Estudio advierte que la adiposidad central aumenta el riesgo de infarto y ACV

— Agencias 12/08/2026

Un estudio internacional publicado en el Journal of the American College of Cardiology sugiere que la cantidad de grasa acumulada alrededor del abdomen puede ofrecer más información sobre el riesgo cardiovascular que el índice de masa corporal (IMC).

La investigación analizó a 259,388 adultos sin enfermedad coronaria previa, con un seguimiento promedio de aproximadamente 20 años. Los resultados indican que medidas como la circunferencia de cintura y la relación cintura-cadera permiten identificar mejor determinados riesgos de enfermedad cardiovascular que el IMC por sí solo.

¿Por qué el IMC no cuenta toda la historia?

El IMC relaciona el peso con la estatura, pero no indica dónde está distribuida la grasa ni cuánto corresponde a músculo.

Por ejemplo, una persona puede encontrarse dentro del rango considerado normal según su IMC y, aun así, presentar una cantidad elevada de grasa abdominal. En el estudio, alrededor del 5% de las personas con IMC normal tenían una circunferencia de cintura elevada, mientras que el 18% presentaba una relación cintura-cadera elevada.

Esto demuestra que utilizar únicamente el peso y la estatura puede pasar por alto a algunas personas con mayor riesgo metabólico y cardiovascular.

La grasa abdominal tiene particular importancia

La grasa acumulada alrededor de los órganos internos, conocida como grasa visceral, tiene características metabólicas diferentes a la grasa subcutánea.

Su exceso se relaciona con procesos como:

resistencia a la insulina; inflamación crónica; alteraciones de los triglicéridos; hipertensión; mayor riesgo de aterosclerosis; cambios en la estructura y función del corazón.

Por ello, dos personas con el mismo IMC pueden tener perfiles cardiovasculares considerablemente diferentes dependiendo de cómo esté distribuida su grasa corporal.

La cintura y la relación cintura-cadera aportan información adicional

La circunferencia de cintura es una medida sencilla que puede complementar al IMC.

Otra herramienta es la relación cintura-cadera (RCC), que se obtiene dividiendo la circunferencia de la cintura entre la circunferencia de la cadera.

De acuerdo con los criterios mencionados en el artículo, una RCC superior a 0.90 en hombres y 0.85 en mujeres puede indicar una distribución abdominal de grasa asociada con mayor riesgo.

Sin embargo, estos valores deben interpretarse dentro del contexto clínico de cada persona y no como un diagnóstico aislado.

El riesgo cardiovascular puede aumentar aunque el IMC no sea elevado

Uno de los mensajes más importantes del estudio es que tener un IMC normal no garantiza automáticamente un riesgo cardiovascular bajo.

Por el contrario, una persona con obesidad puede presentar un riesgo diferente dependiendo de la cantidad de grasa concentrada en el abdomen.

Los investigadores encontraron que una mayor adiposidad central se asociaba con un incremento del riesgo de diferentes problemas cardiovasculares, incluidos infarto, accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular.

Esto no significa que la cintura sea el único factor que determine el riesgo. La edad, presión arterial, tabaquismo, colesterol, diabetes, actividad física, antecedentes familiares y otros factores continúan siendo fundamentales.

¿Significa esto que el IMC ya no sirve?

No necesariamente.

El IMC sigue siendo una herramienta útil para evaluar poblaciones y detectar posibles problemas relacionados con el peso, pero tiene limitaciones cuando se utiliza individualmente.

Lo más apropiado es combinarlo con otras mediciones, especialmente cuando existe sospecha de acumulación excesiva de grasa abdominal.

En otras palabras, no se trata de sustituir el IMC por la cintura, sino de dejar de utilizar el IMC como único indicador.

¿Qué se puede hacer para reducir la grasa abdominal?

No es posible elegir exactamente de qué parte del cuerpo se pierde grasa. La reducción de la grasa abdominal ocurre principalmente como consecuencia de una disminución general de la grasa corporal.

Las estrategias con mayor utilidad incluyen:

mantener actividad física regular; incorporar entrenamiento de fuerza; consumir una alimentación basada principalmente en alimentos poco procesados; aumentar el consumo de verduras, frutas, legumbres y fibra; limitar bebidas azucaradas y exceso de alcohol; dormir adecuadamente; evitar el tabaquismo; controlar presión arterial, glucosa y colesterol.

En personas con obesidad, también pueden considerarse tratamientos farmacológicos o cirugía bariátrica, dependiendo del grado de obesidad, las enfermedades asociadas y la valoración médica.

En conclusión

El peso corporal por sí solo no permite conocer completamente el riesgo cardiovascular. La distribución de la grasa, particularmente la acumulada alrededor del abdomen, proporciona información adicional que puede ser clínicamente relevante.

Por eso, una evaluación cardiovascular más completa puede considerar IMC + circunferencia de cintura + distribución de la grasa + factores metabólicos y antecedentes personales.

La idea central no es obsesionarse con una medida específica, sino reconocer que la salud cardiovascular depende mucho más que del número que aparece en la báscula.

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