— Agencias 08/08/2026
Beber un refresco ocasionalmente no significa que una persona vaya a desarrollar una enfermedad renal. Sin embargo, cuando estas bebidas forman parte habitual de la alimentación, pueden contribuir a distintos factores que afectan la salud de los riñones a largo plazo.
Los refrescos azucarados suelen contener grandes cantidades de azúcar y calorías, pero aportan pocos nutrientes. Además, algunas bebidas de cola contienen sustancias que han sido estudiadas por su posible relación con la función renal.
Su consumo frecuente también puede favorecer el aumento de peso, la diabetes tipo 2 y la hipertensión, tres condiciones que están estrechamente relacionadas con el desarrollo y progresión de la enfermedad renal.
Los riñones pueden verse afectados por alteraciones metabólicas
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Los refrescos azucarados concentran grandes cantidades de azúcar en una sola bebida. Cuando se consumen regularmente, pueden contribuir al desarrollo de alteraciones metabólicas que, con el tiempo, pueden repercutir indirectamente sobre la función de los riñones.
Puede aumentar el riesgo de diabetes tipo 2
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El consumo habitual de bebidas azucaradas se ha relacionado con una mayor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2.
Esta enfermedad constituye uno de los principales factores asociados con la enfermedad renal crónica, debido a que los niveles elevados de glucosa pueden dañar progresivamente los vasos sanguíneos y las estructuras encargadas de filtrar la sangre.
Puede favorecer la hipertensión
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Una alimentación con exceso de azúcares añadidos y calorías puede contribuir al aumento de peso y a diferentes alteraciones metabólicas relacionadas con la presión arterial elevada.
Cuando la hipertensión permanece sin control durante años, puede deteriorar los vasos sanguíneos de los riñones y reducir progresivamente su capacidad para funcionar correctamente.
Algunos refrescos podrían relacionarse con los cálculos renales
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Diversos estudios han encontrado asociaciones entre el consumo de determinadas bebidas gaseosas y un mayor riesgo de desarrollar cálculos renales.
Sin embargo, este riesgo no depende exclusivamente del refresco. También intervienen el tipo de bebida, la alimentación, la hidratación, los antecedentes personales y otros factores individuales.
Puede contribuir al aumento de peso
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Los refrescos azucarados pueden aportar una cantidad considerable de calorías sin producir el mismo nivel de saciedad que los alimentos sólidos.
Por esta razón, consumirlos todos los días puede facilitar un exceso de calorías y favorecer el aumento de peso, especialmente cuando forman parte de una alimentación poco equilibrada.
Podría relacionarse con un mayor riesgo de enfermedad renal crónica
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Algunos estudios epidemiológicos han encontrado una asociación entre un consumo elevado de bebidas azucaradas y un mayor riesgo de desarrollar problemas renales.
Esto no significa que beber un refresco provoque directamente enfermedad renal. Más bien, su consumo frecuente puede formar parte de un patrón alimentario que favorece obesidad, diabetes, hipertensión y otras condiciones que afectan la salud renal.
Las bebidas de cola han sido objeto de especial atención
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Algunas investigaciones han observado una relación entre el consumo habitual de bebidas de cola y determinados cambios o indicadores relacionados con la función renal.
No obstante, todavía se necesitan más estudios para comprender con precisión los mecanismos que podrían explicar esta asociación y determinar hasta qué punto interviene el tipo específico de bebida.
Los refrescos pueden sustituir al agua
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Cuando una persona acostumbra beber refrescos durante gran parte del día, estas bebidas pueden terminar desplazando al agua de su alimentación.
Para la mayoría de las personas, el agua continúa siendo la opción principal para mantener una hidratación adecuada, especialmente cuando no existen indicaciones médicas específicas que establezcan otra recomendación.
El riesgo puede ser mayor cuando existen otros factores
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El consumo frecuente de refrescos merece mayor atención cuando se combina con factores como obesidad, diabetes, hipertensión, tabaquismo o antecedentes de enfermedad renal.
En estos casos, reducir las bebidas azucaradas puede formar parte de una estrategia más amplia para proteger la salud cardiovascular y renal.
Entonces, ¿es necesario dejar por completo los refrescos?
No necesariamente. El principal problema está en convertirlos en una bebida habitual y consumirlos con frecuencia.
Reducir su consumo y elegir agua con mayor frecuencia puede ayudar a disminuir la cantidad de azúcar y calorías de la alimentación. Además, mantener un peso saludable, controlar la presión arterial y la glucosa, realizar actividad física y evitar el tabaquismo son medidas importantes para proteger los riñones.
En definitiva, un refresco ocasional no equivale a una enfermedad renal, pero consumir bebidas azucaradas diariamente puede contribuir a un conjunto de factores que, con el paso del tiempo, aumentan el riesgo de deterioro de la salud renal.
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