— Agencias 01/08/2026
Aunque la preparación para un embarazo saludable suele centrarse en la madre, un estudio reciente indica que la alimentación del padre antes de la concepción también puede influir de manera importante en la salud del bebé.
"La nutrición y la salud de la madre antes, durante y después del embarazo siempre han recibido gran atención, pero poco se habla del impacto de la dieta del padre", señaló Daniela Sartorelli, profesora de medicina de la Universidad de São Paulo, en Brasil, y autora principal de la investigación. La especialista afirmó que los resultados muestran que la alimentación paterna también es relevante para el bienestar del recién nacido.
En el estudio, que incluyó a 43 familias, los investigadores observaron que los hombres que consumían mayores cantidades de alimentos ultraprocesados antes de la concepción tenían hijos con un peso más elevado al nacer y con una mayor acumulación de grasa en los muslos y alrededor de la cintura.
Los científicos explicaron que tanto un peso elevado al nacer como un mayor porcentaje de grasa corporal en las primeras etapas de la vida se asocian con un incremento del riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabólicas durante la edad adulta.
De acuerdo con los investigadores, una dieta rica en alimentos ultraprocesados podría provocar inflamación en el organismo, lo que afectaría la calidad del esperma y modificaría la expresión de ciertos genes antes de ser transmitidos al bebé.
Uno de los genes analizados fue IGF-II, que se hereda únicamente del padre y desempeña un papel fundamental en el crecimiento del feto. Según el estudio, los hábitos alimenticios paternos podrían alterar el funcionamiento de este gen, influyendo en el desarrollo fetal.
La alimentación de la madre también mostró efectos importantes, aunque diferentes. Las mujeres que consumían más alimentos ultraprocesados al inicio del embarazo tendían a tener bebés con menor peso al nacer, menor longitud y una circunferencia craneal más pequeña.
Los autores concluyen que estos hallazgos destacan la necesidad de incluir tanto a los futuros padres como a las madres en las estrategias de educación sanitaria y planificación familiar, ya que los hábitos alimenticios de ambos pueden influir en la salud del bebé desde antes de la concepción.
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