— Agencias 20/07/2026
La inflamación es una respuesta natural del sistema inmunológico ante infecciones, lesiones o sustancias que pueden resultar dañinas.
En circunstancias normales, este mecanismo ayuda al organismo a reparar los tejidos y recuperarse. Sin embargo, cuando la inflamación persiste durante semanas, meses o incluso años, puede favorecer el desarrollo de enfermedades como la diabetes tipo 2, las enfermedades cardiovasculares, la artritis, el hígado graso asociado a disfunción metabólica (MASLD) e incluso algunos tipos de cáncer.
Uno de los principales desafíos es que la inflamación crónica de bajo grado suele avanzar sin síntomas específicos. Aun así, existen algunas manifestaciones que podrían sugerir la presencia de un proceso inflamatorio persistente. De acuerdo con los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la Clínica Mayo y la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, estas son algunas señales a las que conviene prestar atención.
1. Cansancio persistente
Sentirse fatigado de manera constante, incluso después de dormir lo suficiente, puede ser una de las manifestaciones más comunes de la inflamación crónica. Las sustancias inflamatorias pueden alterar la producción de energía y afectar el funcionamiento normal del organismo.
2. Dolor o rigidez en las articulaciones
La inflamación prolongada puede causar dolor, rigidez o sensibilidad en las articulaciones, especialmente al despertar. Aunque estos síntomas son frecuentes en enfermedades como la artritis, también pueden tener otros orígenes.
3. Molestias digestivas recurrentes
Síntomas como inflamación abdominal, gases, diarrea, estreñimiento o molestias digestivas frecuentes pueden estar relacionados con enfermedades gastrointestinales de origen inflamatorio, aunque también pueden deberse a otras causas.
4. Cambios en la piel
La aparición de enrojecimiento, brotes de acné, psoriasis, eccema o heridas que tardan más de lo normal en cicatrizar puede estar asociada con procesos inflamatorios. La piel suele reflejar alteraciones que ocurren en otras partes del organismo.
5. Dificultad para concentrarse
Algunas personas experimentan la llamada "niebla mental", caracterizada por problemas para concentrarse, olvidos recientes o una sensación de lentitud en el pensamiento. Diversas investigaciones analizan la relación entre la inflamación y el funcionamiento del cerebro.
6. Aumento de peso, especialmente en la zona abdominal
La grasa acumulada alrededor del abdomen no solo almacena energía, sino que también produce sustancias que favorecen la inflamación de bajo grado. Por ello, la obesidad abdominal se considera uno de los principales factores relacionados con la inflamación crónica.
7. Infecciones frecuentes
Cuando el sistema inmunológico permanece activado durante largos periodos, su funcionamiento puede alterarse. Esto puede hacer que algunas personas sean más propensas a sufrir infecciones o que su recuperación sea más lenta, aunque estos problemas también pueden estar asociados con otras enfermedades.
8. Dolor muscular persistente
Las molestias musculares que no se explican por ejercicio intenso o lesiones pueden estar relacionadas con procesos inflamatorios, especialmente cuando aparecen junto con fatiga y otros síntomas generales.
9. Alteraciones en los análisis de sangre
En muchos casos, la inflamación crónica no produce síntomas evidentes y solo se detecta mediante pruebas de laboratorio. Entre los marcadores que pueden encontrarse elevados se incluyen la proteína C reactiva (PCR) y la velocidad de sedimentación globular (VSG), además de otros estudios que el médico puede solicitar según cada caso.
La inflamación no es una enfermedad, sino una señal
La inflamación es un mecanismo normal de defensa del organismo y, por sí sola, no constituye un diagnóstico. Si los síntomas persisten o se acompañan de pérdida de peso involuntaria, fiebre, dolor intenso o un deterioro importante del estado general, es fundamental acudir a un profesional de la salud para una valoración adecuada.
Además, mantener un peso saludable, realizar actividad física de forma regular, dormir entre siete y nueve horas por noche, controlar el estrés y seguir una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, pescado y cereales integrales son medidas respaldadas por la evidencia científica que pueden contribuir a reducir la inflamación y favorecer una mejor salud general.
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