— Agencias 04/08/2026
La metformina es uno de los medicamentos más utilizados para controlar los niveles de glucosa en personas con diabetes tipo 2 y, en algunos casos, para tratar otras alteraciones metabólicas. En general, es un fármaco seguro y bien tolerado cuando se utiliza siguiendo las indicaciones médicas. Sin embargo, puede provocar efectos secundarios, principalmente digestivos, especialmente al iniciar el tratamiento o tras aumentar la dosis.
Náuseas, diarrea, gases y molestias abdominales son reacciones relativamente frecuentes que suelen disminuir conforme el organismo se adapta al medicamento. No obstante, algunos síntomas persistentes o de mayor intensidad pueden requerir una valoración médica para determinar si es necesario ajustar el tratamiento o descartar otras causas.
Estas son algunas señales que conviene conocer.
Las náuseas pueden aparecer al iniciar el tratamiento
Las náuseas son uno de los efectos adversos más comunes de la metformina y suelen presentarse durante las primeras semanas de tratamiento o después de incrementar la dosis.
En la mayoría de los casos, son temporales y mejoran conforme el organismo se adapta al medicamento. La Mayo Clinic recomienda tomar la metformina junto con los alimentos para disminuir las molestias gastrointestinales.
Si las náuseas son intensas, persisten o dificultan la alimentación e hidratación, es importante consultar al médico.
La diarrea es frecuente, pero no debe ser incapacitante
La diarrea también es un efecto secundario habitual, sobre todo al comienzo del tratamiento.
Aunque suele disminuir con el tiempo, los episodios intensos o prolongados pueden provocar deshidratación y afectar el estado general de salud. El Servicio Nacional de Salud del Reino Unido (NHS) aconseja tomar la metformina con los alimentos para reducir este tipo de molestias.
Si la diarrea dura varios días, es muy intensa o se acompaña de signos de deshidratación o debilidad, se debe informar al profesional de la salud.
El dolor o las molestias abdominales pueden estar relacionados con el medicamento
La metformina puede causar dolor abdominal, gases o sensación de malestar digestivo, especialmente durante las primeras semanas de uso.
Estos síntomas suelen ser leves y transitorios. Sin embargo, un dolor intenso, persistente o acompañado de vómitos frecuentes no debe atribuirse automáticamente al medicamento.
MedlinePlus recomienda informar al médico sobre cualquier efecto secundario importante o que no desaparezca, ya que podría existir otra causa que requiera evaluación.
La pérdida de apetito puede presentarse durante el tratamiento
Algunas personas experimentan una disminución del apetito mientras toman metformina.
En ciertos casos, este efecto es leve y no representa un problema importante. Sin embargo, si la pérdida de apetito es marcada, persistente o provoca una reducción importante de peso sin intención, es recomendable consultar al médico.
Aunque la metformina puede favorecer una ligera pérdida de peso en algunas personas, una disminución significativa debe evaluarse considerando el control de la diabetes, la alimentación y otros posibles factores.
Los vómitos persistentes pueden favorecer la deshidratación
Las molestias digestivas también pueden incluir vómitos, aunque estos no deben ignorarse cuando son repetidos o impiden mantener una adecuada hidratación.
La pérdida importante de líquidos puede afectar la función renal y aumentar algunos riesgos relacionados con el uso de metformina.
Si una persona presenta vómitos persistentes, diarrea intensa o no puede ingerir líquidos debido a otra enfermedad, debe contactar con su médico. No se recomienda suspender ni modificar la dosis del medicamento sin indicación profesional.
Un cansancio intenso merece valoración médica
La fatiga puede tener múltiples causas y no necesariamente indica un problema relacionado con la metformina.
Sin embargo, un cansancio intenso, persistente o que empeora progresivamente debe ser evaluado por un profesional de la salud.
Durante tratamientos prolongados, la metformina puede asociarse con una disminución de los niveles de vitamina B12 en algunas personas. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) reconoce este riesgo y recomienda considerar la medición de esta vitamina cuando exista sospecha de deficiencia.
El hormigueo o el entumecimiento pueden indicar déficit de vitamina B12
La deficiencia de vitamina B12 puede causar síntomas neurológicos como hormigueo, entumecimiento o debilidad en manos y pies.
Las personas que utilizan metformina durante largos periodos, especialmente con dosis elevadas o con otros factores de riesgo, pueden requerir un seguimiento de sus niveles de vitamina B12.
Estos síntomas no deben atribuirse automáticamente al medicamento, pero sí justifican una valoración médica para determinar si existe una deficiencia vitamínica u otra causa.
La respiración rápida o la dificultad para respirar requieren atención urgente
La acidosis láctica es una complicación muy poco frecuente, pero potencialmente grave, asociada al uso de metformina en personas con determinados factores de riesgo.
Entre sus posibles síntomas se encuentran debilidad intensa, respiración acelerada, dificultad para respirar, somnolencia inusual, dolor abdominal, malestar general y sensación de frío.
Aunque el riesgo es muy bajo, estos signos requieren atención médica inmediata, especialmente en personas con insuficiencia renal grave o enfermedades que disminuyen la oxigenación de los tejidos.
La debilidad extrema no debe pasarse por alto
Una sensación de debilidad intensa, especialmente si aparece junto con respiración anormal, somnolencia excesiva, dolor abdominal o vómitos persistentes, debe motivar una evaluación médica urgente.
Estos síntomas pueden tener distintas causas, pero en personas que toman metformina es importante descartar complicaciones poco frecuentes, como la acidosis láctica.
Aunque la gran mayoría de los pacientes que utilizan este medicamento nunca desarrollan esta complicación, reconocer sus posibles señales permite buscar atención médica de forma oportuna cuando existe una situación de riesgo.
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