— Agencias 10/08/2026
El colangiocarcinoma es un cáncer poco común que se origina en las células de los conductos biliares, estructuras encargadas de transportar la bilis desde el hígado y la vesícula biliar hasta el intestino delgado. Este tumor puede desarrollarse dentro del hígado o en los conductos biliares ubicados fuera de este órgano.
Las manifestaciones dependen de factores como el tamaño y la localización del tumor. Algunos síntomas aparecen cuando la enfermedad interfiere con el flujo normal de la bilis. Por esta razón, la coloración amarillenta de la piel y los ojos y determinados cambios digestivos pueden convertirse en señales de alerta.
Sin embargo, estos síntomas también pueden deberse a problemas de salud mucho más frecuentes. Presentarlos no significa automáticamente que exista cáncer, por lo que es necesario realizar una evaluación médica para identificar la causa.
La piel y los ojos pueden adquirir una tonalidad amarilla
La ictericia es uno de los signos que pueden aparecer con el colangiocarcinoma, especialmente cuando el tumor bloquea el paso de la bilis.
Cuando la bilirrubina se acumula en la sangre, la piel y la parte blanca de los ojos pueden adquirir una coloración amarillenta.
Este cambio también puede producirse debido a enfermedades del hígado, cálculos biliares y otros problemas de las vías biliares. Aun así, la aparición reciente de ictericia requiere valoración médica para determinar su origen.
La orina puede adquirir un tono más oscuro
Cuando existe una obstrucción en los conductos biliares, parte del exceso de bilirrubina puede eliminarse mediante los riñones y hacer que la orina tenga una coloración más oscura de lo habitual.
Este cambio puede aparecer junto con ictericia y otras manifestaciones relacionadas con la alteración del flujo biliar.
No obstante, la orina oscura puede tener muchas otras causas, como la deshidratación, por lo que este signo por sí solo no permite identificar un colangiocarcinoma. Si el cambio persiste o aparece acompañado de coloración amarillenta en los ojos o la piel, es recomendable consultar.
Las evacuaciones pueden volverse más claras
La bilis participa en el proceso que da a las heces su color característico. Cuando su llegada al intestino se encuentra bloqueada, las evacuaciones pueden adquirir una tonalidad más clara e incluso llegar a verse grisáceas o blanquecinas.
En algunos casos también pueden presentar una apariencia más grasosa o resultar difíciles de eliminar debido a problemas en la digestión de las grasas.
Aunque estas modificaciones no son exclusivas del cáncer, su persistencia, especialmente cuando se acompaña de ictericia, debe ser evaluada por un profesional de la salud.
La picazón intensa puede aparecer junto con la ictericia
La acumulación de determinadas sustancias relacionadas con la bilis puede provocar prurito, es decir, una sensación de picazón que puede extenderse por diferentes partes del cuerpo.
En algunas personas, esta molestia puede ser considerable e incluso aparecer antes de que la coloración amarillenta de la piel sea evidente.
El prurito también puede deberse a numerosas causas, entre ellas alergias, enfermedades de la piel y trastornos hepáticos. Cuando surge sin una explicación clara y coincide con cambios en la piel, la orina o las evacuaciones, conviene solicitar una evaluación médica.
Puede presentarse dolor en la parte superior del abdomen
El colangiocarcinoma puede ocasionar dolor, presión o molestias en la zona superior del abdomen, aunque este síntoma no aparece en todas las personas.
La ubicación y la intensidad de la molestia dependen de dónde se encuentre el tumor y de las estructuras que pueda afectar.
Debido a que el dolor abdominal es muy frecuente y puede tener numerosas causas, este síntoma por sí solo no permite determinar que exista un cáncer. Sin embargo, una molestia nueva, persistente o que empeora progresivamente debe ser valorada.
Perder peso sin proponérselo es una señal que debe investigarse
La pérdida de peso involuntaria puede presentarse en diferentes tipos de cáncer, incluido el colangiocarcinoma.
Puede estar relacionada con una disminución del apetito, problemas digestivos o modificaciones en la manera en que el organismo utiliza la energía.
Bajar de peso sin haber realizado cambios intencionales en la alimentación o en la actividad física no significa necesariamente que exista cáncer. Sin embargo, cuando la pérdida es importante o continúa durante varias semanas, merece una investigación médica.
Náuseas, vómitos y falta de apetito también pueden aparecer
Algunas personas pueden presentar manifestaciones digestivas como náuseas, vómitos o una reducción del apetito.
Estos síntomas pueden estar relacionados con la enfermedad o con alteraciones en el flujo de la bilis.
Sin embargo, son manifestaciones poco específicas y pueden aparecer debido a infecciones gastrointestinales, gastritis, medicamentos y muchas otras condiciones.
La necesidad de una evaluación aumenta cuando estos síntomas persisten o se presentan junto con ictericia, pérdida de peso, dolor abdominal o cambios importantes en las evacuaciones.
La fiebre y los escalofríos pueden señalar una complicación
La aparición de fiebre y escalofríos puede estar relacionada con una obstrucción de los conductos biliares que favorezca una infección conocida como colangitis.
Esta complicación puede ser grave y requiere atención médica rápida.
Una persona que presenta simultáneamente fiebre, dolor abdominal e ictericia debe recibir valoración médica urgente, ya que las infecciones de las vías biliares pueden avanzar rápidamente.
Estos síntomas no deben atribuirse automáticamente a un problema digestivo menor.
El cansancio persistente también puede acompañar a la enfermedad
El cansancio y la debilidad general pueden presentarse en personas con colangiocarcinoma, particularmente cuando existen pérdida de peso, alteraciones metabólicas u otras complicaciones asociadas con la enfermedad.
Sin embargo, la fatiga es una manifestación muy común y puede aparecer por falta de sueño, anemia, infecciones, estrés y numerosas enfermedades.
Por ello, el cansancio por sí solo no constituye una señal específica de cáncer. Su importancia aumenta cuando aparece junto con otros síntomas persistentes, nuevos o que no tienen una explicación clara.
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