— Agencias 11/08/2026
Un estudio realizado por investigadores de Brasil y España encontró diferencias importantes en la forma en que aparece el deterioro funcional asociado con el envejecimiento.
Tras analizar datos de más de 30 mil personas mayores de 50 años, los investigadores observaron que los primeros signos de pérdida de funcionalidad pueden aparecer aproximadamente una década antes en Brasil que en Europa, una diferencia que podría estar relacionada con desigualdades sociales y económicas.
El deterioro funcional puede comenzar antes en Brasil
El análisis incluyó a 4 mil 825 participantes de Brasil y 25 mil 978 de Europa. Los resultados mostraron diferencias significativas entre ambas poblaciones en factores relacionados con movilidad, vitalidad, cognición, salud psicológica y capacidad sensorial.
Los investigadores señalaron que las diferencias sociales, educativas y económicas pueden influir en la aparición de enfermedades crónicas y en la pérdida de autonomía durante el envejecimiento.
La movilidad tiene un papel importante
En el ámbito de la movilidad, la fuerza de agarre se identificó como un factor protector particularmente importante entre los participantes europeos.
En Brasil, en cambio, la velocidad de la marcha mostró una asociación significativa con el deterioro de las actividades básicas de la vida diaria. Esto sugiere que evaluar la capacidad para caminar puede aportar información relevante sobre el riesgo de pérdida de funcionalidad en adultos mayores.
La pérdida de peso también puede ser una señal de riesgo
Entre los participantes europeos, la pérdida de peso se relacionó con un mayor riesgo de deterioro en las actividades básicas de la vida diaria.
Este hallazgo no significa que toda pérdida de peso sea perjudicial, pero una reducción involuntaria puede ser una señal de problemas de salud, especialmente en personas mayores. Por ello, los cambios importantes y no intencionales en el peso deben ser evaluados.
La memoria mostró un riesgo similar en ambos grupos
La disminución de la memoria percibida por los propios participantes estuvo relacionada con un mayor riesgo de deterioro funcional tanto en Brasil como en Europa.
El riesgo estimado fue similar entre ambas poblaciones, con alrededor de 22 % en Brasil y 23 % en Europa, según los resultados reportados por los investigadores.
Esto destaca la importancia de prestar atención a los cambios cognitivos durante el envejecimiento y no considerarlos automáticamente como una consecuencia inevitable de cumplir años.
La depresión tuvo mayor impacto en la población europea
En el área psicológica también se encontraron diferencias.
La depresión estuvo asociada con un mayor riesgo independiente de deterioro funcional entre los participantes europeos, con estimaciones de riesgo de aproximadamente 67 % a 71 %.
En Brasil, en cambio, una percepción negativa del propio estado de salud mostró una asociación más marcada con la pérdida de funcionalidad, con un riesgo estimado cercano al 72 %.
Los problemas de audición y visión también influyen
Las alteraciones sensoriales tuvieron comportamientos diferentes entre las poblaciones estudiadas.
La discapacidad auditiva representó un factor de riesgo importante para las actividades instrumentales de la vida diaria en Brasil, mientras que la discapacidad visual mostró una asociación significativa principalmente entre los participantes europeos.
Las dificultades para escuchar o ver pueden afectar actividades como comunicarse, desplazarse, utilizar transporte, administrar medicamentos o realizar tareas domésticas.
La dependencia puede aparecer desde los 60 años en Brasil
Uno de los principales hallazgos fue que el riesgo significativo de dependencia en las actividades instrumentales de la vida diaria apareció en Brasil desde el grupo de 60 a 69 años.
En Europa, el aumento significativo del riesgo se observó aproximadamente una década después.
Los autores consideran que esta diferencia puede estar relacionada con una exposición prolongada a condiciones sociales desfavorables, particularmente entre personas con menor nivel educativo y menores ingresos.
Las desigualdades sociales pueden acelerar el deterioro
Los investigadores plantean que la pobreza y las menores oportunidades educativas a lo largo de la vida pueden favorecer una mayor exposición a enfermedades crónicas y, posteriormente, contribuir a una pérdida más temprana de la capacidad funcional.
Esto significa que el envejecimiento no depende únicamente de factores biológicos. Las condiciones económicas, educativas, sociales y ambientales acumuladas durante toda la vida también pueden influir en cuándo comienzan las limitaciones funcionales.
El envejecimiento saludable requiere estrategias adaptadas
Los resultados respaldan la necesidad de adaptar las estrategias de envejecimiento saludable a las características de cada población.
Los investigadores consideran que el enfoque de Atención Integrada para las Personas Mayores (ICOPE) de la Organización Mundial de la Salud debe tomar en cuenta las diferencias sociales y económicas existentes entre regiones.
En conjunto, el estudio muestra que no todas las personas envejecen al mismo ritmo ni enfrentan los mismos factores de riesgo. Detectar tempranamente problemas de movilidad, memoria, estado de ánimo, peso, audición o visión podría ayudar a prevenir o retrasar la pérdida de independencia, especialmente en poblaciones expuestas a mayores desigualdades sociales.
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