— Agencias 18/07/2026
Los refrescos azucarados forman parte de la dieta habitual de millones de personas, pero sus efectos sobre el organismo comienzan pocos minutos después de ingerirlos. Una sola lata puede contener una gran cantidad de azúcares añadidos, los cuales se absorben rápidamente y provocan cambios inmediatos en los niveles de glucosa y en la respuesta hormonal del cuerpo.
Aunque consumir un refresco de manera ocasional no determina por sí solo el estado de salud, la ingesta frecuente de estas bebidas se ha asociado con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedad hepática esteatósica (hígado graso) y enfermedades cardiovasculares. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana del Corazón (AHA) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), disminuir el consumo de bebidas azucaradas es una de las medidas recomendadas para proteger la salud metabólica.
La glucosa en sangre aumenta rápidamente
Pocos minutos después de beber un refresco con azúcar, los carbohidratos simples son absorbidos con rapidez y pasan al torrente sanguíneo, lo que provoca un incremento acelerado de los niveles de glucosa. Este efecto es más evidente cuando la bebida contiene una alta concentración de azúcar y se consume sin alimentos que retrasen su absorción.
El páncreas libera una mayor cantidad de insulina
Como respuesta al aumento de la glucosa, el páncreas produce insulina, una hormona encargada de facilitar la entrada del azúcar a las células para que sea utilizada como fuente de energía. Cuando este proceso se repite con frecuencia debido al consumo habitual de bebidas azucaradas, puede favorecer el desarrollo de resistencia a la insulina con el paso del tiempo.
Se activan los centros de recompensa del cerebro
El azúcar estimula áreas del cerebro relacionadas con la sensación de placer y recompensa. Por esta razón, algunas personas pueden experimentar un mayor deseo de volver a consumir alimentos o bebidas dulces, especialmente cuando forman parte de un hábito cotidiano.
Puede presentarse un aumento temporal de energía
El incremento de la glucosa en sangre puede producir una sensación pasajera de mayor energía, ya que el organismo dispone rápidamente de combustible para sus células. Sin embargo, este efecto suele durar poco tiempo y con frecuencia es seguido por una disminución de energía conforme los niveles de glucosa vuelven a descender.
El hígado comienza a transformar el exceso de azúcar en grasa
Cuando el organismo recibe más azúcar de la que necesita para obtener energía, el hígado convierte parte de ese exceso en grasa. El consumo elevado y frecuente de refrescos y otras bebidas azucaradas se ha relacionado con una mayor acumulación de grasa en el hígado, lo que incrementa el riesgo de desarrollar enfermedad hepática esteatósica.
Puede aumentar el apetito poco después
Aunque los refrescos aportan una cantidad considerable de calorías, generan poca sensación de saciedad debido a que contienen poca o ninguna fibra y se consumen rápidamente. Como consecuencia, es más probable que la persona continúe sintiendo hambre y termine ingiriendo más calorías a lo largo del día.
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