— Agencias 25/07/2026
El ébola ha vuelto a captar la atención internacional debido a nuevos brotes registrados en África central. Esta enfermedad, conocida por su elevada mortalidad y por el impacto que ha tenido en diversas emergencias sanitarias, continúa representando un importante reto para la salud pública.
Aunque ya existen vacunas y tratamientos eficaces contra una de sus variantes, otras cepas todavía carecen de una vacuna autorizada, lo que ha impulsado a la comunidad científica a acelerar el desarrollo de nuevas estrategias de prevención y control.
¿Qué es el ébola y cuándo se identificó?
El ébola es una enfermedad infecciosa grave causada por virus pertenecientes al género Orthoebolavirus, de la familia Filoviridae. Fue descrita por primera vez en 1976 durante dos brotes simultáneos ocurridos en el actual Sudán del Sur y en Yambuku, una localidad de la actual República Democrática del Congo situada cerca del río Ébola, del que la enfermedad tomó su nombre.
Hasta la fecha se han identificado seis especies de ortoebolavirus, aunque las que han causado la mayoría de los brotes en humanos son el virus del Ébola (Zaire), el virus del Sudán y el virus de Bundibugyo.
¿Cómo se transmite?
El virus del ébola no se propaga por el aire.
La transmisión ocurre mediante el contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de una persona infectada o fallecida. También puede contagiarse a través de objetos contaminados con estos fluidos o durante rituales funerarios que impliquen contacto directo con el cuerpo.
Un aspecto importante es que las personas no transmiten el virus antes de desarrollar síntomas, lo que facilita la identificación de contactos y la aplicación de medidas de control durante los brotes.
¿Cuáles son los síntomas?
El periodo de incubación puede variar entre 2 y 21 días. Generalmente, la enfermedad comienza de forma repentina con síntomas como:
Fiebre. Cansancio intenso. Dolores musculares. Dolor de cabeza. Dolor de garganta.
Conforme avanza la infección pueden aparecer:
Vómitos. Diarrea. Dolor abdominal. Erupciones cutáneas. Alteraciones en la función del hígado y los riñones.
Aunque el ébola suele asociarse con hemorragias, estas no se presentan en todos los pacientes y, cuando ocurren, suelen aparecer en fases más avanzadas de la enfermedad.
¿Por qué es una enfermedad tan peligrosa?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa media de mortalidad del ébola ronda el 50 %, aunque en distintos brotes ha oscilado entre el 25 % y el 90 %.
La gravedad depende de diversos factores, entre ellos:
La variante del virus. La rapidez con que se diagnostica. El acceso a atención médica especializada.
El tratamiento precoz, basado en hidratación intensiva, control de los síntomas y cuidados médicos especializados, aumenta considerablemente las probabilidades de supervivencia.
El gran avance: ya existen vacunas y tratamientos
Uno de los mayores logros recientes ha sido el desarrollo de una vacuna autorizada contra la enfermedad provocada por el virus del Ébola (especie Zaire).
Además, actualmente existen dos tratamientos con anticuerpos monoclonales aprobados para esta variante:
Ansuvimab (mAb114). Inmazeb (REGN-EB3).
Cuando se administran en las primeras fases de la enfermedad, ambos tratamientos mejoran de forma importante la supervivencia de los pacientes.
La vacuna se utiliza principalmente durante los brotes para proteger a personas con alto riesgo de exposición, como profesionales sanitarios y contactos estrechos de casos confirmados.
El desafío actual: aún faltan vacunas para otras variantes
A pesar de estos avances, todavía no existe una vacuna aprobada contra el virus del Sudán ni contra el virus de Bundibugyo.
Actualmente, varios candidatos vacunales continúan en desarrollo y algunos podrían evaluarse en ensayos clínicos en los próximos años.
Esta situación explica la preocupación generada por algunos brotes recientes, ya que las herramientas preventivas disponibles no ofrecen la misma protección frente a todas las especies del virus.
El brote reciente mantiene la vigilancia internacional
Durante 2026, un brote causado por la variante Bundibugyo en la República Democrática del Congo llevó a las autoridades sanitarias internacionales a reforzar las medidas de vigilancia.
La ausencia de una vacuna aprobada para esta cepa motivó una respuesta coordinada que incluyó:
Vigilancia epidemiológica intensiva. Rastreo de contactos. Atención médica especializada. Impulso a la investigación de vacunas experimentales.
¿Cómo se controla un brote de ébola?
La OMS señala que el control de un brote requiere la combinación de múltiples estrategias, entre ellas:
Diagnóstico precoz. Aislamiento de los pacientes. Identificación y seguimiento de contactos. Uso de equipos de protección por parte del personal sanitario. Laboratorios especializados para confirmar los casos. Prácticas funerarias seguras. Vacunación cuando existe una vacuna disponible para la variante implicada. Información clara y oportuna dirigida a la población.
La investigación continúa
Aunque el ébola sigue siendo una de las enfermedades infecciosas más peligrosas del mundo, el panorama actual ha mejorado considerablemente respecto al de hace una década.
La disponibilidad de una vacuna y de tratamientos eficaces para la variante Zaire ha permitido salvar numerosas vidas. Sin embargo, desarrollar vacunas y terapias para otras especies del virus continúa siendo una prioridad para la comunidad científica, con el objetivo de responder de manera más eficaz a futuros brotes y reducir el impacto de esta enfermedad.
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