— Agencias 04/08/2026
Durante mucho tiempo, dormir pocas horas, tener dificultad para despertar o sentirse con menor rendimiento al inicio de la semana fueron considerados simplemente problemas de rutina o falta de disciplina. Sin embargo, actualmente una amplia línea de investigación científica reconoce que estos patrones pueden representar un factor de riesgo clínico independiente relacionado con diversos problemas de salud.
Cómo funciona el reloj biológico y por qué puede alterarse
El impacto negativo de los horarios sociales sobre el organismo fue explicado con mayor precisión después de los avances en cronobiología. En 2017, los investigadores Jeffrey Hall, Michael Rosbash y Michael Young recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por descubrir los mecanismos genéticos que regulan el reloj circadiano, un sistema presente en prácticamente todas las células del cuerpo y que funciona en ciclos cercanos a las 24 horas.
Este reloj interno controla procesos esenciales como la liberación de cortisol, hormona relacionada con el estado de alerta; la producción de melatonina, sustancia que favorece el sueño; además de cambios en la temperatura corporal y la presión arterial.
La estructura principal encargada de coordinar estos ritmos es el núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo, que recibe señales de luz provenientes de los ojos y ajusta diferentes funciones del organismo. Los genes involucrados en este proceso, como el gen period, funcionan de manera automática y no dependen de la voluntad ni de las obligaciones sociales.
El investigador suizo Alexander Borbély propuso en la década de 1980 un modelo que sigue siendo fundamental para comprender el sueño. Según este modelo, existen dos sistemas principales que trabajan juntos:
La presión del sueño, que aumenta conforme pasan más horas despiertos. El ritmo circadiano, que regula los momentos del día en los que el organismo favorece la alerta o el descanso.
Cuando ambos mecanismos están alineados, la persona suele dormir mejor y mantener un rendimiento estable. Pero cuando existe un desajuste, el organismo puede responder con aumento del cortisol, cambios en la regulación del apetito, alteraciones emocionales y una acumulación progresiva de estrés fisiológico conocida como carga alostática.
El cronotipo determina cuándo funciona mejor cada persona
El cronobiólogo alemán Till Roenneberg demostró que no todas las personas tienen el mismo horario biológico óptimo. Esta diferencia individual recibe el nombre de cronotipo.
Algunas personas tienen un perfil principalmente matutino y alcanzan su mejor rendimiento mental durante las primeras horas del día. Otras presentan un cronotipo vespertino, con una mayor facilidad para mantenerse activas y concentradas durante la tarde o noche. También existe una gran cantidad de personas con características intermedias.
Estos patrones no representan una elección personal, sino una variación biológica determinada por factores internos.
El problema aparece cuando las obligaciones externas, como horarios laborales, escolares o reuniones tempranas, obligan a una persona a funcionar en contra de su reloj interno. Esta diferencia entre el tiempo biológico y el horario social fue denominada por Roenneberg como jet lag social.
Los investigadores de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) describen este fenómeno como la diferencia entre el punto medio del sueño durante los días laborales y el punto medio del sueño durante los días libres. En otras palabras, es como experimentar un cambio constante de huso horario sin viajar, repitiéndolo cada semana.
Consecuencias del desajuste circadiano según la evidencia científica
La relación entre el jet lag social y problemas de salud no es una teoría reciente, sino el resultado de décadas de investigaciones.
Un estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism encontró que este desajuste se relaciona con:
Menores niveles de colesterol HDL, conocido como colesterol protector. Incremento de triglicéridos. Mayor resistencia a la insulina. Mayor acumulación de grasa corporal.
Estas asociaciones permanecieron incluso después de considerar factores como la calidad del sueño, la depresión y otros hábitos relacionados con la salud.
La falta de sincronización entre el reloj biológico y el horario social también se ha asociado con un mayor riesgo de:
Obesidad. Diabetes tipo 2. Enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Una revisión publicada en PubMed Central indicó que las personas con cronotipo tardío presentan aproximadamente 2,5 veces más probabilidades de considerar su salud general como deficiente y un riesgo mayor de desarrollar diabetes tipo 2. Además, cada hora adicional de desajuste durante los días libres se relacionó con un aumento aproximado del 30% en el riesgo de síndrome metabólico.
En el ámbito cardiovascular, estos perfiles se asociaron con un incremento cercano al 20% del riesgo, con aumentos adicionales conforme crece la diferencia entre el horario biológico y el social.
La salud mental también parece verse afectada. Un metaanálisis publicado en el International Journal of Depression and Anxiety encontró que tener dos o más horas de jet lag social se relaciona con un aumento del 58% en la probabilidad de desarrollar depresión.
Asimismo, las personas con cronotipo nocturno mostraron más del doble de riesgo de depresión en comparación con quienes tienen un perfil predominantemente matutino.
Nuevos hallazgos sobre microbioma y cerebro
Las investigaciones más recientes han ampliado la comprensión sobre cómo el desajuste circadiano afecta al organismo.
Una revisión publicada en la revista Medicina identificó al microbioma intestinal como un posible intermediario entre la alteración del reloj biológico y los problemas metabólicos.
Los estudios sugieren que el jet lag social puede disminuir bacterias intestinales beneficiosas productoras de ácidos grasos de cadena corta, sustancias relacionadas con el control de la glucosa, la inflamación y la protección de la barrera intestinal. Entre estas bacterias destaca Faecalibacterium prausnitzii, estudiada por sus posibles efectos protectores.
Además, este desequilibrio puede favorecer una mayor permeabilidad intestinal y aumentar marcadores inflamatorios como la interleucina-6. Estos cambios se han observado incluso independientemente del peso corporal y la alimentación habitual, lo que indica que el microbioma podría desempeñar un papel propio en los efectos negativos del desajuste circadiano.
Por otra parte, un estudio publicado en abril de 2026 en la revista Sleep analizó los efectos del jet lag social en adolescentes y encontró asociaciones con cambios estructurales en regiones cerebrales relacionadas con:
La capacidad de aprendizaje. La regulación emocional. El sistema de recompensa.
Las áreas afectadas tienen importancia para el rendimiento académico y la estabilidad del estado de ánimo. Lo relevante es que estas alteraciones pueden aparecer incluso con diferencias relativamente pequeñas, de alrededor de dos horas, entre el horario de sueño impuesto por la escuela y el horario natural del organismo.
En conjunto, la evidencia acumulada indica que el desajuste entre el reloj biológico y las exigencias de la vida moderna no es solo una molestia cotidiana, sino un fenómeno con posibles consecuencias profundas para la salud física y mental.
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