— Agencias 08/08/2026
Sentirse bien no significa que todos los problemas de salud sean evidentes. Algunos tipos de cáncer pueden desarrollarse durante años sin causar síntomas claros, pero existen pruebas de detección capaces de identificar determinadas lesiones o tumores antes de que aparezcan molestias.
Sin embargo, esto no significa que todas las personas deban someterse a los mismos estudios ni que sea recomendable realizar pruebas de imagen de manera indiscriminada.
La edad, el sexo, los antecedentes familiares, el tabaquismo y otros factores de riesgo influyen en el tipo de estudios que pueden ser adecuados para cada persona. Además, las recomendaciones médicas pueden actualizarse con el tiempo.
Estos son algunos de los principales métodos de detección que conviene conocer para personas con riesgo promedio.
De los 20 a los 29 años: comienza la prevención del cáncer cervicouterino
Durante esta etapa no existe un conjunto de estudios destinado a detectar todos los tipos de cáncer en personas sanas.
En las mujeres, una de las principales estrategias preventivas es la detección del cáncer de cuello uterino.
Diversas recomendaciones internacionales plantean comenzar el cribado a partir de los 21 años. Una de las estrategias utilizadas consiste en realizar una citología cervical cada tres años entre los 21 y los 29 años.
La vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) también desempeña un papel importante en la prevención del cáncer cervicouterino. En México, las autoridades sanitarias consideran tanto la vacunación como las pruebas de detección herramientas fundamentales para reducir el impacto de esta enfermedad.
De los 30 a los 39 años: continúa la vigilancia del cuello uterino
Entre los 30 y los 39 años, la detección del cáncer cervicouterino continúa siendo relevante.
Dependiendo de la estrategia empleada, pueden utilizarse diferentes alternativas, como una prueba para detectar VPH de alto riesgo cada cinco años, una citología cada tres años o una prueba combinada de VPH y citología cada cinco años.
Esta etapa también es una buena oportunidad para revisar los antecedentes familiares de cáncer.
Cuando existen varios familiares afectados a edades tempranas, antecedentes de determinados tipos de cáncer hereditario o una mutación genética conocida, el seguimiento puede comenzar antes y requerir estudios adicionales.
A partir de los 40 años: la mastografía adquiere mayor relevancia
El cáncer de mama es uno de los tumores para los que existe una prueba de detección ampliamente utilizada: la mastografía.
La recomendación actual de la USPSTF para mujeres de 40 a 74 años con riesgo promedio es realizar una mastografía cada dos años.
Sin embargo, esta estrategia puede cambiar cuando existe un riesgo mayor debido a antecedentes familiares, determinadas variantes genéticas o antecedentes médicos.
Por esa razón, una mujer con alto riesgo puede necesitar un esquema de vigilancia diferente al recomendado para la población general.
A partir de los 45 años: considera la detección del cáncer colorrectal
El cáncer colorrectal puede comenzar a desarrollarse a partir de pólipos que inicialmente no producen síntomas.
Las pruebas de detección permiten identificar algunas de estas alteraciones antes de que evolucionen.
La USPSTF recomienda iniciar el cribado en adultos con riesgo promedio a partir de los 45 años y mantenerlo hasta los 75. Entre las alternativas disponibles se encuentran diferentes pruebas de materia fecal y la colonoscopia.
La frecuencia depende del método utilizado. Por ejemplo, una colonoscopia puede repetirse cada 10 años cuando el resultado y las características de riesgo permiten mantener ese intervalo, mientras que determinadas pruebas fecales deben realizarse con mayor frecuencia.
Entre los 50 y los 80 años: evalúa si eres candidato a detectar cáncer de pulmón
No todas las personas necesitan una tomografía para buscar cáncer de pulmón.
La detección está dirigida principalmente a personas con un historial considerable de tabaquismo.
La USPSTF recomienda una tomografía computarizada de baja dosis cada año para adultos de 50 a 80 años que acumulan al menos 20 paquetes-año de consumo de tabaco y que actualmente fuman o dejaron de fumar durante los últimos 15 años.
Por lo tanto, realizarse una tomografía pulmonar de manera rutinaria sin pertenecer a un grupo de alto riesgo no constituye una recomendación general.
A partir de los 50 años: habla con tu médico sobre la próstata
El cáncer de próstata requiere un enfoque diferente.
La prueba de antígeno prostático específico, conocida como PSA, puede contribuir a detectar algunos casos de cáncer de próstata, pero también puede producir resultados que conduzcan a estudios adicionales o tratamientos innecesarios.
Por ello, no todos los hombres necesitan realizarse automáticamente un PSA al alcanzar determinada edad.
La decisión debe considerar factores como la edad, los antecedentes familiares, otros riesgos individuales y las preferencias de cada paciente.
Los hombres con mayor riesgo pueden necesitar comenzar la conversación sobre la detección a una edad más temprana.
Después de los 65 años: la prevención no termina
Cumplir 65 años no significa que todas las pruebas de detección deban suspenderse.
En el caso del cáncer cervicouterino, algunas mujeres pueden dejar de realizarse el cribado después de esa edad cuando cuentan con un historial adecuado de resultados normales y no presentan factores de alto riesgo.
Para otros tipos de cáncer, la decisión de continuar o suspender determinadas pruebas debe individualizarse. La valoración puede considerar el estado general de salud, la expectativa de vida, los antecedentes personales y familiares y los estudios realizados previamente.
Los antecedentes familiares pueden modificar el calendario
La edad por sí sola no determina cuándo debe comenzar una prueba de detección.
Si un padre, madre, hermano, hermana o hijo desarrolló cáncer a una edad temprana, el médico puede recomendar una evaluación más detallada del riesgo.
Algunas familias presentan síndromes hereditarios relacionados con cáncer de mama, ovario, colon, próstata u otros órganos.
En estas circunstancias, determinadas pruebas pueden comenzar antes de lo indicado para la población general y, en algunos casos, puede ser necesario realizar asesoramiento o estudios genéticos.
Si ya existen síntomas, ya no hablamos de detección preventiva
Esta diferencia es fundamental.
Las pruebas de detección están diseñadas principalmente para personas que no presentan síntomas y buscan identificar una enfermedad antes de que produzca manifestaciones evidentes.
Si aparece sangre en las heces, un bulto en la mama, sangrado vaginal anormal, sangre en la orina, pérdida de peso sin explicación, dificultad persistente para tragar, una tos que no desaparece u otro cambio preocupante, no es necesario esperar a alcanzar determinada edad para buscar atención.
En esos casos, el objetivo ya no es realizar una prueba preventiva, sino determinar la causa de los síntomas. El médico puede decidir qué estudios son necesarios según las características de cada caso.
La prevención debe adaptarse a cada persona
No existe un único calendario de detección del cáncer que sea adecuado para todo el mundo.
Las recomendaciones dependen de factores como la edad, el sexo, los antecedentes familiares, los hábitos, el historial médico y el nivel de riesgo individual.
Por eso, más estudios no siempre significan una mejor prevención. Algunas pruebas pueden generar resultados falsos positivos, estudios innecesarios o tratamientos que no aportarían un beneficio.
La mejor estrategia consiste en mantener los controles recomendados para cada etapa de la vida, conocer los antecedentes familiares y consultar con un profesional cuando existan factores de riesgo o aparezcan síntomas nuevos.
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