— Daniela Cordova 09/08/2026
José Paulo Sánchez Valencia celebró medio siglo de vida y dos décadas de sacerdocio marcadas por conflictos, servicio y defensa social.
Entre conflictos mineros, luchas por el agua, amenazas, migración y acompañamiento a familias de desaparecidos, el sacerdote José Paulo Alfonso Sánchez Valencia llegó a sus 50 años de vida y dos décadas de ministerio sacerdotal, una trayectoria que celebró este domingo 9 de agosto durante la misa dominical en la parroquia del Verbo Encarnado, en Ciudad Frontera.
El sacerdote recibió esta etapa como una bendición y recordó que su camino de servicio a Dios comenzó mucho antes de su ordenación, cuando a los 13 años ingresó al seminario en Agua Dulce, Veracruz, en 1991. Posteriormente, continuó su formación en Saltillo y, en 2006, fue ordenado sacerdote por el entonces obispo Raúl Vera.
Un ministerio entre conflictos

Desde sus primeros destinos, su labor pastoral estuvo vinculada con comunidades que enfrentaban problemas sociales. En Hércules acompañó a trabajadores mineros durante un conflicto sindical; posteriormente estuvo en Ciénagas, donde intervino ante una problemática relacionada con el agua, y en General Cepeda participó junto con ejidatarios en la defensa de la comunidad ante el conflicto generado por el CIMARI. Más tarde, en Nadadores, volvió a involucrarse en una disputa por el agua, mientras que ya en la parroquia del Verbo Encarnado enfrentó el reto de atender la situación de migrantes, trabajando de manera coordinada con instituciones municipales, estatales y federales.
También enfrentó el miedo

Su vocación no estuvo exenta de momentos difíciles. Durante los primeros seis años de sacerdocio recibió amenazas, llamadas durante la madrugada y fotografías intimidatorias, en medio del contexto de violencia relacionado con el narcotráfico. Aquella situación llegó a hacerlo pensar en abandonar temporalmente el ministerio. Sin embargo, el acompañamiento de personas cercanas y, particularmente, de la defensora Cristina Auerbach, integrante del colectivo Familia Pasta de Conchos, le permitió enfrentar sus temores y continuar con su labor.
Una voz para las causas sociales

Con el paso de los años, su ministerio también se extendió hacia la defensa de los derechos humanos. Aunque inicialmente había considerado estudiar otros temas, terminó formándose de manera autodidacta en leyes, mediación y resolución de conflictos. Ese aprendizaje lo llevó a convertirse en una voz para comunidades y familias que buscaban ser escuchadas. Actualmente también acompañaba a madres buscadoras y preparaba acciones de búsqueda en vida en la Región Centro, con la participación de colectivos de Coahuila y de otros estados.
Cincuenta años con nuevos retos

Al llegar a los 50 años, el sacerdote reconoció que esperaba continuar en la labor pastoral durante la próxima década. Incluso entre bromas sobre una eventual jubilación, sostuvo que su deseo era seguir sirviendo a Dios y a la comunidad. Después de haber atravesado también problemas de salud, consideró que cuidar su bienestar sería fundamental para continuar con su misión.
Así, sus 50 años no representaron para el padre Paulo una pausa, sino un momento para mirar hacia atrás y reconocer una vida marcada por la fe, pero también por el acompañamiento a quienes enfrentaron conflictos, injusticias y pérdidas, con la convicción de que todavía quedaba camino por recorrer.


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