Los perros pueden distinguir emociones humanas con solo mirar el rostro

— Agencias 10/08/2026

El cerebro de los perros tiene la capacidad de diferenciar distintas expresiones faciales humanas y puede identificar patrones asociados con emociones como la felicidad, el miedo, la tristeza y la ira, incluso cuando observa a personas desconocidas.

Investigadores de Austria, Hungría y México utilizaron resonancia magnética funcional para estudiar la manera en que los canes procesan los rostros humanos. Los resultados, publicados en la revista iScience, sugieren que la actividad cerebral de los perros es más compleja de lo que se pensaba cuando observan diferentes expresiones emocionales.

El cerebro canino no se limita a distinguir entre rostros que transmiten sensaciones positivas y negativas. Los investigadores encontraron que también puede establecer diferencias entre determinadas emociones negativas, particularmente entre el miedo y la tristeza, así como entre el miedo y la ira. Este hallazgo aporta nueva información sobre la manera en que los perros responden a las señales sociales de los seres humanos y sobre la relación que ambas especies han desarrollado a lo largo de miles de años.

Un estudio para conocer qué ocurre dentro del cerebro canino

Investigaciones anteriores habían comparado principalmente dos expresiones faciales, generalmente una positiva y otra negativa. Por ello, todavía existía la duda de si los perros realmente podían distinguir diferentes emociones o simplemente identificaban si una expresión era favorable o desfavorable.

También se desconocía cómo reaccionaba el cerebro de los perros ante rostros humanos que no conocían y si podía diferenciar entre distintas emociones negativas.

Para responder estas preguntas, los científicos utilizaron resonancia magnética funcional, conocida como fMRI, con perros despiertos mientras observaban fotografías de personas desconocidas.

El objetivo era comprobar si el cerebro canino procesaba de manera diferente la felicidad, el miedo y la tristeza, y determinar si además podía distinguir entre distintas emociones negativas.

Dos experimentos con perros

La investigación estuvo conformada por dos experimentos. En el primero participaron ocho perros de compañía: seis border collies, un labrador y un golden retriever. Los animales observaron fotografías de rostros humanos felices y neutrales mientras los investigadores registraban su actividad cerebral mediante el escáner.

En el segundo experimento participaron doce perros, a quienes se mostraron rostros humanos desconocidos con cuatro expresiones diferentes: felicidad, tristeza, ira y miedo.

Los científicos analizaron la señal BOLD, una medida utilizada para identificar las regiones cerebrales que presentan mayor actividad debido a un incremento en el consumo de energía.

Además, utilizaron herramientas de aprendizaje automático capaces de identificar patrones en la actividad cerebral y aplicaron un análisis de similitud representacional, conocido como RSA, para comparar las representaciones que aparecían en distintas zonas del cerebro.

Qué regiones cerebrales respondieron a las expresiones

Los rostros felices provocaron actividad en una región del hemisferio derecho relacionada con la corteza temporal y que se extiende hacia el núcleo caudado. Esta estructura cerebral está vinculada con el procesamiento de recompensas, entre ellas estímulos como alimentos y olores familiares.

El sistema de clasificación utilizado por los investigadores logró diferenciar los rostros felices de las distintas expresiones negativas. Sin embargo, dentro de esa región cerebral no pudo establecer diferencias claras entre las diferentes emociones negativas.

Cuando los científicos analizaron la actividad de todo el cerebro encontraron resultados adicionales. Algunas regiones permitieron diferenciar determinadas emociones negativas entre sí.

El giro suprasilviano rostral derecho mostró diferencias entre los rostros que expresaban tristeza y aquellos que mostraban miedo. Por otra parte, el giro ectosilviano medio derecho y el giro esplenial izquierdo permitieron distinguir las expresiones de ira de las de miedo.

En cambio, no se encontraron diferencias cerebrales suficientemente claras entre la tristeza y la ira.

Los perros distinguen las expresiones, pero no necesariamente comprenden las emociones

Los investigadores hicieron una precisión importante: estos resultados no significan que los perros comprendan las emociones humanas de la misma manera que las personas.

La actividad registrada indica que el cerebro canino genera representaciones diferentes ante determinadas expresiones faciales. Es decir, un perro puede detectar que dos rostros humanos presentan características distintas, pero eso no demuestra que comprenda conceptualmente que una persona está triste, enojada o asustada.

En términos sencillos, el perro no necesariamente sabe qué emoción experimenta la persona, pero su cerebro sí identifica que las expresiones faciales no son iguales.

Los resultados sugieren que el procesamiento de los rostros humanos en el cerebro canino es más complejo que una simple clasificación entre estímulos positivos y negativos. Incluso las expresiones felices de personas desconocidas parecen activar mecanismos cerebrales relacionados con el procesamiento de recompensas.

Limitaciones y próximos estudios

Los científicos señalaron algunas limitaciones. La mayoría de los perros participantes eran border collies, una raza conocida por su capacidad para responder a señales sociales, por lo que los resultados no pueden aplicarse automáticamente a todas las razas.

Otra limitación fue el empleo de fotografías estáticas. En situaciones naturales, los perros reciben información emocional mediante rostros en movimiento, voces, sonidos, posturas corporales y otros comportamientos.

Por ello, futuras investigaciones podrían combinar imágenes con sonidos y utilizar estímulos más parecidos a las situaciones que los perros experimentan cotidianamente. El objetivo será determinar si los patrones de actividad cerebral observados también aparecen cuando los animales reciben señales emocionales más naturales.

En conjunto, los resultados ofrecen evidencia de que el cerebro de los perros procesa las expresiones faciales humanas de una manera sofisticada y que su capacidad para diferenciar rostros va más allá de identificar simplemente si una señal es positiva o negativa.

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