— Agencias 01/08/2026
El hígado desempeña una gran variedad de funciones indispensables para el organismo, como procesar nutrientes, transformar medicamentos, producir proteínas necesarias para la coagulación y ayudar a eliminar sustancias de desecho.
A pesar de su importancia, algunas enfermedades hepáticas pueden desarrollarse durante años sin generar síntomas claros. Cuando aparecen señales, muchas veces son poco específicas y pueden confundirse con agotamiento, malos hábitos alimenticios o estrés.
Identificar cambios en el cuerpo y buscar atención médica de manera oportuna puede ser fundamental, especialmente en personas con factores de riesgo como obesidad, diabetes, consumo excesivo de alcohol o antecedentes de hepatitis. Estas son algunas señales que podrían indicar que el hígado requiere una evaluación, aunque ninguna de ellas confirma por sí sola la presencia de una enfermedad hepática.
1. Cansancio que permanece durante mucho tiempo
Sentirse agotado después de dormir poco o tener una jornada intensa es algo habitual. Sin embargo, cuando la falta de energía continúa durante semanas sin una causa evidente, es importante prestar atención.
Algunas enfermedades del hígado pueden provocar cansancio persistente y sensación de debilidad.
Aun así, la fatiga es un síntoma muy común y también puede aparecer por anemia, problemas hormonales como alteraciones de la tiroides, trastornos del sueño u otras condiciones médicas.
Si el cansancio no mejora con descanso adecuado, es recomendable investigar su origen en lugar de atribuirlo únicamente al estrés.
2. Color amarillento en la piel o los ojos
La aparición de una tonalidad amarilla en la piel o en la parte blanca de los ojos se conoce como ictericia.
Este cambio ocurre cuando aumentan los niveles de bilirrubina en la sangre y puede estar relacionado con alteraciones en el hígado, las vías biliares o problemas que afectan a los glóbulos rojos.
La ictericia debe considerarse una señal importante, especialmente si aparece de manera repentina.
Ante un cambio de coloración amarillenta en la piel o los ojos, es recomendable acudir a una valoración médica para determinar la causa.
3. Orina con una coloración más oscura
La orina oscura puede aparecer por una causa sencilla, como no consumir suficiente líquido.
Sin embargo, cuando este cambio permanece y además se presenta junto con otros signos, como piel amarillenta o heces más claras, puede requerir una revisión médica.
Las alteraciones en el metabolismo de la bilirrubina pueden modificar el tono de la orina.
Si la coloración no mejora después de corregir la hidratación, conviene consultar con un profesional de salud.
4. Cambios prolongados en el color de las heces
Las variaciones en el aspecto de las deposiciones pueden ocurrir por diferentes motivos.
Pero cuando las heces adquieren un tono muy claro o parecido al color de la arcilla y este cambio se mantiene, puede existir una alteración en el flujo normal de la bilis.
Este problema puede relacionarse con enfermedades del hígado, la vesícula biliar o los conductos biliares.
Si el cambio persiste y aparece junto con orina oscura o coloración amarillenta en la piel, es recomendable buscar atención médica.
5. Picazón intensa sin una explicación clara
La comezón generalizada y persistente puede tener diversas causas.
En algunas enfermedades hepáticas o problemas de las vías biliares, la acumulación de ciertas sustancias en el organismo puede favorecer la aparición de prurito.
Tener picazón no significa automáticamente que exista una enfermedad del hígado.
Sin embargo, cuando es intensa, afecta varias zonas del cuerpo y aparece junto con otros cambios, es conveniente realizar una evaluación.
6. Inflamación en piernas, tobillos o abdomen
La acumulación de líquidos puede provocar hinchazón en las extremidades inferiores o aumento del tamaño del abdomen.
En enfermedades hepáticas avanzadas, la disminución de algunas proteínas y cambios en la circulación pueden favorecer la retención de líquidos.
No obstante, la inflamación también puede estar relacionada con problemas del corazón, los riñones, la circulación o ciertos medicamentos.
Si la hinchazón es constante o aumenta con el tiempo, debe ser revisada por un profesional.
7. Náuseas, falta de apetito o sensación de llenura prolongada
La pérdida del apetito, las náuseas y la sensación de saciedad después de comer pequeñas cantidades pueden aparecer en distintas enfermedades.
En algunos trastornos hepáticos, estos síntomas pueden acompañarse de pérdida de peso, cansancio y malestar general.
Si la disminución del apetito dura mucho tiempo o existe una pérdida de peso involuntaria, es importante buscar la causa.
No conviene asumir que se trata solo de una molestia digestiva pasajera cuando los síntomas continúan.
8. Aparición frecuente de moretones
El hígado participa en la producción de sustancias necesarias para que la sangre pueda coagular correctamente.
Cuando existe un daño hepático avanzado, esta función puede verse afectada y facilitar que aparezcan moretones con mayor facilidad o sangrados inusuales.
Sin embargo, los hematomas frecuentes también pueden deberse a medicamentos, deficiencias nutricionales u otros problemas de salud.
Si aparecen moretones sin recordar golpes o sangrados que no son habituales, es recomendable consultar.
9. Aumento del tamaño abdominal o sensación de tensión
El crecimiento progresivo del abdomen puede tener distintas explicaciones.
En personas con enfermedad hepática avanzada puede desarrollarse ascitis, una acumulación de líquido dentro de la cavidad abdominal.
Esta situación puede provocar aumento del perímetro abdominal, sensación de presión, pesadez e incluso dificultad para respirar en algunos casos.
Si el abdomen aumenta rápidamente de tamaño o aparece junto con dolor, fiebre o problemas respiratorios, se requiere atención médica.
Reconocer estas señales no significa asumir que existe una enfermedad hepática, pero prestar atención a cambios persistentes permite detectar problemas a tiempo y recibir el tratamiento adecuado cuando sea necesario.
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