— Agencias 09/08/2026
La ubicación de la fábrica junto al aeropuerto de Schiphol no es casualidad. En la carrera contra el cáncer para salvar la vida de miles de pacientes, el tiempo puede marcar la diferencia.
Cada minuto que se consigue reducir en esta planta de CAR-T, la única que Kite Pharma —empresa fundada en 2009 y adquirida por Gilead en 2017— posee en Europa, puede aumentar las posibilidades de éxito de una terapia que alcanza una efectividad reportada del 97%. Sin embargo, uno de los principales obstáculos es que algunos pacientes fallecen antes de que el tratamiento pueda estar listo para ser administrado.
La inmunoterapia convencional busca estimular las defensas del propio organismo para combatir mejor un tumor. La terapia CAR-T lleva este concepto a un nivel mucho más especializado: se extraen células inmunitarias de la sangre del paciente y se modifican en el laboratorio para convertirlas en células capaces de identificar y destruir de manera específica las células cancerosas.
Una fabricación contra el reloj
La producción de una terapia CAR-T es un proceso altamente personalizado que comprende seis etapas y comienza en el hospital donde se encuentra el paciente.
El primer paso es la leucaféresis, procedimiento similar a una diálisis mediante el cual se extrae la sangre, se separan los glóbulos blancos y posteriormente se devuelve el resto de los componentes al paciente.
A partir de ese momento comienza una carrera contra el tiempo. Las células T obtenidas son trasladadas hasta Ámsterdam, donde se seleccionan, concentran y activan. Posteriormente se introduce en ellas el receptor de antígeno quimérico (CAR), en este caso dirigido contra CD19. Este componente genético funciona como una especie de sistema de localización que permite a las células modificadas identificar determinados tumores.
Después de la modificación, las células CAR-T se multiplican en el laboratorio hasta alcanzar la cantidad necesaria para administrar una dosis terapéutica.
En la Unión Europea, todo este proceso individualizado tarda aproximadamente 17 días, desde la extracción de las células en el hospital hasta el regreso del tratamiento preparado para ser administrado al paciente.
Durante la primera etapa del traslado, las células se mantienen entre 2 y 8 grados Celsius. Una vez modificadas y listas para su uso, son congeladas. La bolsa que contiene el producto final tiene un volumen aproximado de 130 mililitros y se coloca dentro de un recipiente compacto que, a su vez, permanece protegido en un cilindro con nitrógeno líquido y posteriormente dentro de un contenedor de mayor tamaño.
Los envíos son transportados por mensajeros especializados, quienes se encargan de custodiar el material biológico. Desde la planta salen diariamente alrededor de las 15:30 horas con destino a alguno de los aproximadamente 3 mil hospitales a los que se presta servicio en Europa, Oriente Medio y Brasil.
Una obsesión por mantener la esterilidad
Para garantizar que todo el proceso sea seguro, la planta funciona bajo estrictas condiciones de control. La limpieza y la prevención de cualquier contaminación son elementos fundamentales.
Las denominadas salas blancas se clasifican en cuatro niveles, de la A a la D, dependiendo de sus exigencias de esterilidad. Incluso en la categoría D, considerada la menos restrictiva, se aplican medidas rigurosas: los trabajadores administrativos deben utilizar guantes y materiales especiales que no desprendan partículas microscópicas.
Dentro de estas áreas no puede introducirse ningún objeto capaz de liberar partículas que puedan comprometer el proceso. Un departamento especializado realiza aproximadamente 20 mil pruebas microbiológicas cada mes para verificar las condiciones de las instalaciones y de los procesos.
La planta funciona en tres turnos hasta la medianoche. Posteriormente, un equipo de 24 trabajadores realiza durante aproximadamente seis horas una limpieza exhaustiva de las instalaciones utilizando etanol y peróxido de hidrógeno.
El control llega incluso al personal. Se realizan revisiones periódicas y pruebas específicas para determinar posibles fuentes de contaminación. De esta manera, si apareciera alguna bacteria, los responsables pueden rastrear su origen, incluso hasta elementos como el calzado o la ropa utilizada por un trabajador.
El verdadero cuello de botella
A pesar de los avances tecnológicos y de la precisión del proceso de fabricación, el principal desafío continúa siendo el tiempo que tiene el paciente para llegar a recibir el tratamiento.
Los cánceres de la sangre, entre ellos el linfoma, el mieloma y la leucemia, representan alrededor del 10% de los nuevos diagnósticos de cáncer, con aproximadamente 1.3 millones de nuevos casos cada año en todo el mundo.
En enfermedades agresivas como el linfoma difuso de células B grandes (DLBCL), la situación puede volverse especialmente crítica cuando los tratamientos iniciales dejan de funcionar. La enfermedad puede avanzar rápidamente y reducir considerablemente la ventana disponible para aplicar una terapia CAR-T.
Natacha Bolaños, coordinadora regional en Europa de la Lymphoma Coalition y especialista en la experiencia de los pacientes con este tipo de cáncer, señala que muchas personas llegan a la terapia después de haber recibido tres o cuatro líneas de tratamiento.
Más allá de las estadísticas, Bolaños destaca el impacto emocional que tiene la enfermedad en los pacientes, quienes en ocasiones llegan a pensar que no alcanzarán determinadas fechas importantes de su vida.
De acuerdo con la especialista, solo alrededor de dos de cada diez pacientes que podrían ser candidatos a CAR-T finalmente reciben la terapia. El sistema presenta una tasa de abandono de entre 20% y 30% entre los pacientes que son derivados al tratamiento pero que finalmente no llegan a recibir la infusión.
Las causas incluyen tanto la progresión rápida de la enfermedad como los obstáculos burocráticos y logísticos que pueden retrasar el proceso.
Por ello, uno de los mayores desafíos de las terapias CAR-T ya no está únicamente en desarrollar la tecnología, sino en conseguir que los pacientes permanezcan con vida y en condiciones suficientes durante el tiempo necesario para que sus células sean modificadas, multiplicadas y devueltas al hospital para recibir el tratamiento.
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