— Agencias 08/08/2026
Cuando se menciona la cirrosis hepática, el consumo de alcohol suele considerarse una de las principales causas.
Sin embargo, existen otros factores capaces de provocar daño progresivo en el hígado. La cirrosis aparece cuando este órgano desarrolla cicatrices permanentes como consecuencia de una lesión prolongada, y puede estar relacionada con enfermedades metabólicas, infecciones virales, ciertos medicamentos y otras condiciones.
Una conducta aislada generalmente no provoca cirrosis de manera inmediata. El problema surge cuando determinados hábitos se mantienen durante años y favorecen el desarrollo de enfermedad hepática. Estas son algunas prácticas que conviene evitar o modificar para proteger la salud del hígado.
Consumir demasiadas bebidas azucaradas
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Los refrescos, bebidas energéticas y otros productos con grandes cantidades de azúcar añadido pueden favorecer el aumento de peso y la acumulación de grasa en el hígado.
Con el paso del tiempo, en algunas personas esta acumulación puede evolucionar hacia inflamación y fibrosis, aumentando el riesgo de enfermedad hepática avanzada.
Mantener una alimentación basada en ultraprocesados
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Una dieta frecuente de comida rápida, dulces, productos ultraprocesados y alimentos con un exceso de calorías puede favorecer la obesidad, la resistencia a la insulina y la enfermedad hepática asociada a alteraciones metabólicas.
Una alimentación equilibrada, con mayor presencia de alimentos mínimamente procesados, puede contribuir a mantener un mejor estado metabólico.
Llevar una vida sedentaria
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Permanecer sentado durante muchas horas y realizar poca actividad física puede favorecer el aumento de peso y las alteraciones metabólicas relacionadas con el hígado graso.
El ejercicio regular ayuda a mejorar la sensibilidad a la insulina, controlar el peso y reducir algunos factores asociados con el deterioro de la salud hepática.
Ignorar el exceso de grasa abdominal
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La grasa visceral, que se acumula alrededor de los órganos internos, está estrechamente relacionada con la resistencia a la insulina y con una mayor acumulación de grasa en el hígado.
Incluso una persona cuyo peso se encuentre dentro de un rango aparentemente normal puede presentar riesgo metabólico si tiene una cantidad elevada de grasa abdominal.
No controlar adecuadamente la diabetes
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Los niveles elevados de glucosa y la resistencia a la insulina pueden favorecer la acumulación de grasa en el hígado.
Por esta razón, las personas con diabetes deben prestar especial atención al control de la glucosa y de otros factores metabólicos para disminuir el riesgo de complicaciones hepáticas.
Tomar medicamentos o suplementos sin supervisión
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No todos los productos considerados naturales son necesariamente seguros para el hígado. Algunos medicamentos y determinados suplementos o productos herbales pueden provocar lesiones hepáticas.
Tomarlos en dosis superiores a las indicadas, combinar varios productos o utilizarlos sin orientación profesional puede aumentar el riesgo de efectos adversos.
Descuidar los niveles de colesterol y triglicéridos
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Las alteraciones del colesterol y los triglicéridos suelen formar parte de un conjunto de problemas metabólicos que también pueden estar relacionados con el hígado graso.
Por ello, mantener bajo control estos parámetros, junto con la glucosa, el peso y la presión arterial, puede contribuir a reducir los factores que afectan la salud hepática.
Recurrir constantemente a dietas extremas
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Las dietas excesivamente restrictivas pueden provocar una pérdida rápida de peso seguida de una recuperación posterior.
Estos ciclos repetidos pueden dificultar el control del peso y de la salud metabólica. En general, resulta más sostenible adoptar cambios progresivos en la alimentación y mantenerlos a largo plazo.
Ignorar una enfermedad hepática porque todavía no hay síntomas
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Uno de los principales problemas de las enfermedades hepáticas es que pueden avanzar durante años sin provocar síntomas evidentes.
Esperar a que aparezcan manifestaciones como dolor abdominal, ictericia u otros signos para buscar atención puede permitir que el daño continúe progresando.
Por ello, cuando existen factores de riesgo o alteraciones detectadas en análisis médicos, es importante realizar el seguimiento correspondiente aunque la persona se sienta bien.
¿La cirrosis siempre puede prevenirse?
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No todos los casos de cirrosis pueden evitarse. Algunas enfermedades autoinmunes, trastornos hereditarios e infecciones virales crónicas pueden provocar daño hepático independientemente de los hábitos cotidianos.
Sin embargo, existen medidas que pueden disminuir el riesgo de desarrollar o progresar una enfermedad hepática: mantener un peso saludable, controlar la glucosa y los lípidos, realizar actividad física regularmente, llevar una alimentación equilibrada y evitar el uso innecesario de medicamentos o suplementos.
La clave está en actuar antes de que aparezca un daño irreversible. Debido a que muchas enfermedades hepáticas evolucionan silenciosamente, detectar y controlar los factores de riesgo a tiempo puede ser fundamental para preservar la función del hígado.
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