— Agencias 10/08/2026
El brote de ébola registrado en el este de la República Democrática del Congo (RDC) comenzó a circular desde febrero, pero fue declarado oficialmente hasta el 15 de mayo, de acuerdo con información de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La detección tardía permitió que el virus avanzara en una región que ya enfrenta importantes dificultades sanitarias, sociales y de seguridad.
La OMS señaló que los análisis genéticos permitieron establecer que el virus ya circulaba meses antes de que se reconociera formalmente la epidemia. Algunos de los primeros pacientes fueron diagnosticados inicialmente con enfermedades más frecuentes, como malaria y fiebre tifoidea, lo que contribuyó a retrasar la identificación del brote.
El virus comenzó a circular antes de que se reconociera el brote
Mohamed Yakub Janabi, director regional de la OMS, explicó que las investigaciones realizadas por especialistas congoleños permitieron determinar que el virus estaba presente desde febrero. La situación llevó a las autoridades sanitarias a advertir que la respuesta actualmente avanza por detrás de la propagación de la enfermedad.
Las cifras disponibles muestran la magnitud del problema. El brote acumula aproximadamente 4,200 casos confirmados y más de 1,900 muertes, convirtiéndose en el brote de ébola con mayor número de infecciones registrado hasta ahora dentro de la RDC.
También superó en cantidad de contagios al brote ocurrido entre 2018 y 2020 en el este del país, que registró 3,481 casos y 2,299 fallecimientos.
Esta es además la decimoséptima epidemia de ébola registrada en la República Democrática del Congo.
Una cepa para la que existen menos herramientas
Uno de los principales desafíos es que el brote actual corresponde a la cepa Bundibugyo del virus del ébola. A diferencia de otras variantes del virus, no existe actualmente una vacuna autorizada ni un tratamiento específico aprobado para esta cepa.
Durante las primeras etapas también se realizaron pruebas destinadas a identificar otras variantes más frecuentes, lo que pudo contribuir a retrasar todavía más la confirmación del brote.
Según la OMS, la letalidad de esta variante puede situarse aproximadamente entre 30% y 50%, aunque el desenlace depende de diversos factores, entre ellos la atención médica disponible y la rapidez con la que se recibe tratamiento.
El ébola puede transmitirse mediante el contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados. También existe riesgo de transmisión mediante materiales contaminados, como ropa de cama o prendas de vestir.
La situación sanitaria complica la respuesta
La respuesta al brote enfrenta obstáculos que van mucho más allá del diagnóstico y el tratamiento de los pacientes.
En algunas zonas se han registrado huelgas de trabajadores sanitarios relacionadas con la falta de pago, mientras que las amenazas de grupos armados dificultan el desplazamiento de los equipos médicos. A esto se suman la escasez de equipos de protección y las dificultades para llegar a comunidades ubicadas en áreas remotas y con caminos en malas condiciones.
La desinformación también representa un desafío. Después de años de conflicto y problemas sociales, algunas comunidades mantienen dudas sobre la existencia del virus, mientras que otras personas evitan acudir a los centros de salud por temor a infectarse.
Uno de los datos más preocupantes es que una proporción considerable de las personas afectadas muere en sus hogares, lo que dificulta detectar los casos, rastrear los contactos y conocer con precisión la magnitud de la transmisión.
Uganda también registró casos relacionados con el brote
La epidemia llegó además a Uganda, país vecino de la RDC. Las autoridades ugandesas declararon el fin del brote el 28 de julio, después de registrar 20 casos confirmados, incluidos 15 considerados importados desde la República Democrática del Congo.
En Uganda se registraron dos fallecimientos relacionados con estos casos.
Aunque la situación fue controlada en ese país, la proximidad geográfica y el movimiento de personas entre las regiones fronterizas mantienen la necesidad de una vigilancia epidemiológica constante.
El brote actual aún está por debajo de la peor epidemia de ébola
A pesar de su rápida expansión, la epidemia actual todavía no alcanza las dimensiones del peor brote de ébola registrado hasta ahora.
Entre 2014 y 2016, África occidental sufrió una epidemia que provocó más de 11,000 muertes entre al menos 28,000 casos. Aquella emergencia también mostró cómo los retrasos en la identificación y respuesta pueden permitir que un brote crezca rápidamente.
El problema de las declaraciones tardías tampoco es nuevo. Durante aquella epidemia, el brote fue declarado oficialmente en marzo de 2014, aunque posteriormente se determinó que el primer caso humano había ocurrido varios meses antes, en diciembre de 2013.
El conflicto armado dificulta todavía más el control
La situación en el este de la RDC es particularmente compleja debido a años de violencia y presencia de grupos armados. La región se encuentra además cerca de las fronteras con Sudán del Sur, Uganda y Ruanda, lo que incrementa los desafíos para mantener la vigilancia y evitar nuevos contagios transfronterizos.
En este contexto, la OMS ha advertido que la velocidad de propagación del virus está superando la capacidad de respuesta sanitaria disponible.
La participación de las comunidades será fundamental para contener la epidemia. Detectar rápidamente a las personas enfermas, facilitar que busquen atención médica, identificar a quienes estuvieron en contacto con casos confirmados y reducir la desinformación son elementos esenciales para frenar la transmisión.
El principal desafío, por ahora, es conseguir que la respuesta sanitaria deje de avanzar detrás del virus y logre anticiparse a su propagación.
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