— Diana Luna Salazar y Julia Gugerli Lazos 27/07/2026
Los últimos dos fines de semana los cines estuvieron llenos de personas viendo la nueva película de sensación: "La Odisea".
Vendida como una obra maestra del director Christopher Nolan y la cúspide de las habilidades actorales de un elenco de primera, la película recuperó en su primer fin de semana los 250 millones de dólares que costó y se espera que sobrepase esta cifra con creces.
En las entrevistas promocionales los actores se aplauden mutuamente por su trabajo, el esfuerzo físico y logístico que implicó rodarla sin efectos especiales y en cámaras de 70mm.
Pero en ninguna entrevista se les ha hecho la pregunta que realmente importa: ¿por qué filmaron en territorio ocupado del Sáhara Occidental?
Desde que se anunciaron los planes de la película, organizaciones de la lucha saharaui buscaron presionar al director para no normalizar la ocupación del reino de Marruecos en el Sáhara Occidental, ocupación militar que lleva más de 50 años con un saldo brutal en violaciones a derechos humanos del pueblo saharaui.
Es comprensible que en México nos sintamos lejanos a lo que pasa en el norte de África, a final de cuentas: ¿qué tenemos en común? Pero en realidad es mucho más de lo que pensamos.
Además de haber sido colonia española, ahora viven violencias que nosotros vivimos en nuestro territorio: el desplazamiento forzado, o más bien, la desterritorialización, el encarcelamiento y la desaparición de su población civil.
Sin embargo, Marruecos no asume su responsabilidad.
Hay una negación a reconocer las ilegalidades, violaciones a derechos humanos y responsabilidades ante estos delitos, a pesar de que Marruecos es Estado parte de la Convención Internacional para la Protección de Todas las Personas contra las Desapariciones Forzadas, lo que le obliga a prevenir y sancionar el delito, sino también a garantizar el derecho de las víctimas a la verdad, justicia y reparación integral.
Entonces, "La Odisea" sólo representa a uno más de sus muchos intentos por limpiar su imagen y engraciarse con el Occidente. En miras del Mundial del 2030 que se jugará parcialmente en este país, Marruecos quiere ampliar su atractivo turístico y su supuesta apertura a todas las diversidades.
Por lo que le es muy importante ocultar la violencia que ejerce diario contra el pueblo saharaui.
Mientras que los actores se aplauden, se alaba a Nolan y se ganan millones, el reino de Marruecos ejerce dinámicas del necropoder en donde la segmentación y la desterritorialización se hacen patentes para ejercer una soberanía forzada y seguir sustentando un poder que determina qué vidas tienen valor y cuáles no. Todo esto en medio de dinámicas internacionales donde la conveniencia política y económica se mantienen centrales.
Justo ahora que en Chiapas se están reuniendo en el Semillero para hablar de las luchas en común de los pueblos, sería importante que repliquemos estas conversaciones en nuestro día a día.
No dejemos que la vorágine capitalista nos robe la empatía social y exijamos arte que no sólo conecte emocionalmente, sino políticamente.
La denuncia, la exigencia y la memoria se erigen como un contrapoder que trae a la memoria y a la acción la lucha del pueblo saharaui.
La presión social es, hoy, nuestra arma más efectiva.
Así que nuestra invitación es a que sigamos generando espacios, juntando voces y sumando acciones hasta alcanzar un Sáhara Libre.
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