— Agencias 28/07/2026
El cáncer rara vez tiene una única causa. En la mayoría de los casos, surge como consecuencia de la combinación de factores genéticos, ambientales y relacionados con el estilo de vida. Mientras algunos elementos, como la edad o la herencia genética, no pueden modificarse, otros dependen de hábitos cotidianos que sí es posible cambiar.
Aspectos como la alimentación, el consumo de alcohol, la exposición a la radiación ultravioleta o al humo del tabaco han sido ampliamente investigados por la comunidad científica debido a su asociación con distintos tipos de cáncer. Esto no significa que quienes presenten alguno de estos factores desarrollarán necesariamente la enfermedad, sino que ciertas exposiciones pueden aumentar el riesgo con el paso del tiempo.
Conocer estos factores es fundamental, ya que la prevención representa una de las principales herramientas para disminuir la incidencia del cáncer. De acuerdo con organismos internacionales de salud, una parte importante de los casos podría evitarse reduciendo los factores de riesgo que son modificables.
Fumar y exponerse al humo del tabaco
El tabaquismo continúa siendo uno de los factores de riesgo más claramente relacionados con el cáncer. Los cigarrillos contienen numerosas sustancias químicas capaces de dañar el ADN y favorecer procesos que pueden dar origen a tumores.
Aunque su relación con el cáncer de pulmón es la más conocida, fumar también incrementa el riesgo de desarrollar cáncer en la boca, garganta, esófago, páncreas, vejiga, riñones y cuello del útero.
Asimismo, la exposición constante al humo de segunda mano también representa un riesgo para la salud. Por ello, evitar fumar y reducir el contacto con el humo del tabaco son medidas importantes para disminuir la probabilidad de padecer esta enfermedad.
Exponerse al sol sin protección durante largos periodos
La radiación ultravioleta constituye otro factor cotidiano que puede generar efectos acumulativos. Una exposición excesiva al sol puede dañar las células de la piel y aumentar el riesgo de desarrollar cáncer cutáneo.
Las quemaduras solares, especialmente cuando se repiten con frecuencia, son una señal de que la piel ha sufrido una exposición intensa a los rayos ultravioleta.
Para reducir este riesgo se recomienda utilizar protector solar de amplio espectro, permanecer en la sombra durante las horas de mayor intensidad solar, usar ropa protectora y evitar el uso de camas de bronceado.
Consumir alcohol de manera habitual
El consumo de bebidas alcohólicas también se ha relacionado con un mayor riesgo de desarrollar distintos tipos de cáncer. Entre ellos se encuentran los de mama, hígado, colon, recto, cavidad oral y esófago.
La probabilidad de desarrollar estas enfermedades aumenta de acuerdo con la cantidad y la frecuencia del consumo. Además, cuando el alcohol se combina con el tabaquismo, el riesgo puede incrementarse aún más para determinados tipos de cáncer.
Por ello, disminuir o eliminar el consumo de alcohol puede ayudar a reducir uno de los factores de riesgo que sí es posible modificar.
Mantener una alimentación poco saludable
La alimentación, por sí sola, no determina la aparición del cáncer, pero los hábitos alimentarios sostenidos durante años pueden influir en el riesgo de desarrollar algunas enfermedades.
Una dieta rica en carnes procesadas y alimentos ultraprocesados, y pobre en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, forma parte de los patrones asociados con una mayor probabilidad de padecer determinados tipos de cáncer.
En cambio, una alimentación variada y equilibrada favorece el mantenimiento de un peso saludable y contribuye a prevenir diversas enfermedades crónicas como parte de un estilo de vida saludable.
Tener sobrepeso u obesidad
El exceso de peso también se considera un factor importante. La obesidad se ha asociado con un mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer debido a procesos como la inflamación crónica y las alteraciones hormonales.
No obstante, el riesgo no depende únicamente del peso corporal. También influyen la distribución de la grasa, la actividad física, la alimentación y otros factores metabólicos.
Mantener un peso adecuado mediante una dieta equilibrada y ejercicio regular forma parte de las estrategias para disminuir el riesgo de cáncer y otras enfermedades crónicas.
Llevar una vida sedentaria
Permanecer sentado durante muchas horas y realizar poca actividad física es una característica común del estilo de vida actual. Aunque el sedentarismo no provoca directamente el cáncer, sí se relaciona con un mayor riesgo de obesidad y alteraciones metabólicas que pueden afectar la salud a largo plazo.
Realizar actividad física de forma regular, adaptada a la edad y condición física de cada persona, ayuda a controlar el peso y puede disminuir el riesgo de ciertos tipos de cáncer.
No es indispensable practicar ejercicio intenso. Caminar, subir escaleras, utilizar la bicicleta o hacer pausas activas durante el día también contribuyen a reducir el tiempo de inactividad.
Descuidar las exposiciones laborales
En algunos entornos de trabajo, las personas pueden estar expuestas a sustancias que aumentan el riesgo de desarrollar cáncer, como determinados productos químicos, fibras minerales, polvo y otros agentes potencialmente cancerígenos.
El riesgo depende del tipo de sustancia, del tiempo e intensidad de la exposición y de las medidas de protección utilizadas.
Por ello, cumplir con las normas de seguridad laboral, utilizar correctamente el equipo de protección y seguir las recomendaciones preventivas resulta fundamental para quienes trabajan en ambientes con materiales peligrosos.
Exponerse innecesariamente a radiaciones
La radiación ionizante también puede incrementar el riesgo de cáncer, dependiendo de la dosis recibida y del tipo de exposición. En la vida cotidiana, esto puede incluir ciertas fuentes ambientales o procedimientos médicos.
Sin embargo, los estudios de diagnóstico por imagen se realizan únicamente cuando existe una indicación médica, y sus beneficios suelen ser superiores a los posibles riesgos. Lo recomendable es utilizarlos solo cuando sean necesarios e informar al personal sanitario sobre estudios previos cuando corresponda.
La exposición a la radiación no debe generar un temor excesivo, pero sí es importante evitar aquellas fuentes innecesarias y seguir siempre las indicaciones de los especialistas.
No acudir a revisiones médicas ni atender señales de alerta
Aunque no asistir a controles médicos no causa cáncer por sí mismo, retrasar el diagnóstico puede dificultar la detección temprana de la enfermedad.
Algunos tipos de cáncer pueden identificarse antes de presentar síntomas mediante programas de cribado dirigidos a personas con determinadas edades o factores de riesgo. Las pruebas recomendadas varían según el tipo de cáncer y las características de cada paciente.
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