El órgano que más sufre cuando duermes menos de seis horas

— Agencias 18/07/2026

Dormir bien no solo permite despertar con más energía al día siguiente. Mientras descansamos, el organismo realiza procesos fundamentales para reparar tejidos, regular la producción de hormonas, fortalecer el sistema inmunológico y consolidar los recuerdos. Entre todos los órganos, el cerebro es uno de los que más depende de un sueño de buena calidad para mantener un funcionamiento adecuado.

Diversas investigaciones han demostrado que dormir menos de seis horas de manera habitual se asocia con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros problemas de salud. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Academia Americana de Medicina del Sueño (AASM) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), estos son algunos de los efectos que la falta de sueño puede tener, especialmente sobre el cerebro.

El cerebro elimina menos sustancias de desecho

Durante las fases profundas del sueño se activa el sistema glinfático, responsable de eliminar los productos de desecho que se acumulan en el cerebro a lo largo del día. Dormir pocas horas puede disminuir la eficacia de este mecanismo, lo que podría afectar la salud cerebral con el paso del tiempo.

Se reducen la memoria y la capacidad de aprendizaje

El sueño desempeña un papel esencial en la consolidación de los recuerdos y en la organización de la información adquirida durante el día. Las personas que duermen poco suelen presentar mayores dificultades para recordar datos, aprender nuevas habilidades y mantener la concentración.

Disminuye la capacidad de concentración

La privación de sueño afecta la atención, la velocidad para procesar información y la capacidad de tomar decisiones. Como consecuencia, aumenta el riesgo de cometer errores en el trabajo, al conducir o durante actividades que requieren precisión.

Se producen cambios en el estado de ánimo

Dormir menos de seis horas de forma constante puede favorecer la aparición de irritabilidad, estrés, ansiedad y un mayor riesgo de desarrollar depresión. Un descanso adecuado es fundamental para que el cerebro regule correctamente las emociones y responda de manera saludable a las situaciones cotidianas.

El sistema cardiovascular también se ve afectado

La falta de sueño se ha asociado con un mayor riesgo de hipertensión arterial, enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular. Durante el descanso nocturno, la presión arterial disminuye de manera natural; cuando el sueño es insuficiente, este proceso puede alterarse.

Aumenta el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2

Dormir pocas horas reduce la sensibilidad a la insulina y dificulta el control de la glucosa en la sangre. Además, modifica el funcionamiento de hormonas relacionadas con el apetito, favoreciendo el consumo de alimentos ricos en azúcares y calorías.

El sistema inmunológico pierde eficiencia

Las personas que no duermen lo suficiente suelen ser más vulnerables a infecciones respiratorias y otras enfermedades. El sueño favorece la producción de moléculas esenciales para que el sistema inmunológico responda de forma adecuada frente a virus, bacterias y otros agentes infecciosos.

Puede favorecer el aumento de peso

La falta de descanso altera el equilibrio entre la leptina y la grelina, dos hormonas que regulan la sensación de hambre y saciedad. Como resultado, aumenta el apetito y el deseo por alimentos ultraprocesados y con alto contenido calórico, lo que puede contribuir al incremento de peso.

El riesgo de deterioro cognitivo puede incrementarse

Diversos estudios sugieren que dormir de forma insuficiente durante años podría estar relacionado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y de algunas formas de demencia. Aunque el sueño no es el único factor implicado, los especialistas lo consideran un componente fundamental para preservar la salud del cerebro.

La calidad del sueño también es importante

No solo importa la cantidad de horas que se duerme, sino también la calidad del descanso. Los especialistas recomiendan que la mayoría de los adultos duerman entre siete y nueve horas cada noche, mantengan horarios regulares para acostarse y levantarse, reduzcan el uso de pantallas antes de dormir y consulten a un profesional de la salud si presentan ronquidos intensos, pausas respiratorias durante el sueño, insomnio o somnolencia excesiva durante el día.

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