— Agencias 29/07/2026
Cada vez más adultos mayores en Estados Unidos están recurriendo a una alternativa que les permite conservar su independencia y hacer frente al aumento del costo de la vivienda: compartir su hogar con otra persona.
Ese es el caso de Shirley Jennett, una enfermera jubilada de 89 años que vive en una amplia casa de una sola planta en Denver. A pesar de mantener un buen estado de salud, seguir conduciendo, realizar sus compras, encargarse de las tareas domésticas y disfrutar de la lectura diaria, sus hijos se preocupaban por el hecho de que viviera sola, especialmente después de haber sufrido un par de caídas.
La solución llegó con Susan Beese, de 79 años, quien buscaba una vivienda más asequible después de que el alquiler de su apartamento de una habitación superara los 1.500 dólares mensuales. Tras pasar por distintos alojamientos, Beese encontró una nueva oportunidad al mudarse a la casa de Jennett.
Actualmente, Beese paga 800 dólares al mes por un espacio independiente en la planta baja de la vivienda, que incluye dos habitaciones, baño y cocina. Como parte del acuerdo, también colabora con algunas tareas domésticas, como cuidar el jardín, sacar la basura y preparar comidas ocasionalmente.
Ambas consideran que la convivencia ha sido beneficiosa. Para Beese significó encontrar una vivienda accesible y estable, mientras que Jennett disfruta de compañía y apoyo para algunas actividades del hogar. Incluso permitió que su nueva compañera llevara consigo a su perro.
Este tipo de convivencia recuerda a la popular serie The Golden Girls, en la que cuatro mujeres mayores compartían una casa. Sin embargo, en la actualidad estos acuerdos suelen ser facilitados por organizaciones especializadas.
En Denver, por ejemplo, Sunshine Home Share Colorado comenzó a operar en 2016 para responder a la creciente necesidad de vivienda asequible entre las personas mayores. Su fundadora, Alison Joucovsky, explicó que recibía constantes llamadas de adultos mayores que destinaban gran parte de sus ingresos del Seguro Social al pago de alquileres cada vez más elevados o que enfrentaban largas listas de espera para acceder a viviendas subsidiadas.
La organización conecta a propietarios de viviendas con habitaciones disponibles con personas que necesitan un alquiler accesible. Antes de concretar la convivencia, realiza entrevistas, verifica antecedentes, revisa ingresos y acompaña a ambas partes durante todo el proceso. Solo durante el año pasado facilitó 31 acuerdos de vivienda compartida, la cifra más alta en su historia.
Laura Fanucchi, presidenta del Centro Nacional de Recursos para la Vivienda Compartida y responsable de HIP Housing en California, señaló que esta modalidad representa una forma eficiente de aprovechar las viviendas ya existentes, evitando los elevados costos y el largo tiempo que implica construir nuevas casas.
Actualmente, alrededor de 55 organizaciones en Estados Unidos ofrecen programas similares, impulsadas por el aumento de los precios de la vivienda y los alquileres, que afectan tanto a adultos mayores como a personas jóvenes. Estos programas no incluyen servicios de cuidado personal, sino únicamente acuerdos para compartir el hogar.
La necesidad de este tipo de soluciones continúa creciendo. Según un análisis del Centro Conjunto de Estudios de Vivienda de la Universidad de Harvard, aproximadamente uno de cada tres hogares encabezados por personas de 65 años o más destinó más del 30 % de sus ingresos a gastos de vivienda durante 2024, lo que se considera una carga económica importante.
Aunque cerca del 80 % de estas personas son propietarias de sus viviendas, muchas aún pagan hipotecas o préstamos respaldados por su vivienda y enfrentan incrementos en impuestos, servicios, mantenimiento y seguros.
La representante estatal de Pensilvania Abby Major explicó que recibe con frecuencia quejas de adultos mayores con ingresos fijos que viven solos en casas demasiado grandes para sus necesidades actuales, tras la partida de sus hijos o el fallecimiento de su pareja.
Sin embargo, muchos de ellos no desean abandonar su hogar. Además, cambiarse a una vivienda más pequeña se ha vuelto cada vez más difícil debido al aumento de los precios inmobiliarios y de las tasas de interés.
El problema también afecta a las generaciones más jóvenes. Una proporción considerable de adultos entre 25 y 44 años también destina una parte excesiva de sus ingresos al pago de vivienda, por lo que compartir una casa puede beneficiar tanto a quienes buscan ingresos adicionales como a quienes necesitan alquileres más económicos.
Para ampliar su alcance, varios programas han incorporado plataformas digitales que permiten a propietarios e interesados encontrarse de forma más sencilla, complementando el proceso tradicional de entrevistas y evaluación. Empresas privadas como Nesterly y roommates.com también ofrecen este tipo de servicios.
Candice Smith, directora ejecutiva de HomeShare Oregon, comparó estas plataformas con las aplicaciones de citas, aunque enfocadas en encontrar compañeros de vivienda de manera segura. En cinco años, la plataforma de su organización ha reunido a cerca de 7.000 personas entre propietarios e interesados.
Algunas ciudades también han comenzado a respaldar estas iniciativas. Portland, por ejemplo, lanzó un programa piloto que ofrece incentivos económicos a propietarios que alquilen habitaciones disponibles mediante programas certificados de vivienda compartida.
Paralelamente, varios estados han impulsado reformas legales para eliminar restricciones que impedían alquilar habitaciones a personas sin parentesco. En Pensilvania y Connecticut estas iniciativas incluso han sido bautizadas informalmente como "Golden Girls", en referencia a la famosa serie televisiva.
En Colorado ya fue aprobada una ley que impide que los municipios limiten el número de personas sin relación familiar que pueden vivir juntas en una misma vivienda. Proyectos similares avanzan en Pensilvania y Connecticut con apoyo tanto de legisladores demócratas como republicanos.
Sus impulsores reconocen que compartir vivienda no resolverá por sí solo la crisis habitacional, pero consideran que puede convertirse en una herramienta importante para aprovechar miles de habitaciones desocupadas sin necesidad de construir nuevos desarrollos urbanos.
No obstante, el éxito de estos acuerdos depende de una adecuada compatibilidad entre las personas. Las organizaciones especializadas analizan aspectos como la convivencia con mascotas, el consumo de tabaco, las visitas, el uso del estacionamiento, los horarios o incluso la temperatura preferida dentro de la vivienda.
En algunos casos, además del pago del alquiler, los inquilinos colaboran con tareas domésticas como retirar la nieve, hacer compras o preparar alimentos, lo que reduce aún más el costo del hospedaje.
Otro ejemplo es el de Jenlyn y Larry Boyer, un matrimonio que ha vivido durante más de tres décadas en su casa de Broomfield, Colorado. Jenlyn, de 80 años, utiliza un andador debido a problemas de movilidad, mientras que Larry, de 70 años, padece fibromialgia y necesita una silla de ruedas.
El aumento del costo de vida y la necesidad de contratar ayuda para realizar tareas que antes hacían por sí mismos afectaron su economía. Por ello decidieron participar en el programa de Sunshine Home Share.
Hace seis meses recibieron en su hogar a un estudiante de posgrado de 46 años cuyo alquiler se había duplicado hasta alcanzar unos 2.000 dólares mensuales. El nuevo inquilino ocupa un espacio acondicionado en la planta baja con baño privado, refrigerador pequeño y microondas.
A cambio de unas diez horas mensuales de ayuda con tareas del hogar, como cargar el lavavajillas, paga un alquiler reducido de 600 dólares al mes.
Para los Boyer, este ingreso adicional ha permitido cubrir gastos importantes, como reparaciones de su vehículo y el reemplazo de las baterías de la silla de ruedas. Además, destacan que la convivencia también les ha brindado compañía y nuevas oportunidades para compartir conversaciones y combatir la soledad.
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