La confianza de Estados Unidos en Harfuch

— Mario Maldonado 11/08/2026

En los últimos días, Omar García Harfuch recibió dos señales de confianza desde Estados Unidos. El director de la DEA, Terry Cole, confirmó que mantiene comunicación permanente con el secretario mexicano y el embajador Ronald Johnson lo mencionó entre los responsables del acuerdo que permitió reanudar las inspecciones al aguacate de Michoacán.

En septiembre pasado publiqué que fuentes del Departamento del Tesoro resumían así su percepción sobre el secretario de Seguridad del gobierno de Claudia Sheinbaum. “Harfuch understands”. La frase surgió cuando el Tesoro y FinCEN aumentaban la presión sobre México por el lavado relacionado con el fentanilo. Reconocían a un funcionario que entendía la necesidad de convertir alertas estadounidenses en acciones concretas.

Tras el traslado de 29 capos mexicanos en febrero de 2025, el FBI calificó como histórica la reunión de Harfuch con su director, Kash Patel, y afirmó que fortalecía la alianza bilateral. Marco Rubio aseguró después que ningún gobierno cooperaba más con Estados Unidos contra la criminalidad que el de México. Kristi Noem también reconoció el despliegue mexicano en la frontera. La semana pasada, Cole dijo que Harfuch “quiere lo mejor para su país” y confirmó que han trabajado juntos.

La confianza de Washington no equivale a un cheque en blanco para México. Es operativa y se mide por el intercambio de inteligencia y el cumplimiento de compromisos. Pero es indudable que Harfuch es uno de los funcionarios a los que las agencias estadounidenses llaman cuando necesitan una respuesta ejecutable.

El caso del aguacate mostró el alcance de esa relación. La fotografía del embajador Johnson presentó a Harfuch como interlocutor del acuerdo. El diplomático reconoció el liderazgo de Claudia Sheinbaum y los compromisos alcanzados con el secretario de Seguridad, la Defensa, Columba López y otros funcionarios. La Asociación de Productores y Empacadores Exportadores de Aguacate de México, APEAM, no apareció.

APEAM se ha presentado como la interlocutora indispensable del sector. Esta vez acudió a Palacio Nacional para pedir respaldo, pero quedó fuera del reconocimiento estadounidense. Harfuch ocupó su lugar en la negociación que permitió reabrir parcialmente las revisiones.

La reapertura no fue completa ni cerró el caso. Estados Unidos limitó las operaciones y mantuvo la evaluación de seguridad. Los inspectores regresarían donde México pudiera garantizar su protección y el control de rutas, huertas y empacadoras. El gobierno desplegó mil 557 efectivos federales en la región para evitar los bloqueos a las exportaciones.

El despliegue atendió sólo la parte inmediata. La semana pasada explicamos aquí que autoridades estadounidenses habían puesto bajo sospecha la cadena de trazabilidad y el Sistema Integral de Cosecha de Aguacate, el SICOA. La reactivación parcial no desmiente esa información ni acredita que los controles quedaron saneados.

Dentro de Morena, la cercanía de Harfuch con Washington genera incomodidad. Para el ala radical del obradorismo sigue siendo un policía eficaz, ajeno a la tradición del movimiento y demasiado cercano a las agencias estadounidenses. Sheinbaum, empero, no lo nombró sólo para coordinar detenciones, sino que le dio autoridad para recomponer la cooperación bilateral y convertirla en resultados.

La última semana mostró hasta dónde creció esa encomienda. Primero habló el director de la DEA. Después, el embajador lo presentó como garante de los acuerdos que evitaron una parálisis comercial. “Harfuch understands”, habían dicho antes en el Tesoro. Estados Unidos lo trata como el funcionario mexicano con el que puede cerrar acuerdos. El más eficaz.

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