— Agencias 27/07/2026
La noche es el momento en que el organismo se recupera y se prepara para un nuevo día. Sin embargo, algunas costumbres que parecen inofensivas pueden interferir con el sueño, alterar el ritmo circadiano o dificultar la digestión. Revisar el teléfono hasta quedarse dormido, cenar justo antes de acostarse o mantener horarios irregulares son hábitos cada vez más comunes que pueden afectar la calidad del descanso.
Aunque una noche aislada no suele tener consecuencias importantes, repetir estas conductas durante semanas o meses puede repercutir en la salud física y mental. Estos son nueve hábitos nocturnos que conviene revisar.
1. Acostarte a una hora diferente cada noche
Dormir a las 22:00 un día y pasada la medianoche al siguiente puede dificultar que el organismo mantenga un ritmo circadiano estable.
El reloj biológico regula funciones esenciales como el sueño, la liberación de hormonas y el metabolismo. Mantener horarios de descanso relativamente constantes favorece un sueño más reparador.
2. Usar el teléfono móvil antes de dormir
Revisar redes sociales, responder mensajes o ver vídeos en la cama puede mantener el cerebro en estado de alerta cuando debería empezar a relajarse.
Además, la luz emitida por las pantallas puede retrasar la producción de melatonina, una hormona que ayuda a iniciar el sueño. No solo influye la luz, sino también el contenido estimulante que se consume antes de acostarse.
3. Cenar muy tarde y acostarte enseguida
Ir a la cama poco después de una cena abundante puede favorecer la sensación de pesadez, el reflujo gastroesofágico y la acidez.
El riesgo aumenta cuando la comida contiene muchas grasas, alimentos picantes o grandes porciones. Dejar un intervalo entre la cena y la hora de dormir puede ayudar a reducir estas molestias.
4. Consumir cafeína por la noche
La cafeína puede permanecer varias horas en el organismo, dificultando conciliar el sueño o reduciendo su calidad.
Además del café, algunas bebidas energéticas, refrescos y ciertos tipos de té también contienen cafeína. Las personas más sensibles pueden notar sus efectos incluso varias horas después de consumirla.
5. Beber alcohol para dormir
Aunque el alcohol puede producir somnolencia inicialmente, no mejora la calidad del descanso.
Su consumo puede fragmentar el sueño, favorecer despertares nocturnos y empeorar trastornos respiratorios como la apnea del sueño. Utilizarlo de forma habitual como ayuda para dormir puede resultar contraproducente.
6. Dormir menos horas de las necesarias
Reducir sistemáticamente el tiempo de sueño para trabajar, estudiar o utilizar dispositivos electrónicos puede afectar la salud con el paso del tiempo.
Dormir poco se ha relacionado con alteraciones del estado de ánimo, disminución del rendimiento cognitivo y cambios en diversos procesos metabólicos. La mayoría de los adultos necesita entre siete y nueve horas de sueño por noche.
7. Dormir con demasiada luz en la habitación
Las luces encendidas, los televisores o las pantallas brillantes pueden dificultar que el organismo interprete que ha llegado el momento de descansar.
Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y con una temperatura confortable favorece un sueño de mejor calidad.
8. Trabajar o estudiar hasta el momento de acostarte
Pasar directamente de una actividad mental intensa a la cama puede dificultar la relajación y retrasar el inicio del sueño.
Dedicar unos minutos a una rutina tranquila antes de dormir, como leer o realizar ejercicios de relajación, puede facilitar la transición hacia el descanso.
9. Ignorar las señales de problemas del sueño
Ronquidos intensos, pausas respiratorias durante la noche, despertares frecuentes o una sensación constante de cansancio durante el día no deberían considerarse normales.
Estos síntomas pueden indicar trastornos como la apnea obstructiva del sueño, que requiere valoración médica. Si duermes suficientes horas pero continúas despertando sin descanso, es recomendable consultar con un profesional de la salud.
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