamente o mantenerse al tanto de lo que ocurre en el grupo.
Esta conexión constante puede retrasar la hora de dormir y mantener al cerebro en un estado de activación cuando debería comenzar a relajarse.
Un estudio publicado en JAMA que analizó a 657 adolescentes encontró que más de la mitad utilizó su teléfono entre la medianoche y las 4 de la madrugada al menos una vez durante el periodo estudiado. Además, durante las noches de escuela se registraron alrededor de 50 minutos diarios de uso del teléfono entre las 22:00 y las 6:00 horas.
El problema no es solamente la luz azul
La exposición a la luz de las pantallas puede interferir con la producción de melatonina, una hormona fundamental para regular el ciclo de sueño y vigilia.
Sin embargo, reducir el problema únicamente a la luz azul sería demasiado simplista.
El contenido que se consume también importa. Una conversación emocionante, un videojuego, una discusión, una notificación o la expectativa de recibir una respuesta pueden mantener al cerebro activo.
Por eso, existen al menos dos mecanismos que pueden combinarse:
Luz de la pantalla: puede alterar las señales biológicas que favorecen el sueño. Activación mental y emocional: mantiene la atención y dificulta desconectarse.
Usar el teléfono antes de dormir puede prolongar el uso durante la madrugada
Investigaciones recientes han encontrado un patrón interesante: las noches en las que los adolescentes utilizan más el teléfono antes de acostarse también tienden a presentar más uso nocturno del dispositivo.
En uno de los estudios mencionados, el uso del teléfono durante la madrugada promedió aproximadamente 47 minutos por noche.
Además, cada 20 minutos adicionales de uso antes de dormir se asociaron con aproximadamente 8-9 minutos más de utilización durante la noche.
Esto sugiere que el problema no siempre consiste en revisar el celular durante unos minutos antes de acostarse. Una revisión aparentemente breve puede convertirse en una cadena de interacciones que termina extendiéndose hasta la madrugada.
El FOMO también puede interferir con el descanso
El FOMO (fear of missing out, o miedo a perderse algo) describe la preocupación de quedar fuera de conversaciones, acontecimientos o experiencias que están viviendo otras personas.
Durante la adolescencia, la necesidad de pertenecer al grupo puede hacer que esta sensación sea particularmente relevante.
El adolescente puede pensar que necesita revisar constantemente el teléfono para saber:
qué están haciendo sus amigos; qué mensajes recibió; qué ocurrió en el grupo; qué publicaciones aparecieron; si alguien está hablando de él; o si existe alguna conversación importante que podría perderse.
Así, el teléfono deja de ser simplemente un dispositivo y se convierte en una extensión de la vida social, incluso durante las horas destinadas al sueño.
Las redes sociales también se relacionan con problemas de sueño
Una revisión de estudios realizados principalmente en Europa y Norteamérica encontró asociaciones entre el uso intenso o problemático de redes sociales y:
menor duración del sueño; acostarse más tarde; mayor desajuste entre el horario biológico y el horario escolar; y más dificultades relacionadas con el descanso.
Otros metaanálisis también han encontrado una asociación entre el uso problemático de redes sociales y los problemas de sueño en jóvenes.
Esto no significa que utilizar redes sociales provoque necesariamente insomnio en todos los adolescentes. La relación puede ser bidireccional: dormir mal puede favorecer un mayor uso nocturno del teléfono y, a su vez, ese uso puede dificultar todavía más el descanso.
¿Cuánto debería dormir un adolescente?
La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño recomienda entre 8 y 10 horas de sueño por noche para los adolescentes de manera regular.
Dormir menos de forma habitual puede afectar la atención, el aprendizaje, el estado de ánimo y el funcionamiento durante el día.
Por ello, más que centrarse exclusivamente en la luz azul, resulta importante establecer un periodo real de desconexión nocturna: silenciar notificaciones, evitar conversaciones intensas antes de dormir y mantener el teléfono fuera de la cama puede ser más efectivo que simplemente reducir el brillo de la pantalla.
En resumen: el problema del celular durante la adolescencia no consiste únicamente en que la pantalla ilumine el rostro durante la noche. La combinación de luz, contenido estimulante, notificaciones y presión social por permanecer conectado puede retrasar el sueño y favorecer que el teléfono siga utilizándose durante la madrugada.
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