— Agencias 09/08/2026
El mal olor en los pies suele relacionarse con la acumulación de sudor y el uso prolongado de calzado cerrado, pero cuando persiste pese a una buena higiene también puede ser una señal de infecciones de la piel, problemas en las uñas o sudoración excesiva.
El problema aparece porque los pies contienen numerosas glándulas sudoríparas. Cuando la humedad permanece durante horas dentro de los zapatos, las bacterias pueden multiplicarse y descomponer sustancias presentes en la piel, generando compuestos responsables del olor desagradable. El calor, el ejercicio, pasar muchas horas de pie y utilizar medias o calzado húmedos pueden favorecer este proceso.
¿Por qué pueden oler mal los pies?
Una de las causas más frecuentes es precisamente la transpiración excesiva combinada con poca ventilación.
Sin embargo, también pueden intervenir otros factores, como:
Cambios hormonales. Algunos medicamentos. Hiperhidrosis, que provoca sudoración excesiva. Uso prolongado de zapatos cerrados. Infecciones por hongos o bacterias. Calzado y medias que retienen humedad.
Las bacterias y los hongos no producen necesariamente el mismo tipo de olor, por lo que el aroma por sí solo no permite determinar cuál es la causa.
Cuando el olor puede indicar una infección
Una posibilidad frecuente es el pie de atleta, una infección causada por hongos que suele afectar el espacio entre los dedos.
Además del olor desagradable, puede provocar:
Picazón. Ardor. Enrojecimiento. Descamación. Grietas o pequeñas fisuras.
Si estos síntomas aparecen junto con el mal olor, es conveniente considerar la posibilidad de una infección y buscar valoración profesional si no mejora con las medidas habituales.
Queratólisis punteada: una causa menos conocida
Otra afección que puede producir un olor particularmente intenso es la queratólisis punteada, una infección bacteriana superficial que suele afectar las plantas de los pies.
Puede aparecer como pequeños hoyuelos o depresiones en la piel y acompañarse de olor fuerte, humedad y, en algunos casos, picazón. Es más frecuente cuando existe sudoración abundante y se utiliza calzado que mantiene el pie húmedo y con poca ventilación.
En ocasiones, el olor puede hacerse evidente antes de que las lesiones sean fácilmente reconocibles.
Los cambios en las uñas también son importantes
Los hongos en las uñas pueden contribuir al problema, especialmente cuando aparecen junto con otras alteraciones en los pies.
Conviene prestar atención si las uñas presentan:
Engrosamiento. Cambio de color. Fragilidad. Deformación. Separación de la uña de la piel.
Cuando existen cambios importantes en las uñas junto con lesiones o molestias en la piel, puede tratarse de una infección que requiere tratamiento específico.
¿Cuándo es necesario consultar al médico?
El mal olor aislado no necesariamente significa que exista una enfermedad. Sin embargo, conviene buscar atención médica cuando persiste pese a mejorar la higiene o cuando aparece acompañado de otros signos.
Entre las señales que justifican una evaluación se encuentran:
Picazón persistente. Descamación que no desaparece. Grietas entre los dedos. Dolor al caminar. Inflamación. Heridas o secreción. Pus. Cambios importantes en las uñas. Empeoramiento rápido del problema.
Si existen lesiones cutáneas o alteraciones de las uñas, un dermatólogo puede determinar si hay una infección y cuál es el tratamiento apropiado.
¿Cómo prevenir el mal olor?
La principal estrategia consiste en reducir la humedad y mejorar la ventilación de los pies.
Algunas medidas útiles son:
Lavar los pies diariamente. Secarlos completamente, especialmente entre los dedos. Cambiar las medias con regularidad y evitar utilizar aquellas que permanecen húmedas. Alternar los zapatos, permitiendo que se ventilen y sequen antes de volver a utilizarlos. Mantener las uñas cortas y limpias. Evitar permanecer durante muchas horas con calzado que no permita la circulación de aire. Si existe sudoración excesiva, consultar sobre opciones para controlarla.
Cuando estas medidas no son suficientes, el tratamiento depende de la causa. Una infección por hongos puede requerir medicamentos antifúngicos, mientras que determinadas infecciones bacterianas pueden necesitar tratamientos específicos. Si el problema principal es la hiperhidrosis, existen alternativas médicas para disminuir la sudoración.
El olor no siempre es solo un problema de higiene
Aunque el sudor y el calzado cerrado son causas muy comunes, un olor que persiste, reaparece constantemente o se acompaña de lesiones merece atención.
Por ello, no es recomendable intentar determinar la causa únicamente por el olor. Observar la piel, las uñas y otros síntomas puede aportar pistas, pero una evaluación médica es la mejor manera de identificar una infección o un trastorno de sudoración y recibir el tratamiento adecuado.
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