— Agencias 30/07/2026
Durante muchos años, millones de personas con dolor de espalda, migrañas o fibromialgia acudieron a distintos especialistas sin encontrar un alivio permanente. En numerosos casos, ni los tratamientos farmacológicos ni las intervenciones quirúrgicas consiguieron eliminar los síntomas.
El Dr. Howard Schubiner, director del Mind Body Medicine Center del hospital Ascension Providence, en Michigan, plantea una perspectiva que cambia la manera de comprender el dolor en la medicina. Según explica, en muchos pacientes el origen del problema no radica en una lesión física, sino en heridas emocionales no resueltas que el cerebro convierte en manifestaciones físicas reales.
Esta propuesta está desarrollada en su libro Unlearn Your Pain, publicado por Ebury, y se basa en más de veinte años de experiencia clínica, además de un creciente respaldo científico. De acuerdo con un reporte de The Times, Schubiner sostiene que las mismas áreas cerebrales que responden ante una lesión corporal también se activan cuando una persona atraviesa un sufrimiento emocional.
El eje de su teoría es el denominado dolor neuroplástico, que describe síntomas físicos auténticos originados por circuitos neuronales aprendidos, más que por daños estructurales en tejidos u órganos. Entre los trastornos que podrían tener este mecanismo se encuentran el dolor crónico de cuello y espalda, la fibromialgia, el síndrome de intestino irritable (SII), las cefaleas tensionales, las migrañas, el dolor pélvico, los trastornos de la articulación temporomandibular (ATM), los mareos y el tinnitus.
Una alarma cerebral que puede activarse sin motivo físico
Según explicó The Times, Schubiner compara este proceso con un sistema de alarma diseñado para proteger al organismo, pero que en determinadas circunstancias comienza a activarse de forma equivocada. Diversas investigaciones citadas por el especialista muestran que experiencias emocionalmente dolorosas, como observar la fotografía de una expareja tras una ruptura reciente, estimulan las mismas regiones cerebrales relacionadas con el dolor físico.
Cuando esta respuesta se repite con frecuencia, las conexiones neuronales se fortalecen. En palabras de Schubiner, las neuronas que se activan simultáneamente terminan conectándose entre sí, creando un ciclo persistente de percepción de peligro.
Como consecuencia, acciones cotidianas aparentemente inofensivas —como girar el cuello, conducir por una autopista o consumir ciertos alimentos— pueden provocar dolor mediante un mecanismo conocido como procesamiento predictivo, en el que el cerebro anticipa la aparición del síntoma y termina generándolo.
Una investigación realizada por la Mayo Clinic y publicada en el American Journal of Neuroradiology aportó evidencia adicional. Al analizar resonancias magnéticas de 3.110 personas sin dolor lumbar, correspondientes a 33 estudios, los investigadores encontraron signos de degeneración discal en el 37 % de los participantes asintomáticos de 20 años y en el 96 % de quienes tenían 80 años. Estos resultados sugieren que muchos cambios observados en las imágenes corresponden al envejecimiento normal y no necesariamente explican la presencia de dolor.
Cómo identificar el dolor neuroplástico
Schubiner enfatiza que no todos los cuadros dolorosos tienen un origen neuroplástico. Por ello, considera indispensable realizar primero una evaluación médica completa para descartar lesiones estructurales, tumores, infecciones agudas, daño nervioso o enfermedades autoinmunes. Según afirmó a The Times, ningún médico desea confundir una enfermedad física con una condición neuroplástica.
Una vez excluidas esas causas, el especialista analiza si los síntomas cumplen los criterios que denomina “Fit”. Estos incluyen que el problema sea funcional —es decir, afecte el funcionamiento sin alterar la estructura del organismo—, inconsistente —que cambie según el nivel de estrés o el momento del día—, o que aparezca como respuesta a estímulos anticipatorios.
En algunos pacientes también utiliza una prueba de provocación, que consiste en pedirles que imaginen una actividad estresante. Si esa simple representación mental desencadena molestias físicas, considera que existe un circuito neuronal aprendido responsable del síntoma.
Tratamientos enfocados en reentrenar al cerebro
El Dr. Michael Donnino, profesor de Medicina de Emergencia en la Universidad de Harvard, aplicó este enfoque en pacientes con covid prolongado que experimentaban fatiga durante el ejercicio. Aproximadamente el 70 % de los participantes manifestó síntomas físicos, como cansancio o mareos, únicamente al imaginar la actividad.
Como tratamiento, Schubiner impulsa la terapia de reprocesamiento del dolor (PRT, por sus siglas en inglés), una intervención respaldada por evidencia científica que combina seguimiento somático —una práctica de atención plena orientada a observar las sensaciones sin miedo—, autoafirmaciones y una exposición gradual a los estímulos que desencadenan el dolor.
En un ensayo clínico publicado en JAMA Psychiatry, Schubiner y su equipo evaluaron esta terapia en personas con dolor lumbar crónico. Tras cinco años de seguimiento, el 55 % de quienes recibieron la PRT permanecía sin dolor o presentaba únicamente síntomas leves.
Asimismo, el médico emplea la terapia de conciencia y expresión emocional (EAET), desarrollada junto con el psicólogo clínico Mark A. Lumley. Este enfoque busca abordar las experiencias emocionales que contribuyeron a sensibilizar el sistema de alarma del cerebro.
Mediante ejercicios guiados, los pacientes reviven de forma imaginaria conflictos o acontecimientos emocionalmente difíciles con el objetivo de identificar, procesar y expresar sentimientos como la ira, la culpa o la tristeza. Schubiner resume este proceso con una secuencia sencilla: imaginar la experiencia, sentir las emociones, expresarlas y finalmente dejarlas ir.
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