Ozempic reduce la ingesta calórica durante al menos un año, incluso si vuelve el hambre

— Agencias 25/07/2026

¿Te preocupa que Ozempic o la semaglutida hayan dejado de funcionar porque vuelves a sentir hambre? Un estudio reciente sugiere que, aunque esa sensación puede reaparecer con el tiempo, el medicamento sigue ayudando a reducir la cantidad de alimentos que consumes.

La investigación, publicada en la edición de agosto de The American Journal of Clinical Nutrition, encontró que las personas que utilizan semaglutida para bajar de peso continúan ingiriendo menos calorías incluso después de más de un año de tratamiento.

Los investigadores observaron que, aunque el efecto inicial del medicamento sobre el hambre y los pensamientos relacionados con la comida disminuye con el paso de los meses, los pacientes siguen consumiendo muchas menos calorías que quienes reciben un placebo.

La autora principal del estudio, Jena Tronieri, investigadora del Centro de Trastornos por Peso y Trastornos Alimentarios de Penn Medicine, explicó que muchos pacientes creen que el tratamiento ha dejado de ser efectivo cuando vuelven a sentir hambre. Sin embargo, los resultados muestran que, aun cuando algunas de esas sensaciones regresan, la semaglutida continúa favoreciendo una menor ingesta de alimentos, lo que ayuda a mantener la pérdida de peso a largo plazo.

El ensayo clínico tuvo una duración de 60 semanas e incluyó a 120 adultos con sobrepeso u obesidad. Los participantes fueron asignados al azar para recibir una inyección semanal de 2.4 miligramos de semaglutida o un placebo. Además, todos recibieron asesoramiento periódico sobre alimentación saludable y actividad física.

Durante el estudio, los participantes acudieron a evaluaciones de laboratorio de cinco horas para medir su apetito. Después de desayunar, se les ofrecía una comida y se les indicaba que comieran hasta sentirse satisfechos.

Los resultados mostraron que quienes recibieron semaglutida consumieron de manera constante entre un 24 % y un 30 % menos calorías que el grupo placebo durante todo el ensayo.

Asimismo, las personas tratadas con semaglutida perdieron, en promedio, el 15 % de su peso corporal, mientras que quienes recibieron placebo redujeron poco más del 3 % de su peso.

Un hallazgo interesante fue que, a partir de la semana 40, las sensaciones de hambre, apetito y pensamientos relacionados con la comida dejaron de disminuir y permanecieron relativamente estables. Aun así, los participantes continuaron comiendo menos calorías.

El investigador principal, Thomas Wadden, profesor de Psicología en Psiquiatría de Penn Medicine, destacó que existe una diferencia importante entre la percepción subjetiva del apetito y el comportamiento alimentario real. Señaló que muchas personas experimentan una reducción muy marcada del hambre al iniciar la semaglutida, por lo que, cuando ese efecto se vuelve menos evidente, pueden pensar erróneamente que el medicamento ha perdido eficacia.

Los investigadores consideran que estos resultados pueden ofrecer tranquilidad a los pacientes, ya que el regreso parcial de la sensación de hambre no significa necesariamente que el tratamiento haya dejado de funcionar. De acuerdo con Tronieri, la semaglutida continúa ayudando a reducir la ingesta calórica, un aspecto fundamental para conservar el peso perdido.

También señaló que comprender este proceso puede ayudar a establecer expectativas más realistas y favorecer la continuidad del tratamiento a largo plazo, de acuerdo con las indicaciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y las recomendaciones de diversas sociedades médicas.

 

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